Palabra de Socgen: la bolsa caerá un 70%... más

Albert Edwards, el estructuralmente bajista estratega del banco francés, augura un escenario apocalíptico en el que ni siquiera España va a crecer lo que nos han vaticinado

Foto: Agentes de cambio y bolsa trabajan en el parqué de Nueva York ayer. (EFE)
Agentes de cambio y bolsa trabajan en el parqué de Nueva York ayer. (EFE)

El pasado 8 de octubre escribimos el siguiente 'post': ‘El mejor gestor español a tres años se posiciona para el apocalipsis financiero’. Una entrada que concluíamos afirmando que:

“Hemos sido voz que clama en el desierto durante meses. Está bien que al coro de fundados agoreros se nos vayan uniendo nuevos miembros, gente capaz de ver la realidad que hay detrás de la ficción monetaria que nos rodea y que a la economía financiera le interesa, a toda costa, mantener.

Es un alivio.

La soledad es muy pero que muy dura.

Se lo digo por experiencia”.

El vaticinio del bueno de Luis Bononato -el personaje aludido- era correcto, el 'timing' de su pronunciamiento, terrible. Así le fue. Su posicionamiento le pasó factura pese a lo fundamentado de su discurso. Al cierre del ejercicio mantenía el liderazgo en su categoría de fondos mixtos globales en euros, pero Global Allocation se dejaba casi 10 puntos de diferencial con su inmediato perseguidor en apenas tres meses. Duro.

Ahora que los peores augurios se están cumpliendo -veremos, en cualquier caso, cómo acaba el año-, los pronósticos de esos ‘permabears’ o analistas estructuralmente bajistas a los que se había dado por imposibles por 'cenizos', vuelven a cobrar relevancia en el universo mediático, donde ocupan cada vez mayor espacio, contribuyendo así a una suerte de caída colectiva del guindo. Ahora que lo dicen, algo de razón tenían... se oye por ahí.

Entre los pesimistas seculares destaca, desde siempre y por lo radical de sus conclusiones, el estratega de Société Générale, Albert Edwards, que en los últimos años se ha estrellado con sus predicciones contra el muro de una 'performance' mucho mejor a lo por él aventurado. Sin embargo, en una reunión con inversores celebrada hace ahora una semana, anticipó una contracción del S&P500 del 75% hasta los 550 enteros, con argumentos muy similares a los que hemos ido recogiendo en esta columna durante meses: estancamiento, deflación, endeudamiento y devaluación son una muy mala combinación de la que solo puede surgir un cóctel explosivo.

Ahora puede haber estallado.

'Business Insider' ha recogido en un artículo 12 diapositivas del total de 100 que incluía su presentación. De estas, a su vez, podríamos destacar las siguientes:

Si hacemos caso a los indicadores adelantados, el crecimiento de la economía española se va a esfumar tan rápido como llegó (algo a lo que, sin duda, contribuiría una incertidumbre política prolongada en el tiempo). Una estimación, cuando menos, sorprendente y no excesivamente rigurosa. Claro que si la historia sirve de referencia...

Es verdad que lo que mueve en última instancia las bolsas son los beneficios empresariales pero, tal y como señalamos ayer en nuestro 'post', un entorno recesivo y deflacionario afecta a la actividad y a los márgenes, más allá de que en el caso concreto de Estados Unidos, y en opinión de Edwards, las firmas estén siendo ‘poco prudentes en su gasto’, endeudándose no tanto para acometer proyectos cuanto para recomprar sus propias acciones y mantener o aumentar de modo artificial sus resultados.

Sin embargo, cuando se quita ese efecto y se va aguas arriba en la cuenta de pérdidas y ganancias, en la comparativa entre la deuda neta (bruta menos tesorería real) y el ebitda (beneficio antes de intereses, impuestos, amortizaciones y depreciaciones), la foto sale como que regular. Mirar a la generación de caja y al balance de vez en cuando, más allá del ‘bottom line’, puede llegar a ser muy revelador. Excesivamente, me atrevería a decir. Eso por no hablar de las trampas con los datos 'ajustados' o dejados de ajustar de los que escribimos en esta otra entrada de 19 de noviembre: 'Vamos a contar mentiras: la falacia de los resultados 'ajustados'. 

Y luego está el dólar, al que dedicamos nuestra entrada de ayer, como factor dirimente de cómo evolucionará en el futuro la política monetaria, la actividad y la solvencia de una parte sustancial del mundo mundial. Pues bien, aquí son tres los ‘charts’ interesantes. El primero, se explica solo: la depreciación de las divisas emergentes da miedo. Dos, peor aún, los propios chinos esperan que se devalúe su moneda; por eso están repagando sus deudas en dólares como locos, antes de que sea demasiado tarde. Y tres, así pasa, que los bonos en billete verde de los emisores del mundo en desarrollo no los quiere ni el Tato. ¿Oportunidad?

Divisas...

... con los chinos temiéndose lo peor...

... y sin interés por la deuda emergente en dólares.

Mal asunto.

Para él, la cuestión de si recesión sí, recesión no en Estados Unidos se resolverá ineludiblemente a favor de la segunda de las opciones. Será en su opinión la última prueba de fuego para los bancos centrales, la demostración de si les queda o no munición y, en caso negativo, la constatación de un fracaso que nos ha entrampado por generaciones. Y, ¿entonces?

Veremos.

Es verdad que movimientos tan extremos como los que estamos viviendo, y su traducción en valoraciones irrisorias de algunos activos, invitan a meter el pie selectivamente en esta agua hirviendo, siempre con una perspectiva a largo plazo. Pero sabiendo que la volatilidad ha llegado, y de qué manera, para quedarse, y acertar en el 'trading' será muy muy complicado.

Busquen, comparen y si encuentran algo realmente barato, háganse con ello y siéntense encima sin mirar a diario la pantalla.

Consejo de amigo.

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