Álvarez-Pallete, Alfonso XIII y 'serendipity'

La historia de Telefónica es la de España. En Gran Vía, se hizo la primera comunicación entre España y América, entre Alfonso XIII y el trigésimo presidente de EEUU, Calvin Coolidge

Foto: El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete. (EFE)
El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete. (EFE)

El Hotel Plaza de Nueva York, con oscuridad de medianoche a las seis de la tarde y la Quinta Avenida llena de nieve en las esquinas, recibió en sus majestuosas escaleras al presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, a quien se le entregó el premio al Líder Empresarial del Año (Business Leader of the Year). La Cámara de Comercio España-Estados Unidos le ha otorgado este premio en reconocimiento a "su visión y liderazgo al frente de la compañía". El galardón, que fue entregado por el exembajador de Estados Unidos en España Alan Solomont, distingue a los líderes empresariales que han realizado una contribución significativa al crecimiento económico de España o de Estados Unidos y a la mejora de las relaciones empresariales entre ambos países.

Desconozco si es por los tiempos turbulentos en España, por la lejanía, la nostalgia o porque fue mi primer trabajo, pero hablar de Telefónica desde Nueva York me parece un 'déjà vu' que me enrosca en un bucle melancólico. Los ciclos de la vida son extraños, y fue precisamente el 24 de septiembre de 1999 cuando siendo becaria me tocó organizar este mismo acto en el que el galardonado era Juan Villalonga. Los años de José María Aznar, de las privatizaciones y, por qué no decirlo, los años de muchos avances. En aquella época, Pallete era director general financiero y ahora, después de todo lo que ha llovido, protagonista de un momento que yo ya había vivido detrás del telón. La historia de esta compañía es la historia de España y de los españoles. Desde la Gran Vía y con el edificio a medio terminar, se produjo la primera comunicación entre España y América (1928) entre Alfonso XIII y el trigésimo presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge.

El presidente de la Cámara de Comercio de España-Estados Unidos, Alan Solomont, junto a Álvarez-Pallete. (EFE)
El presidente de la Cámara de Comercio de España-Estados Unidos, Alan Solomont, junto a Álvarez-Pallete. (EFE)

Y de aquella primera llamada a hoy

De aquel momento histórico en el que el océano nos separaba a la marea digital que ha revolucionado todo. Durante su discurso, José María Álvarez-Pallete explicó cómo está cambiando todo en nuestras vidas y repasó las enormes oportunidades que nos abren las nuevas tecnologías. Dudo si las conversaciones entre ambos países siguen existiendo o si el océano vuelve a ser infranqueable. Mientras me lo planteaba, él, como si me estuviera contestando, hizo hincapié en los desafíos que todo esto implica y alertó de que "es ahora el momento de la nueva economía digital, de poner a los ciudadanos y sus derechos en el centro de este nuevo mundo y asegurar que nadie se quede atrás". Yo mentalmente murmuré que un 'revival' de Alfonso XIII y un aluvión de conversaciones intercontinentales no vendrían nada mal.

Justo sobre eso pude charlar un rato con María José Álvarez, presidenta del Grupo Eulen. Sobre Bilbao, San Sebastián y sobre los avatares de la nueva política y la de antes. De los que siempre han sido nobles y de los que no. Reconozco que me siento profundamente atraída por las conversaciones a dos, en las que una mujer brillante (ella, yo menos) me hace un esquema de la situación actual en España, de Europa, de Estados Unidos, de su infancia y de los consejos que le daba su 'ama'. De los años terribles en el País Vasco de los que las dos nos acordábamos como si hubiera sido ayer. De Alemania y Miami. Y todo, desde Nueva York. Porque la memoria nos acompaña y se comparte en el momento menos esperado. Creo que hay eventos en los que 10 minutos de conversación lo valen todo. Y esto es 'serendipity': la fortuna de algo casual, de un hallazgo que no esperas. Del tesoro que es un rato de conversación que acabó llevándome hasta el Monte Igueldo.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

Y, precisamente, con esta palabra tan rara y maravillosa acabó Álvarez-Pallete su discurso. Las mesas redondas clásicas, con esos centros de flores que todas tocamos por si son de verdad o de plástico, propician los momentos de reflexión. Por la elegancia del Plaza, por ese escenario y ese atril que invita al repaso de la vida. Del recuerdo de quienes están detrás de los éxitos: su mujer, sus hijos y sus padres. Agradecido a todos los que han formado parte de su trayectoria, a los que le han ayudado y precedido, a los que le sirvieron de ejemplo, y explicando que no es casualidad o el azar sino que todos somos fruto de años de trabajo. Todos tenemos una historia y una llamada (de teléfono) detrás.

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