Un sueño de 50 años

Todo comenzó el 1 de diciembre de 1955 cuando, estando llena la sección de los blancos del autobús 2587 en Montgomery (Al.), Rosa Parks, se negó

Todo comenzó el 1 de diciembre de 1955 cuando, estando llena la sección de los blancos del autobús 2587 en Montgomery (Al.), Rosa Parks se negó a ceder su asiento en la parte de los negros a un pasajero blanco. No era la primera vez que una mujer de color se oponía a la segregación y era detenida, pero ahora un joven pastor, Martin Luther King Jr., que había alcanzado una cierta notoriedad en la lucha por los Derechos Civiles, acababa de hacerse cargo de una de las iglesias locales. Su primera acción contra la detención de Rosa Parks fue organizar un boicot a los autobuses de Montgomery, pero la respuesta alcanzó dimensión nacional.

La protesta se extendió más allá del propio estado hasta concluir el 28 de agosto 1963 con una multitudinaria marcha nacional hasta Washington, donde Martin Luther King Jr. pronunció su histórico discurso, “I Have a Dream”. Aunque para ser justos con el espíritu del mensaje, la conclusión de la acción de Rosa Parks bien pudo tener lugar un 20 de enero de 2009, cuando un afroamericano, Barack H. Obama, fue nombrado presidente de los Estados Unidos.

Y me he referido a la acción de Rosa Parks y no al “sueño” de Luther King, que es lo festejado, pues tal vez su sueño todavía no se haya cumplido tal como él lo había imaginado. Quienes así piensan, “deshonra[n] el coraje y el sacrificio de quienes pagaron el precio de marchar aquellos años”, en palabras del presidente Obama durante el discurso que pronunció este miércoles en la escalinata del Lincoln Memorial, como hiciera Luther King hace justamente medio siglo.

Un discurso, en definitiva, de perfil más bien bajo, apenas interrumpido por aplausos, donde eludió pronunciarse respecto a temas comprometidos de índole internaNunca se ha prodigado Obama en referencias de carácter racial. En la respuesta a su pastor Jeremiah Wright en marzo del 2008 fijó su posición en el excelente discurso “A More Perfect Union” -a medio camino entre el pacifismo de Luther King y el activismo de Malcolm X- y nunca más trató el tema. Parecía ayer un día propicio para ello, pero tampoco se prodigó en asuntos de índole racial más allá de la referencia a que el índice de paro entre los afroamericanos duplica al de los blancos. Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, que diría un castizo, mencionó a los hispanos afirmando que su paro es incluso menor. 

Se trató de un discurso de autoconsumo dirigido eminentemente a los votantes demócratas, de forma singular a los afroamericanos, como correspondía a la puesta en escena durante las cuatro horas que duró la ceremonia. En ella participaron desde Oprah Winfrey hasta los parientes de Luther King, pasando por la nota de color que representó la intervención de Bill Clinton.

Ninguna referencia de carácter internacional, excepto que el legado de Luther King llegó a los jóvenes negros sudafricanos que se rebelaron contra el apartheid. Un discurso, en definitiva, de perfil más bien bajo, apenas interrumpido por aplausos, donde eludió pronunciarse respecto a temas comprometidos de índole interna como la ley de emigración que debe aprobar el Congreso -más de un hispano se habrá sentido defraudado- o el tema de la financiación universitaria. La mención a que “la diferencia de riqueza entre las razas no se ha estrechado, sino crecido” se quedó en una mera declaración o constatación. Relacionó hábilmente su defensa de las clases medias y las medidas económicas tomadas durante sus años de presidencia con los principios que alumbraron y guiaron al homenajeado, “su sueño, ha sido el sueño de cualquier americano”.

Pero asumiendo que cualquier acontecimiento histórico está sujeto a las distintas lecturas y relecturas que el paso del tiempo propicia, tal vez resulte excesivamente partidista -oportunista dirán algunos- afirmar que quienes participaron en los acontecimientos de aquellos años “buscaban trabajo además de justicia, no únicamente la ausencia de opresión, sino la realidad de oportunidades económicas”.

Indudablemente, la situación internacional y la eventual y más que segura intervención en Siria estuvieron detrás de sus continuas referencias a permanecer unidos. Obama reclamó una unión un tanto singular pues, si bien estaban presentes los presidentes Carter y Clinton, se echaba en falta la asistencia de algún presidente republicano. Quién sabe, lo mismo se debe únicamente a que la histórica marcha se realizó durante la presidencia de un demócrata, John F. Kennedy

Crónicas del Imperio
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