El siniestro (y peligroso) reverso del colapso del petróleo

La caída del crudo y la paralización de las inversiones ligadas al mismo tienen consecuencias globales en términos de crecimiento, estabilidad política o contaminación ambiental

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

El precio de las materias primas está bajo mínimos.

Prácticamente no hay ninguna que se haya librado de fuertes caídas en los últimos meses, sea agrícola, minera o industrial.

A factores de oferta, puesta en producción de yacimientos programados cuando las cotizaciones justificaban tanto la inversión como los costes de extracción o cosechas excelentes, se ha unido una debilidad de la demanda derivada, fundamentalmente, de la ralentización económica de China, país que ha sido el principal cliente mundial de los exportadores de productos no elaborados desde hace años.

Vean, si no, el siguiente gráfico.

Sea como fuere, el colapso está provocando la paralización de no pocas inversiones alrededor del planeta, toda vez que no serían rentables a las referencias actuales.

Una de las commodities que más puede verse afectada por esta ralentización en el empleo de capital empleado o capex es el crudo, condicionado -a su vez- por circunstancias particulares como la negativa de la OPEP a reducir su producción en tanto el shale oil estadounidense siga creciendo o la vuelta de Irán al mercado.

Número de pozos y producción en las principales regiones de fracking USA.

De hecho, el especialista sectorial Wood MacKenzie acaba de publicar un informe en el que valora el número de proyectos aprobados y pendientes de iniciación, o en marcha y susceptibles de suspensión, que resultarían inviables por debajo de los $50 por barril en 1’3 billones de euros al cambio actual.

Casi nada.

Estaríamos ante un frenazo equivalente a una España entera y un poquito más.

De acuerdo con la consultora, la ‘moratoria’ habría afectado ya instalaciones y yacimientos por valor de 200.000 millones, 18.000 más de lo que estimaba hace tan solo un par de meses. Según sus nuevas proyecciones, frente a la media anual de 50 ó 60 nuevas puestas en funcionamiento, en 2015 se reducirán a apenas seis y no se superará la docena en 2016.

Es evidente que las consecuencias de este proceso de caída de precios y disminución de inversiones, va mucho más allá de la mera aritmética y tiene importantes consecuencias geopolíticas.

Así:

Afectará a Estados Unidos, donde el desarrollo de una industria petrolera local basada en el fracking ha sido un fuerte generador de riqueza y empleo en áreas deprimidas del país. Está por ver su impacto en toda la actividad de financiación que se ha desarrollado alrededor de los pozos locales. El parón puede afectar al crecimiento del conjunto de su economía... más de lo que lo ha hecho ya.

Afectará, por descontado, a naciones que dependen del oro negro para cuadrar sus cuentas. Más allá de Rusia, Venezuela o la propia Nigeria –amenazada por Boko Haram en su parte nororiental-, cuya inestabilidad será creciente, no hay que perder de vista lo que puede suceder con la propia Arabia Saudita, donde las luchas intestinas podrían aflorar al calor de un estrategia suicida de inundación del mercado no compartida por todos los miembros de la Familia Real. Algo que llegaría en un momento en el que el primo de Zumosol estadounidense prefiere mirar, al menos formalmente, hacia otro lado y el ISIS ronda por sus fronteras. Tiene más chicha de la que parece la apertura de su parqué al capital bursátil foráneo.

Pero no sólo eso. Un barril por debajo de los 50 dólares lo convierte en una fuente de energía mucho más barata que otras subvencionadas como es el caso de las renovables. Pudiera darse el caso, más allá de los programas de obligado cumplimiento derivados de tratados internacionales, que el desarrollo eólico, solar o de biomasa se viera igualmente paralizado, tanto más en la medida en que los precios bajos del crudo sean percibidos como estructurales. Estarían en juego otros miles de millones de euros. Muchos, de hecho, en regiones esencialmente importadoras.

Tres ejemplos que ponen de manifiesto cómo la caída del crudo y la paralización de las inversiones ligadas al mismo van mucho más allá del impacto en una industria concreta y tienen consecuencias globales en términos de crecimiento, estabilidad política o contaminación ambiental. Es el oscuro reverso de una realidad que, al menos en Occidente, libera renta, mejora resultados, alivia finanzas exteriores y anima la confianza.

Nunca llueve a gusto de todos pero hemos hecho del petróleo eje vertebrador de buena parte de los equilibrios internacionales, argumento para justificar contiendas y para propiciar alianzas. Es verdad que su peso se irá desvaneciendo con el tiempo, en la medida en que el autosuministro de unos y otros se imponga, pero su papel sigue siendo sustancial y las consecuencias de su evolución, también.

No impidan que las ramas de su colapso le impidan ver las consecuencias de sus efectos.

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