El éxito de las cuotas étnicas de un “Estado niñera”

Cuando pienso en la persistente división racial de EEUU, acabo sintiéndome intrigado por las lecciones que proporciona una fuente inusual: Singapur. Un sistema autoritario con exitosas estrategias sociales

Foto: Kingston Stillwell Thomas, de 9 años, escucha al presidente Obama durante un acto de campaña en Hampton, Virginia. (Reuters)
Kingston Stillwell Thomas, de 9 años, escucha al presidente Obama durante un acto de campaña en Hampton, Virginia. (Reuters)

Cuando pienso en la persistente división racial de Estados Unidos, acabo sintiéndome intrigado por las lecciones que proporciona una fuente inusual: Singapur. Con el fin de prepararme para un viaje al país (como invitado de la Universidad Nacional) pregunté a su vice primer ministro, Tharman Shanmugaratnam, qué es lo que considera como el mayor éxito del Estado. Imaginé que hablaría acerca de la economía, ya que el PIB per cápita de la ciudad-estado supera ahora al de Estados Unidos, Japón y Hong Kong. Sin embargo, habló de la armonía social.

"Éramos una nación que no pretendía ser", dijo Shanmugaratnam. La isla pantano, expulsada de Malasia en 1965, tenía una población políglota de migrantes con innumerables religiones, culturas y sistemas de creencias. "Lo que es interesante y único en Singapur, más que la economía, son nuestras estrategias sociales. Respetamos las diferencias de las personas e, incluso así, fusionamos una nación y sacamos provecho de la diversidad", explicó durante una entrevista, haciendo eco de los comentarios que realizó en el St. Gallen Symposium, el mes pasado en Suiza.

¿Cómo lo hace Singapur? Exigiendo diversidad étnica en todos sus barrios. Más del 80% de los singapurenses viven en viviendas públicas (todas ellas tienen un nivel aceptable y algunas son de muy alta calidad). Cada bloque, distrito y enclave tiene cuotas étnicas.

Esto es lo que la gente quiere decir cuando habla del "Estado niñera" de Singapur, y el ministro fácilmente lo admite. "La política social más intrusiva en Singapur ha resultado ser la más importante", afirma Shanmugaratnam. "Resulta que cuando se da seguridad, cada barrio se mezcla, la gente hace actividades cotidianas junta, se sienten cómodos unos con otros y, lo más importante, sus hijos van a las mismas escuelas. Cuando los niños crecen juntos, comienzan a compartir un futuro juntos”.

Esta creencia estaba en el corazón de muchos de los esfuerzos del Gobierno federal de Estados Unidos en los años 1950 y 1960 para acabar con la segregación en escuelas e integrar los barrios (a través de órdenes judiciales, leyes de vivienda, y acción ejecutiva). Esos esfuerzos fueron abandonados en gran parte durante la década de 1980 y, desde entonces, los datos muestran unos Estados Unidos que siguen conformando un país segregado. En Boston, por ejemplo, el 43,5% de la población blanca vive en áreas que son al menos en un 90% de blancos y tienen un ingreso medio que cuadriplica el nivel de pobreza, según investigadores de la Universidad de Minnesota. En St. Louis, esa porción de la población blanca es del 54,4% (las dos cifras provienen de un artículo publicado en abril por The Atlantic). Esta segregación residencial se ha traducido en un acceso desigual a la seguridad, a la atención básica de la salud y, sobre todo, a la escolarización.

Estudiantes de Howard University marchan hacia el Lincoln Memorial durante el aniversario de la Marcha de Washington (Reuters).
Estudiantes de Howard University marchan hacia el Lincoln Memorial durante el aniversario de la Marcha de Washington (Reuters).

A pesar de que la Corte Suprema ordenó la integración escolar hace 61 años, las escuelas se han homogeneizado en las dos últimas décadas. Una investigación de ProPublica halló que el número de escuelas que tenían menos de un 1% de blancos aumentó de 2.762 en 1988 a 6.727 en 2011. Un estudio de la UCLA describió el año pasado cómo se ve un aula para un estudiante blanco típico en Estados Unidos. De los 30 estudiantes, 22 son blancos, dos son negros, cuatro son latinos, uno es asiático y uno es "otro". El estudio también señaló que muchos estudiantes negros y latinos "se enfrentan a un aislamiento casi total, no sólo de los estudiantes blancos y asiáticos, sino también de los compañeros de clase media". El secretario de Educación Arne Duncan admite que hoy "sólo el 14% de los estudiantes blancos asisten a escuelas que podrían considerarse multiculturales".

Estos hallazgos no sorprenderían a los habitantes de Singapur. "El funcionamiento natural de la sociedad rara vez conduce a comunidades diversas e integradas, ni en Singapur ni en ningún otro lado", explicó Shanmugaratnam. "Es más probable que conduzca a la desconfianza, a la autosegregación, e incluso al fanatismo (del que hoy en día vemos abundantes ejemplos en muchos países)".

También señaló que, en Gran Bretaña, la mitad de la población musulmana vive en el 10% de sus barrios (por ingresos). "¿Eso sucede por casualidad?", pregunta. "Seamos honestos. Los seres humanos no son perfectos. Todo el mundo tiene prejuicios, el gusto por algunos y la desconfianza hacia otros. Pero es por eso que el Gobierno tiene un rol."

Singapur es un caso inusual. Es una pequeña ciudad-estado. Tiene sus críticos, que apuntan a un sistema cuasi-autoritario que impide la libre expresión y hace que los partidos de oposición se enfrenten a desventajas graves. Singapur puede hacer cosas que las democracias occidentales no pueden. También ha tenido sus propios problemas raciales. Dicho todo esto, creo que es un ejemplo de sociedad diversa que ha sido capaz de vivir unida y de la que podríamos aprender algo (por cierto, Singapur podría también aprender algunas lecciones de las democracias occidentales).

"Uno no puede asumir que el funcionamiento natural del mercado o de la sociedad producirán armonía social o igualdad de oportunidades. No lo harán", dijo Shanmugaratnam. "El gobierno –un gobierno electo– tiene un rol que desempeñar. Y no se trata de discursos y símbolos. Se trata de mecanismos y programas para lograr los resultados que todos buscamos".

Algo a tener en cuenta ahora que Estados Unidos, a raíz de la tragedia en Carolina del Sur, debate banderas y símbolos.

La dirección electrónica de Fareed Zakaria es comments@fareedzakaria.com.

© 2015, The Washington Post Writers Group

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