Decisivo 2020: Polo Ralph Lauren y los caucus de Iowa

La guerra no será ni mucho menos con Teherán. Será tan extraña como un baile de la muerte en el que presa y depredador se cortejan sabiendo que alguien morirá

Foto: Foto de archivo de 2012 del candidato a representar a los republicanos a la presidencia, Mitt Romney, horas antes de los caucus de Iowa. (EFE)
Foto de archivo de 2012 del candidato a representar a los republicanos a la presidencia, Mitt Romney, horas antes de los "caucus" de Iowa. (EFE)
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El nuevo año sirve para que al saludarnos nos deseemos buenos augurios y energías, como me dijeron el otro día en una tienda en la que estuve a punto de darme la vuelta y preguntar a la cósmica dependienta si aparte de trabajar allí, era vidente. No lo hice. Las intensidades empiezan a parecerme irritantes y pesadas de digerir, así que decidí situarme en medio del canto de un grillo y pasar de largo. Este año, que como dicen los cursis estrenamos, va a ser decisivo para este país y para el resto del planeta, sin exagerar.

2020 será la nueva era en la que comienza la carrera presidencial hasta llegar a las elecciones de noviembre, convirtiendo Estados Unidos en el epicentro del mundo, como siempre, pero si este año pasado no hubo piedad en el escenario público, en estos meses que se avecinan, no habrá clemencia. La guerra no será ni mucho menos con Teherán. Será tan extraña como un baile de la muerte en el que presa y depredador se cortejan sabiendo que alguien morirá. Una espera tensa, preparada y adecuada para el ataque. A nadie se le escapa que llegan unos meses decisivos, inquietantes, con amenazas nucleares y guerras domésticas. Y al son de esos tambores, llegará la gran cita del 3 de febrero en Iowa.

Se espera que decenas de miles de demócratas se presenten para determinar quién será el candidato que se enfrente a Trump. Si esta tradición de elegir a un candidato ha concentrado siempre la atención de todo el país, este año, será especialmente morbosa porque se podrá empezar a dibujar la cara del rival que peleará por la Casa Blanca y el bastón de mando del mundo.

Llegan unos meses decisivos, inquietantes, con amenazas nucleares y guerras domésticas

El procedimiento, no tiene desperdicio. Los asistentes al "caucus" elegirán a sus delegados moviéndose por una habitación o una sala grande de una Iglesia, un centro deportivo o los lugares elegidos para ello, mientras oyen discursos de unos y otros y huele a frito en cantidades indigestas. Finalmente, si el paisano de Iowa apoya a un candidato, pasa a una parte de la sala, si apoya a otro candidato, va a otro lado. Esta tradición que se defiende ferozmente sigue sin ser entendida por muchos, tanto que periodistas veteranos como Larry King confiesan sin pudor que siguen sin comprenderla.

Es un lunes "normal" que convierte un pequeño estado del medio Oeste americano, limítrofe con Illinois, en el centro del universo. Se trata de un proceso electoral anticuado, extraño y demasiado casero, pero al mismo tiempo es una tradición que nadie conseguirá romper. La envergadura es tal, que solo se compara con los anuncios de la Super Bowl, que se celebra un día antes. Este año se van a gastar entre Trump y Bloomberg (por su entrada tardía a la campaña ha preferido invertir en publicidad en vez de estar en medio de la fritangada de Iowa) más de 40 millones de dólares. Duran unos 30 segundos cada uno. Hagan cálculos.

Y entre los "caucus", el ayatolá Jamenei que tras el ataque que mató a Soleimani prometió una "venganza severa", el cambio climático que nos tiene en pleno enero a más de 20 grados, me dice una amiga americana entre mucho agobio que Staten Island, con cerca de 470.000 habitantes quiere la independencia del estado de Nueva York. El acabose. Uno de los barrios se quiere ir y hacer lo que se denomina ya el 'Stexit'. El colmo. Me dice Jane que la gente se ha vuelto loca y que todo está yendo demasiado lejos. Entre sus temores y el calor empiezo a tener algo parecido a un agobio geopolítico que decidimos curar cenando en el restaurante de Polo Ralph Lauren, la marca del caballito más pijo de la historia y que desde 1972 galopa por medio mundo.

Sala de estar del restaurante Polo Ralph Lauren. (L.A)
Sala de estar del restaurante Polo Ralph Lauren. (L.A)

Recuerdo que cuando yo tenía 14 años mi tío llevaba una camisa amarilla que tras rogar y rogar acabó regalándomela. Me quedaba cinco tallas grandes, pero sin sensación de ridículo y una chaqueta de punto que la aplastara salí a pasear por San Sebastián con sensación de niña elegante. No lo era en absoluto, pero ese es el poder oculto de esta icónica marca americana. La corporación Ralph Lauren comenzó en 1967 confeccionando corbatas y más tarde, por sus intereses en los deportes, Lauren nombró su primera línea completa de ropa de hombre "Polo" en 1968. Seis años más tarde, Ralph Lauren vistió con esta línea al elenco masculino de la película 'The Great Gatsby' a excepción del traje rosa que diseñó especialmente para Jay Gatsby, interpretado por Robert Redford. Y después de los grandes almacenes, fama, años, tiendas, fragancias, muebles y moda, en 2015 se abrió este famoso bar-restaurante de la calle 55 casi con la Quinta Avenida.

El restaurante de Polo Ralph Lauren. (L.A)
El restaurante de Polo Ralph Lauren. (L.A)

Nada más entrar, alineadas con una barra de madera espectacular, vitrinas con botellas brillantes y unas mesas doradas pequeñas, pensadas para ver y beber. En soledad y sin remilgos. Abajo, el restaurante con todos los camareros vestidos de la marca, trajeados a la perfección y con jarras de plata para servir el agua del grifo. Mesas de las de acabar cogiendo una patata frita o picar en el solomillo de los de la de al lado. Esas cercanías innecesarias por las que absurdamente pagamos, donde todo el mundo quiere hablar alto y ser el más escuchado.

Gente guapa. Se oye hablar de política o de los otros sitios de moda. Un precio desorbitado, una carta demasiado corta y lo que es mejor, una lista de espera de más de cuatro meses. Sí. No hay reservas antes. Una boda se prepara con menos antelación que una cena en The Polo Bar. Pero precisamente esto es lo que nos hace a los humanos tremendamente estúpidos o puede ser que en realidad no lo seamos. Lo difícil se hace más anhelado. La silla de un restaurante demasiado disponible no gusta. Los restaurantes americanos de verdad, de la clase alta, no son fáciles de conseguir. Y montarse en ese caballito, cuesta tiempo y dinero. Yo acabé devorando una hamburguesa, pero eso sí, regada con un par de Cosmopolitan.

A mi alrededor cuadros, cojines, sofás, jinetes y América. Les confieso que con todos sus "caucus", extrañas tradiciones o elitistas Ralph Lauren, en este país y en esta ciudad, llevan al galope su bandera. Eso no lo discute nadie. Es suya y la que ondea en la sombra de las demás del mundo. Y por eso, es el país con más listas de espera. Para entrar, poder sentarse y quedarse.

540 Park Avenue
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