La UE no puede permitirse jugar con la viabilidad del proyecto europeo

Los jefes de Estado y Gobierno europeos que se reunirán hoy en Bruselas tienen por delante una dura negociación. Economías como la española necesitan que el resultado sea satisfactorio

Foto: Pedro Sánchez charla con Christine Lagarde y Emmanuel Macron en una cumbre en Bruselas. (EFE)
Pedro Sánchez charla con Christine Lagarde y Emmanuel Macron en una cumbre en Bruselas. (EFE)
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Durante los próximos días, y habiendo tenido ya una notable influencia este último mes, un conductor fundamental de los mercados, principalmente en renta variable, serán las decisiones que adopte la Unión Europea respecto al fFondo de recuperación económica, así como sus condiciones. Recordemos que este plan de recuperación fue presentando el pasado 27 de mayo como una vía unificada de política fiscal y busca, por un lado, beneficiar de forma directa a los países cuyas economías necesitan mayor apoyo para recuperarse ante los efectos del covid-19 y, por otro lado, favorecer la inversión en sectores de crecimiento que puedan acelerar la recuperación, ayudando colateralmente al resto de sectores y su consolidación.

Inicialmente, el plan supone la inyección de 750.000 millones de euros que llegarían a los gobiernos, principalmente, a través de transferencias directas (500.000 millones) y mediante préstamos por valor de 250.000 millones. La discusión del cómo y especialmente bajo qué condiciones se darán las ayudas es ahora la principal incertidumbre, debido, fundamentalmente, a la posición de los países del norte, Dinamarca, Austria, Suecia, Finlandia y los Países Bajos, cuyo primer ministro, Mark Rutte, declaraba este mismo miércoles, en una clara estrategia negociadora, su escepticismo hacia la posibilidad de llegar a un acuerdo a corto plazo para el fondo de recuperación.

La postura general de estos países está en limitar el volumen de las ayudas, realizar menos transferencias directas a los Estados, que estas sean con condiciones y, además, que lleguen vía préstamos. Respecto a la condicionalidad de las ayudas, era sin duda algo esperado teniendo en cuenta cómo se trabajó desde Europa tras la crisis financiera con los rescates a países como Grecia y Portugal. Se busca tener un control directo sobre los mismos y no solo la capacidad de aprobar los desembolsos, como pretenden los países receptores, principalmente España e Italia.

Las declaraciones de Merkel y Sánchez el martes mostraban compromiso, hablaban de la necesidad de llegar a acuerdos este mismo fin de semana, pero también reconocían la incertidumbre existente de cara a esta primera reunión. Si nos basamos en las declaraciones y en las históricas diferencias de pensamiento entre el norte y el sur de Europa, sería fácil llegar a la conclusión de que no podemos esperar mucho. Posiblemente, conoceremos las líneas rojas de las dos posturas, especialmente las referidas a la condicionalidad de las ayudas, donde se entrará en subidas de impuestos, contención del gasto público y reformas de los sistemas de pensiones —algo que, sin duda, va a tener que ser objeto de revisión, aunque siempre teniendo en cuenta el efecto que pueda tener en economía real—. Por ejemplo, no parece lógico pensar que la revisión de las pensiones sea factible a corto plazo, pero sí parece seguro que tanto impuestos como una reducción significativa del gasto público se van a tener que producir.

Mirando las reuniones con cierto optimismo, tenemos que tener muy en cuenta la posición abierta y colaboradora de Alemania. Quizá no sea la posición natural de su población, pero sin duda lo es de un Estado que entiende que Europa, y más tras los acontecimientos vividos en los últimos años, incluyendo el Brexit, tiene que fundamentar su apoyo en un soporte a la Unión y al desarrollo futuro de la misma. La situación es la que es y no se pueden volver a cometer los errores de 2012 y 2013.

Pedro Sánchez y Angela Merkel, durante su encuentro en Berlín. (Reuters)
Pedro Sánchez y Angela Merkel, durante su encuentro en Berlín. (Reuters)

Europa no se puede poner a jugar, alargando tiempos, con la viabilidad del proyecto común. Lo que debe hacer es fortalecerlo y, si bien las compras masivas de deuda explican en gran medida el comportamiento de las primas de riesgo de los diferentes países, también es cierto que la contención está también basada en un cambio de actitud que venía mostrándose en los últimos años, pero ha quedado muy patente en las decisiones adoptadas por el BCE y en el tipo de políticas que, a partir de ahora, se quieren potenciar.

Debemos confiar en que, con las líneas rojas del norte, la posición protectora hacia la Unión por parte de Alemania y la propia necesidad de los países afectados propicien que se abran verdaderas líneas de diálogo que impliquen solidaridad y a su vez comprensión respecto de lo que realmente se puede pedir o no pedir como condiciones al rescate.

Si miramos los mercados, reiterando que la renta fija está, en gran medida, cotizando los programas de compra del BCE, pero tampoco descuenta riesgos significativos que deberían apreciarse en las primas, vemos cómo España e Italia han seguido una tendencia mucho más negativa que el resto en bolsa. Las dudas sobre el crecimiento económico son evidentes y la falta de visibilidad también, repercutiendo en las valoraciones y la falta de liquidez en sus mercados.

España, con descensos del 27% desde que comenzó la crisis, e Italia, con un 22%, son los países 'core' que peor comportamiento han tenido, mostrando un significativo diferencial con Alemania, que muestra un descenso del 7%. Por sectores, aquellos más correlacionados con el PIB son los que más caen, diferenciándose compañías más ligadas a la denominada nueva economía, como es el caso de Cellnex o MásMóvil. Inmobiliarias y bancos siguen siendo sectores especialmente castigados, pero se muestra una clara correlación con la caída del conjunto del índice. Es decir, sus cotizaciones están reflejando más las negativas expectativas económicas que el puro negocio de la empresa. En Italia, vemos una situación muy similar con bancos y energía entre los sectores más afectados.

Unas negociaciones relativamente positivas, que permitan obtener las ayudas pero al mismo tiempo favorezcan la inversión, deberían atraer una importante entrada de capital al poder descontar estabilidad y un mejor entorno a medio plazo. Por ahora, si realmente no se aceleran los acuerdos y la negociación se retrasa semanas, podríamos ver caídas adicionales, pero si no es por ruptura de negociaciones, que no parece factible, tampoco deberían ser severas, pues se debería entender que se va a buscar un equilibrio en las posturas. Reitero que lo fundamental está en las líneas rojas de la negociación, porque son las que pueden determinar cómo y cuándo se alcance el acuerdo. Esperemos que la búsqueda del interés común prevalezca. La situación ha sido y es tan grave que no deberían tender a jugar con la confianza.

Visión Alternativa