Diez claves de lo que está pasando en Cataluña, memorias de un viaje reciente

Coincide mi visita con los primeros altercados en las playas a cuenta de las cruces por la 'muerte de la democracia', esa que sus impulsores eliminarían de un plumazo tan pronto llegaran al poder

Foto: Cruces amarillas en la playa de Mataró (Barcelona). (EFE)
Cruces amarillas en la playa de Mataró (Barcelona). (EFE)

Volver a Cataluña después de semanas sin hacerlo y ver cómo el ambiente se ha vuelto a enracecer de manera preocupante. Hay menos esteladas en los balcones, como también han menguado las banderas de España que antes copaban las terrazas de los barrios señeros de Madrid. Han sido reemplazadas, al menos en la capital catalana, por lazos amarillos grafiteados en cualquier lugar posible, asfalto incluido. La estética ha salido perdiendo en la medida en que todo se ha hecho cada vez más chusco.

Coincide mi visita con los primeros altercados en las playas a cuenta de las cruces por la ‘muerte de la democracia’, esa que sus impulsores eliminarían de un plumazo tan pronto llegaran al poder. No hay cabida para todos en el mundo secesionista. La tensión es evidente. El hastío y la radicalización, también. Dos días de intensas reuniones en las que llego, en mi aproximación cenital a un problema de demasiadas aristas, a las siguientes conclusiones, alguna ya apuntada.

1. El independentismo necesita para conseguir sus objetivos de una España y una Europa débiles. La corrupción del PP y lo que está pasando en Italia son agua de mayo para sus intenciones. Es su mundo ideal. No hay contrapoder, por más que en el ámbito comunitario, de momento, nadie los tome en serio. De momento. De ahí que iniciativas como la moción de censura de Pedro Sánchez sean de una irresponsabilidad política y de una estulticia táctica insuperables.

2. Todo nacionalismo basa su discurso en dos premisas: la tergiversación y el victimismo. Para ahondar en el segundo, los estrategas del ‘procés’ defienden impulsar una resistencia ‘pacífica’ que provoque la reacción de los no independentistas y los lleve a ser los ‘causantes’ del conflicto, los que no respetan la libertad. En invierno, cortes de carreteras que van a la Cerdanya. Ahora, acciones en las áreas de descanso vacacional. El propio Puigdemont alienta estos actos. Aquellos que se oponen, por más que estén en su derecho, son presentados como fascistas que no reconocen el valor del voto del pueblo catalán. Evitar caer en la provocación es clave.

3. Para que la realidad así manipulada sea percibida como real por la ciudadanía, tanto local como internacional, es necesario contar con el control de los medios de comunicación. El papel de TV3 y de la radio pública catalana a tal efecto es imprescindible para el proceso. De ahí que sean cada vez más las voces dentro del 'establishment' catalán que defienden abiertamente su intervención. Sin ella, y sin la recuperación de las competencias en educación (hay que ver lo que dicen ya los libros infantiles del 1-O), hay poco que hacer. Se podrá posponer el problema, pero no solventarlo. Vendrá de manera recurrente con renovado brío, como acaba de suceder con la llegada de Torra. Es esencial el trabajo en el exterior, otra laguna gubernamental en la gestión de este tema.

4. El papel de los comités de defensa de la república es fundamental. Han tomado el relevo de Òmnium o la ANC y ejercen como guardianes de la ‘legalidad’. Acogen a gente de toda clase y condición, que actúan de manera pasiva (como informantes) o activa (a través de la coacción), y tienen entre sus objetivos la captación de nuevos miembros. Su neutralización se antoja imposible por más que la mayoría de la gente con la que hablé sugiera actuar sobre su financiación. Sin embargo, la contribución de sus miembros es más de tiempo que de dinero. Ahí está el sostén extraparlamentario de todo el camino independentista. El elemento clave a futuro.

5. A día de hoy, Cataluña y su principal ciudad, Barcelona, son administraciones sin Gobierno. Por imposibilidad la una, por incapacidad la otra. No hay un escenario en el que la gente pueda desenvolverse con garantías, lo que quiebra la confianza y la inversión. En contra de lo que creen sus dirigentes, no hay vuelta atrás posible a muchas salidas de corporaciones y profesionales. La parálisis es evidente. Basta hablar con los taxistas. Sin embargo, los nacionalistas no se caen, porque no quieren, porque no pueden, de este guindo. Más duro será ese momento, cuando llegue. Pero a nadie le interesa que ocurra. No siempre la alternativa es otro destino dentro de nuestro país.

6. No solo eso, la laxitud de ambas instituciones propicia que lo ilegal campe a sus anchas a lo largo y ancho del territorio catalán. Cayó en mis manos el programa de fiestas de una calle de la capital y era un panegírico del independentismo lleno de agravios, referencias a los presos políticos y demás parafernalia populista. Es difícil pedir a los Mossos, cuyos vecinos de puerta son de toda clase y condición, que hagan mucho más de lo que su propio deseo de no ser señalados aconseja. De ahí que muchos constitucionalistas defiendan también una ocupación de los estamentos garantes de la legalidad de manera directa, no meramente supervisora. Alguien habló de Ulster. Glaps.

7. Tabarnia es una ilusión en Cataluña. No está en el discurso de la calle. No se contempla como una alternativa. Sin embargo, hay una coincidencia de pareceres entre las élites ilustradas en que podría ser una solución si llegara a concretarse de algún modo, manera de implosionar el proceso desde dentro. Por riqueza y población, por historia y tradición, limitaría en gran medida las posibilidades de una escisión tal y como está planteada. Habría que trabajar, señalan, por hacerlo algo concreto, por darle forma plausible, más allá del histrionismo de Boadella. Y aun así.

8. Un elemento esencial para que tal idea pueda tomar cuerpo es lo que suceda con la alcaldía de Barcelona. Las encuestas dan un empate a tres entre ERC, los comunes y Ciudadanos. La tentación del partido de Ada Colau es asociarse con los partidos independentistas, lo que provocaría un viaje sin retorno hacia la ninguna parte de los impulsores del proceso. La capital es clave, y es necesario empezar a trabajar desde ya en un escenario que evite lo que sería un desastre para los intereses españolistas. Hace falta inteligencia a largo y pragmatismo a corto.

9. De acuerdo con la gente con quien me reuní por aquellas tierras, sería fundamental, precisamente para fomentar la gobernabilidad, y no solo en Cataluña, un cambio de la ley electoral que implante la segunda vuelta y favorezca de este modo el juego de mayorías. Tal y como está ahora mismo el patio político, parece una quimera. Pero la experiencia reciente pone de manifiesto su necesidad presente y futura. Esa es la gran tragedia de Rajoy, amén de que le persiga el pasado corrupto de su partido, del que no puede no ser parte, aunque solo sea por mirar hacia otro lado: haber resuelto la mayor crisis financiera de la historia de nuestro país y dejar dos problemas que no existían al inicio de su legislatura, el territorial —parido por ZP— y el legislativo -todo suyo-.

10. Se avecina un otoño caliente con la memoria del golpe de Estado que se produjo ante la pasividad del Gobierno de España el 6 y 7 de septiembre de 2017, la Diada del próximo 11 del mismo mes y el aniversario del 1 de octubre, fecha en que muchos se creyeron que había una posibilidad cierta para que la independencia viera la luz, hasta el punto de dirigirse a algunos de los mayores proveedores de servicios públicos locales para ver cómo dar continuidad a los mismos. Tanto como eso. Resulta crítico mantener el pulso y no entrar al trapo de la respuesta exagerada. Pero también reforzar el apoyo a los ‘unionistas’, que se han sentido muy solos ante tanto dislate. "Aquí se han permitido pulsos impropios de un Estado de derecho" (sic).

Como ven, el patio anda revuelto. Vaya que sí. Es precisamente en esas circunstancias en las que mejor se mueven los que propugnan la segregación de Cataluña del resto del Estado español. Por eso, en el otro bando, es momento de unir, no de separar; de agregar, no de dispersar; de combinar determinación y reflexión; de hacer política, que no es sino dejar a los que vienen detrás algo mejor de lo que se encontraron los que ahora nos gobiernan. Ese será el juicio de la historia sobre ellos. La pregunta es: ¿aprobarán? En sus manos queda. Dios nos pille confesados.

Valor Añadido

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
15 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios