No se equivoquen: el día D de la banca no eran los test de estrés

Se ha cumplido el guión.El domingo se dieron a conocer los resultados del enésimo ejercicio de stress test de la banca europea y los resultados fueron

Foto: Vista de la escultura con el logo del euro que decora los alrededores de la sede del BCE. (EFE)
Vista de la escultura con el logo del euro que decora los alrededores de la sede del BCE. (EFE)

Se ha cumplido el guion.

El domingo se dieron a conocer los resultados del enésimo ejercicio de stress tests de la banca europea, y los resultados fueron tan favorables al sector en España como cabría esperar. Haber estado en el ojo del huracán es lo que tiene: somos uno de los sistemas financieros mejor capitalizados del mundo gracias a las ayudas públicas, las ampliaciones sucesivas de capital y la estricta normativa de provisiones establecida por el Banco de España y el Gobierno en el pasado (Valor Añadido, "Las cifras demoledoras del ajuste de la banca en España", 19-08-2014).

Sorprende, de hecho, mucho más que otras entidades financieras del centro y norte de la región hayan pasado el corte con holgura pese a acumular dudas razonables.

En cualquier caso, siendo este desenlace elemento sustancial para la tranquilidad de todos, no deja de encuadrarse en el ámbito de lo urgente, que no de lo importante. Sirve para llenar páginas de los diarios el lunes pero deja injustificadamente en un segundo plano el verdadero cambio fundamental que dio justificación a dicho ejercicio: a partir del próximo martes, la supervisión de esas 130 firmas que han sido objeto del severo escrutinio del Banco Central Europeo corresponde al mismo y no ya a las sucursales locales.

Se trata de una alteración sustancial del statu quo actual y, probablemente, el mayor avance hacia la unificación que se ha producido en años en el seno de la Eurozona. No en vano, con ella se da el pistoletazo de salida a la Unión Bancaria. Ha sido necesario hacer de la necesidad virtud, pero démoslo por bueno. Además, el hecho de que recaiga en un supervisor independiente ajeno a la tutela política es un paso en la buena dirección de esta Europa tensionada por múltiples fuerzas centrífugas.

¿Por qué es tan relevante?

Son varios los argumentos que así lo acreditan. En primer lugar, se elimina, al menos parcialmente, la discrecionalidad nacional y se fija una homogenización de criterios no sólo contables –gracias a la inestimable ayuda de Basilea III–, sino también de gestión de crisis o protección de los ahorros. Con el cambio aumenta además el conocimiento por parte del BCE de la situación de los supervisados, lo que, sin duda, podrá ayudar al desarrollo de una política monetaria más pegada al terreno, lejos del voluntarismo que ha caracterizado sus decisiones más recientes. Por último, al menos en teoría, el funcionar bajo un mismo marco debería facilitar las fusiones transnacionales y la consolidación de nuevos bancos capaces de competir con los gigantes británicos, estadounidenses o asiáticos.

No obstante, esas ventajas llevan aparejadas algunos condicionantes negativos. Así, su eficacia queda limitada por la renuncia de algunos estados, caso de Reino Unido o Suecia, a someter sus propias entidades a este nuevo régimen de regulación y supervisión, lo que, en el primero de los casos, tiene una importancia sustantiva, dado el carácter sistémico de buena parte de sus bancos. Está por ver además, si Draghi y sus chicos se atreverán a meter mano al círculo vicioso de bancos y Gobiernos, a su efecto maquillaje sobre las cuentas de los primeros y la demanda de títulos de los segundos, así como a su efecto expulsión sobre la financiación privada del sistema. En este sentido, no es cierto que solvencia y crédito tengan que ir inseparablemente unidos, como reclaman muchas voces tras las cifras del fin de semana: no en vano, si algo sobra en la región es apalancamiento; por eso el dinero no circula aun estando tan barato. Para concluir, la mala experiencia de consolidación paneuropea hasta ahora provocará que las operaciones tarden en llegar.

Sin embargo, que las ramas de lo inmediato no les impidan ver el bosque de lo verdaderamente trascendente, esto es: lo que sucederá el verdadero día D de la banca europea. No se equivoquen: el desembarco del Banco Central no se ha producido el 26 de octubre, sino que tendrá lugar el martes de aquí a una semana. Será entonces cuando Banco de España, tras perder la política monetaria y limitarse a partir de este punto a controlar entidades menores, apagará una vela más de su particular candelabro. Irá quedando, poco a poco, para el recuerdo de los nostálgicos salvo, pudiera ser, que todo el proyecto comunitario se convierta, al final del día, en el gatillazo onanista de unos cuantos intelectuales. No lo descarten.

Buena semana a todos.

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