Tragedia griega: entre susto o muerte, Grecia ha decidido morir

Tsipras y Syriza pensaban que al Eurogrupo se le podía ganar por agotamiento, por abandono del rival. Y se han encontrado con la sorpresa de que no es así. Han firmado su sentencia de muerte

Foto: Alexis Tsipras. (EFE)
Alexis Tsipras. (EFE)

Ya se sabe a qué jugaban los griegos.

Pensaban que al Eurogrupo se le podía ganar por agotamiento, por abandono del rival. Y se han encontrado con la sorpresa de que no es así. El anuncio unilateral por parte de Tsipras de llevar a referéndum la semana que viene la última propuesta de la Troika ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de unos ministros de finanzas europeos hartos de perder el tiempo con un interlocutor tan poco fiable.

Sorpresa, sorpresa.

El problema para Syriza es que no se ha dado cuenta de hasta qué punto han cambiado las cosas en los últimos cuatro años.

Por una parte, la deuda helena ya no está en manos del sistema bancario privado sino de las instituciones públicas de la Eurozona. Aunque el paganini final sea el último, los sufridos contribuyentes de la región, la posición de las entidades financieras alemanas y francesas es marginal y, por tanto, el riesgo no es ya sistémico. El hecho de que buena parte de la posición acreedora sea titularidad del BCE o del FMI dota a los socios comunitarios de un escudo protector ante esta crisis.

En segundo lugar, no han sido muy conscientes los gobernantes de las Islas de la necesidad que hay en algunos estados, caso de España, de una implosión griega para que sus votantes conozcan cuáles son las consecuencias últimas de tanto populismo vendido como la panacea de todos los males. Que los votantes descubran que, al final, las amenazas de romper el orden establecido se vuelven contra sus ponentes tan pronto quieren ejecutarlas. Patada a Podemos en el culo de Varoufakis.

A partir de aquí, si en 24 horas no hay marcha atrás por parte de Tsipras, lo que le espera a los griegos es el caos, por muchas razones.

Uno, la fuga de capitales va a ser masiva. Cualquier vuelta al dracma implicaría una devaluación enorme de los activos locales para unas deudas aún más caras. Si los griegos quieren mantener poder adquisitivo y evitar la intervención de sus ahorros, han de poner a salvo sus euros cuanto antes. El anuncio de controles de capital, léase corralito, se hace inevitable. Imagino que las transferencias online deben echar humo a estas horas. Sin el apoyo del BCE, el sistema financiero quebrará el mismo lunes. Veremos el trueque, ¡viva el progreso!

Dos, el impago al FMI no cuenta con precedente histórico. La ruptura de negociaciones convertiría la 'prórroga' directamente, a todos los efectos, en default  y activaría de manera inmediata la condición para la exigencia de cobro de sus Credit Default Swaps o CDS, cuyo mercado se secaría. El organismo internacional no perdona. Ni olvida. No puede dejar que se siente este precedente sin consecuencias. El hecho de impagar sus deudas encarecerá ad limitem la financiación del país, paralizando aún más su actividad. Ni el dinero circulará internamente, ni llegará del exterior como hasta ahora. El colapso puede ser total.

Tercero, puede que volvamos a la Europa de los bloques y que Tsipras decida echarse en los brazos de los rusos, que son a día de hoy el primo de Zumosol en el que confían. Pero nunca conseguirían de ellos condiciones crediticias tan ventajosas como la procedentes de la UE, con las quitas y las esperas acordadas en el pasado. No hay que olvidar que los rusos tienen sus propios problemas para conseguir fondos en los mercados internacionales, derivados del colapso en el precio del crudo, variable fundamental para cuadrar sus cuentas públicas. No están como para regalar la pasta. Exigirán condiciones leoninas. Para los helenos supondría salir de Guatemala para meterse en Guatepeor.

Por último, y quizás más importante, hay un problema final. Que no hay una alternativa monetaria al euro en el seno de Grecia. Y establecer una nueva unidad de cuenta, medio de pago o depósito de valor no se hace de la noche a la mañana. La paralización de la economía devendría en casi total. De ahí que, en cualquier caso, una negociación con Bruselas, que probablemente derive en buena parte de las cesiones que ahora quieren evitar, se antoja inevitable. Vuelta, por tanto, a la casilla de salida pero en una posición mucho peor. Para este viaje...

Precisamente por todo esto cabe esperar una sorpresa.

¿Cuál?

Una negociación in extremis que permita aprobar lo propuesto por el Eurogrupo condicionando una parte menor al criterio de los ciudadanos. No en vano, con un impacto tan salvaje en la actividad económica y financiera griega como el que se puede vivir a lo largo de esta semana, el resultado del referéndum puede ser justo el contrario al previsto por el ala más radical del partido, principal objetor al acuerdo con Europa. La consulta popular se convertiría más bien un plebiscito sobre la continuidad de Tsipras. Y si algo no se puede permitir Grecia es otra elección.

Seguiremos informando.

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