Ganó Trump, ya solo nos queda el Apocalipsis Zombie… Y entonces, ¿qué?

Saben ustedes que con motivo del Brexit y la falta de gobierno en España circuló como la pólvora por los chats de Whatapp el siguiente meme…

Foto: Meme que circuló por las redes
Meme que circuló por las redes

Durante un tiempo circuló por los chats de Whatsapp el meme que encabeza este 'post'.

Aunque en España el pronóstico no se cumplió, sí lo ha hecho con la salida de Reino Unido de la Unión Europea y, hoy mismo, con la llegada de un personaje surrealista, como es Donald Trump, a la presidencia de la primera potencia del planeta. Cosas veredes, amigo Sancho.

Voces habrá que analicen las razones políticas, económicas y sociales de este desenlace entre las que destacará, sin duda, la capacidad del magnate de recuperar una idea de nación, por más que los cimientos sobre los que se sustenta choquen con la realidad histórica estadounidense.

Aquí nos vamos a centrar en lo que cabe esperar a partir de ahora.

La cosa, de arranque, no pinta bien. Tal y como nos recordaba Juan Ramón Rallo esta misma semana, Trump participa de la irresponsabilidad fiscal de Clinton aunque de manera distinta: menos impuestos privados y más gasto público. Y, ojo, este es el dato importante, cuenta con el apoyo de las Cámaras, republicanas pero de verdad, para ejecutar sus políticas. El contrapeso que hasta ahora habían ejercido con titulares de la Casa Blanca demócratas pierde así su vigor. Los astros, al menos, en teoría ,están alineados para el desastre.

Sin embargo, la realidad con la que se va a encontrar Trump es bien distinta en términos de margen de maniobra. Una cosa es predicar y otra dar trigo, una prometer y otra ejecutar lo prometido. De hecho ya se ha visto en su discurso de la victoria pronunciado esta mañana. El león es menos fiero de lo que a sí mismo se ha pintado.

No hay que olvidar el punto del que parte: tipos de interés por los suelos, crecimiento cercano al 3% y pleno empleo técnico. Es evidente, tras el resultado electoral, que pocos votantes han atribuido esa realidad a la acción política. Pues bien, cualquiera con dos dedos de frente ‘despejada’ -que no es el caso ni en sentido literal ni metafórico- y ganas de permanecer en el cargo, trataría de construir su proyecto sin tocar lo que ya funciona y mejorando sus efectos colaterales, como el aumento de la desigualdad.

Puede que no sea la intención inicial del ‘pelo paja’, como le califican sus enemigos locales, pero probablemente no le quede otra si quiere cimentar su mandato.

No hay que olvidar que, como viene advirtiendo desde hace meses la Reserva Federal, la política monetaria va a ir en su contra. Y lo hará tanto más cuanto implante medidas proteccionistas de carácter inflacionario que destrocen al ciudadano medio y machaquen los bonos soberanos. A nadie le interesa, y menos a Trump, una subida rápida de los tipos de interés que saque a todas las sociedades civiles, de corte fundamentalmente demócrata, a la calle y espante al inversor en su renta fija. Moderará su amenaza de aranceles.

Mientras, en el ámbito fiscal el margen de maniobra es mucho más estrecho del que parece. La reciente aprobación de un nuevo techo de gasto en Estados Unidos, el enésimo en los últimos años, pone de manifiesto las restricciones al libre albedrío del millonario. No hay, ni mucho menos, barra libre discrecional. Trump tendrá que medir bien sus prioridades, probablemente con un foco más hacia dentro (infraestructuras y servicios, muchas de ellas en un estado ruinoso) que hacia fuera por más que diga lo contrario. Es verdad que no es demasiado buena tarjeta de visita su historial de quiebras corporativas pero esto es, o al menos debería ser, otra cosa.

Finalmente, y en el ámbito regulatorio, hay dos realidades innegables.

Los nuevos líderes empresariales estadounidenses, las firmas que mandan de verdad, son de servicios y globales. Es difícil ver a los Apple, Google o Facebook expuestas a restricciones en su actividad a resultas de una guerra comercial entre estados. Presionarán de la manera que saben hacerlo, ‘money makes the world go round’. No les quepa la menor duda. Allí no hay disciplina de voto y el poder de los lobbies es real, vaya que si lo es.

En segundo término, aunque los grandes gestos sean moneda corriente en los primeros días del mandato del 'millonetis', especialmente con respecto a los tratados internacionales, lo cierto es que Estados Unidos no puede renunciar a la globalización, entre otras cosas, porque del reciclado de sus divisas con contrapartidas árabes, chinas o japonesas (Europa es otra cosa) depende su capacidad de financiación. Cuando al ‘republicano’ le abran los ojos a esta certeza, otro gallo cantará.

Vino el Brexit y sucedió poca cosa (aunque probablemente lo peor esté por llegar, en términos de mercados financieros, en la medida en que el impacto de la salida afecte al proyecto UE/UEM). Con Trump ocurrirá probablemente lo mismo, al calor de todo lo anterior, si bien las distorsiones ayudarán a los caza gangas a sumar muescas a su revolver.

Y, en caso contrario, ya saben: siempre nos quedarán los bancos centrales.

La pregunta que flota en el aire es… ¿y cuando llegue el Apocalipsis Zombie? Al paso que vamos ya ni siquiera será un cisne negro, evento situado en las colas de la distribución de probabilidad. Pasaría de largo.

Veremos a ver.

Más allá de todo lo anterior, no se confíen. La complacencia ayuda a bajar la guardia y los golpes imprevistos son siempre los más dolorosos. Pongan en tela de juicio un ‘asset allocation’ cada vez menos descorrelacionado y aprovechen para comprar lo bueno cuando nadie lo quiere.

No se equivocarán.

Cuando lleguen los muertos vivientes el vivo estará disfrutando del bollo mientras empuja a los muertos vivientes de nuevo al hoyo…

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