Nuevo camelo de Bankia: la lista completa de los inversores institucionales en la OPV

El interés institucional por los valores de la entidad financiera, que suele servir de banderín de enganche para el cliente minorista, fue cercano a cero

Foto: Rodrigo Rato brinda tras dar el tradicional toque de campana en el inicio de la negociación en bolsa de las acciones de Bankia. (EFE)
Rodrigo Rato brinda tras dar el tradicional toque de campana en el inicio de la negociación en bolsa de las acciones de Bankia. (EFE)

Esto de la Bankia de Blesa y Rato es el cuento de nunca acabar.

Se multiplican los frentes.

Uno de ellos, no suficientemente bien atendido, es el de su salida a bolsa en el verano de 2011.

Hasta ahora el debate que ha habido sobre aquella operación se ha centrado en la responsabilidad de directivos y auditores sobre los números en los que se basó su oferta a los inversores y que se han probado, cuando menos, cuestionables.

Sin embargo, cabe ir un paso más allá.

Realmente el interés institucional por los valores de la entidad financiera, que suele servir de banderín de enganche para el cliente minorista, fue cercano a cero.

Si quitáramos del libro de órdenes a los socios estratégicos, caso de Mapfre; dos, las sociedades pertenecientes al grupo; tres, quienes acudieron en apoyo de un Gobierno que se jugaba el todo o la nada con la colocación e hizo las correspondientes llamadas –favor con favor se paga–; y, cuatro, los que disfrutaban de financiación de la propia Bankia y pudieron ser presionados por ella –a saber si utilizaron las líneas de crédito para comprar títulos–, las peticiones reales de los especialistas en mercados financieros fueron marginales. Aun así, la firma consiguió cubrir el 40% reservado al inversor cualificado. Hubo incluso sobresuscripción. Otra manipulación más. Nueva contribución al engaño colectivo; que tome nota quien corresponda.

Así se desprende del documento al que ha tenido acceso El Confidencial y que refleja todas las solicitudes finales de adquisición de valores por parte de los que, de acuerdo con el folleto de emisión, cumplían con los requisitos fijados en el artículo 78bis de la Ley del Mercado de Valores para ser considerados como ‘profesionales’ .

Mapfre aparte, cuyas órdenes ascienden a más de 280 millones de euros, en el ámbito empresarial se retratan –aquí hago un pequeño filtro tratando de discriminar lo puramente corporativo–, Santander (150), CaixaBank (100), Telefónica (80), Gestamp-Gonvarri (60), Iberdrola (50), Banco Popular (30), Banco Sabadell (30), Mutua Automovilística Madrileña (25), ACS (25), Acciona (20), Renta4 (20) –entonces había bastante chau chau de fusión con Inversis–, la DISA de Demetrio Carceller (20), Ferrovial (20), Grupo Villar Mir (20, suma de OHL, Ferroatlántica, Fertiberia y el propio GVM), Abengoa (10), ENCE (7), Isolux (6), Aldesa (5), Banca Cívica (5), la ONCE (4), El Corte Inglés a través de su aseguradora (4), Prosegur (4), Porcelanosa (3), el Grupo Fuertes (3), BMN (3), la CAM (3), Festina (2), la CECA (2)…

Mil y pico kilitos de competidores –el único que se resistió a los cantos de sirena fue el BBVA, salvemos al soldado Rato–, algunos de ellos en situación ya más que precaria, y de firmas, muchas de ellas hiperapalancadas por aquel entonces, que no parecían tener mejor lugar en el que colocar su ‘tesorería’.

Por cierto, no son pocas las que utilizan a tal fin sociedades instrumentales.

Junto a ellas, algunas de las participadas de la propia Bankia: Altae (cerca de 43 millones de euros), Arcalia (12,5), Caja Madrid Pensiones (12), Bankia Fondos (8) o sus otros socios en el sector del seguro, caso de Caser (5,75) o Aviva (3,5). También instituciones vinculadas a la región. La Cámara de Comercio del ínclito Arturo Fernández no dudó en jugarse 12 millones de euros de la menguante caja del organismo en la OPV para escándalo de sus propios asociados, lo que le obligó a improvisar un pacto de recompra para evitar males mayores, según informó en su día Gonzalo Garteiz. En total, por estos conceptos, otros 100 millones del ala.

Compradores de verdad, gestoras españolas aparte -muchas de ellas como Ibercaja (11) o Ahorro Corporación (10) en el ámbito del subsector cajero-, Amber Capital, que se despachó con una orden de 40.000.000, canalizada por Deutsche Bank; DiamondBack Capital Management (17,5) que cursó su orden a través de Barclays y que cerró año y medio después entre acusaciones de utilización en beneficio propio de información privilegiada –lo cual no quiere decir nada y lo puede decir todo, que con toda la mierda que ha salido cualquier hipótesis es posible, por improbable que parezca–; la helvética Swisscanto A.M. (6); el gigante estadounidense BlackRock (5, una gota en el océano de sus fondos); Dexia A.M. France (2,5), Tudor (1,5) y poco más. Por el camino se caen interesados de inicio como el Gobierno de Singapur, que finalmente declina participar.

Algo similar ocurre con Pactio Gestión, el Family Office de una parte de la Familia del Pino. Decide quedarse fuera. Sin embargo, sí que acuden a la oferta la Omega Capital de Alicia  Koplowitz (5), cuyo primer responsable, Óscar Fanjul, formaba parte de algunos de los consejos de Bankia; Retos Operativos XXI (4), la sociedad inversora de Juan Luis Arregui, accionista significativo en Ence; Manuel Jové a través de su sicav Doniños de Inversión (1,5); Javier Botín, que comprometía dos millones de JB Capital Markets y otros dos de su patrimonial Inversiones Zulú, o Juan Luis Areces (1), miembro de la familia fundadora de El Corte Inglés.

Les aconsejo que recorran la lista completa, donde se encontrarán aún más sorpresas, especialmente por la parte baja de la misma.

No obstante, lo verdaderamente relevante es que, de los 1.400 millones que Bankia acreditaba como demanda institucional, cerca del 80% no era real sino dirigida -algo que está investigando el juez según informó Carlos Segovia en El Mundoy, las más de las ocasiones, de corto plazo, con escasa o nula capacidad de soportar las pérdidas que a los pocos meses se materializaron abruptamente. No solo eso, una buena parte del libro fue cubierto por la propia sociedad de valores del banco, siendo muy limitado el papel del resto de los actores en esta parte de la oferta, pese a haber asegurado la colocación de acuerdo con el contrato suscrito con el emisor.

¿Es esto tan relevante? Sin duda.

Como señalamos al inicio de este post, en el interés de las manos fuertes se basa buena parte de la estrategia de comunicación al conjunto del mercado en una operación de estas características. Ya entonces se sabía que era más bien escaso. Sin embargo, la dimensión de la indiferencia, contemplada en su totalidad, se desconocía hasta ahora. Una prueba más del modo en el que el particular acudió a tan particular ‘propuesta de valor’. La oferta pública de venta de Bankia fue, sin lugar a dudas, el timo de la estampita para los incautos que acudieron a ella a pecho descubierto. Por la falsedad de la información aportada –que incluso indujo a lamentable error a un servidor– y por la imprecisión de los acontecimientos que la rodeaban.

Nuevos argumentos para esas demandas que ahora se multiplican.

¿A qué esperan?

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