Imaginación: así se financian las nuevas operaciones empresariales en España
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Imaginación: así se financian las nuevas operaciones empresariales en España

‘Que las ramas de la pompa corporativa no te impidan ver el bosque de lo que sucede entre bambalinas’. Ese es el críptico mensaje con el

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"Que las ramas de la pompa corporativa no te impidan ver el bosque de lo que sucede entre bambalinas". Ese es el críptico mensaje con el que un banquero de inversión me alerta sobre cómo se están financiando las últimas grandes transacciones empresariales que se han materializado en España. Sin pasta no hay deal posible, y su obtención participa a día de hoy de fórmulas que antes parecían reservadas a los tiburones de los grandes centros financieros internacionales. En eso, Spain es cada vez menos different. Para bien o para mal. Cosas de la globalización.

En efecto, transacciones como las de CVC con Deoleo y la fusión entre los grupos hospitalarios IDC Salud/Capio y Quirón han sido posibles gracias a la utilización de la fórmula del covenant lite o cov-lite, estructura de la que más de una vez hemos escrito en Valor Añadido asociándola, por su naturaleza y características, a momentos de cierta locura colectiva, situaciones en las que el exceso de liquidez y la falta de oportunidades obliga a los prestamistas a relajar las garantías para tratar de asegurarse negocio y rentabilidad (VA, “2013 empieza a oler peligrosamente al pre-crash 2007”, 29-05-2013).

Y es que, como ya explicamos en su día, lo más relevante de esta fórmula es que la protección contractual del acreedor se reduce a la mínima expresión en caso de deterioro de las ratios o de la capacidad de pago del deudor. No hay prácticamente garantías. Se construye un modelo financiero sobre la base de que la generación de rentas potencial de la firma adquirida o fusionada es suficiente para cubrir el pago recurrente de intereses y la devolución del principal del crédito y, si la cosa se tuerce, mala suerte: a rezar para que una firma que no ha sido capaz de hacer frente a sus obligaciones consiga nuevos fondos ajenos, propios o procedentes de desinversiones en caso de que sus activos valgan algo. Por el camino, rien de rien.

En el caso concreto de las operaciones antes mencionadas, hay un par de características específicas en su diseño que las hacen aún más interesantes.

En primer lugar, los fondos son aportados directamente por los inversores finales, limitándose el estructurador bancario a realizar el análisis previo y a actuar de intermediario. El riesgo, por tanto, no se queda en su balance. Trocea la deuda y la reparte en función del interés del mercado. Al no ser colocación pública ni existir un mercado organizado sobre la misma, no hace falta rating. Los compradores, por tanto, se fían entoavía, que diría aquel, de la diligencia del banco de turno. Ya saben, el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Claro que tampoco es que las agencias de calificación, ese oligopolio que nadie ha sido capaz de romper pese a las buenas palabras, inspiren mucha confianza…

Esta presunción de certeza resulta aún más sorprendente, y entramos ya en el segundo aspecto, en la medida en que no se contempla repago del importe de la financiación hasta su vencimiento, normalmente situado entre los siete y los diez años. A más plazo, mayor volatilidad introduce esta ‘renta fija’ en las carteras de quienes están obligados a un mark to market periódico de sus posiciones. El mayor riesgo se habría de traducir, junto a la incertidumbre anterior y la falta de liquidez, en una exigencia de mayor rentabilidad. Sin embargo, miren cómo está el patio, esto es lo que me dice mi interlocutor: “¿Carísimo? No te creas, para el 'emisor' cuesta algo más que un bono, pero le sale más barato que un sindicado”. Imagino que estamos hablando all in, incluidos los costes de originación y distribución. Pero aun así.

En fin, así son las cosas y así se las estamos contando. En ninguno de los dos casos antes mencionados los encargados de buscar la pasta han tenido problemas para encontrarla por más que las compañías integradas vayan a ser líderes de sus respectivos sectores, lo que podría justificar un calendario de pagos distinto y anticipado en la certeza de que más vale dinero en mano que inflación volando. Pero no. Un ejemplo más de que la economía financiera hace mucho tiempo que perdió de manera casi definitiva su conexión con la actividad productiva, aquella que la justificó en su origen. Tiene vida propia, en ocasiones incontrolable. Saturno siendo devorado por su hijo. El mundo al revés.

Buen fin de semana a todos.

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