Por qué Arabia Saudí tiene miedo

En pleno recrudecimiento de la lucha sectaria entre chiíes y suníes, Arabia Saudí se enfrenta a varios retos importantes. Desde el avance de Irán al desplome de los precios del petróleo

Foto: Peregrinos musulmanes rezan durante la peregrinación anual del Haj, en las afueras de la Meca, en septiembre de 2015. (Reuters)
Peregrinos musulmanes rezan durante la peregrinación anual del Haj, en las afueras de la Meca, en septiembre de 2015. (Reuters)

Durante las dos últimas décadas, Estados Unidos se ha aproximado a Oriente Medio a través de sus propios marcos conceptuales: dictadura versus democracia, secularismo versus religión, orden versus caos. No obstante, la tendencia más significativa que actualmente moldea la región es otra: suníes contra chiíes. Una lucha sectaria que infecta casi todos los aspectos de las políticas en la zona. Ha conformado la política exterior de EEUU en el pasado y continuará limitando la capacidad de América, o de cualquier fuerza exterior, para estabilizar la región.

En su profética obra 'El resurgimiento chií', Vali Nasr argumenta que la invasión estadounidense de Irak en 2003 supuso un punto de inflexión. Estados Unidos se consideraba el creador de la democracia en Irak, pero los habitantes de la región lo veían de una forma diferente: un cambio drástico en el equilibrio de poder. Los suníes, que representan al 85% de los musulmanes, han dominado desde hace mucho tiempo el mundo árabe, incluso en países de mayoría chií como Irak o Bahréin. Pero, de golpe, todo cambió. Irak, un país importante, sería gobernado desde entonces por los chiíes. Algo que puso nerviosos a otros estados árabes... y sus preocupaciones no han hecho más que crecer desde entonces.

'El sur de Irak está lleno de milicias respaldadas por Irán. Esa zona está a solo dos horas de coche de los campos petrolíferos de Arabia Saudí. El Reino tiene que estar preocupado'Aunque siempre ha habido tensiones, suníes y chiíes vivieron en paz, al menos la mayoría, hasta épocas recientes. En las décadas de los sesenta y setenta, la única potencia chií, Irán, estaba gobernada por el sha, cuyo régimen no era religioso ni sectario. De hecho, cuando el sha fue derrocado, el primer país que le ofreció refugio fue Egipto, la mayor potencia suní de la zona, algo que sería inimaginable en la atmósfera sectaria actual.

El cambio fundamental tuvo lugar en 1979. La Revolución Islámica llevó al poder en Irán a una clase gobernante agresiva y religiosa, que estaba determinada a exportar sus ideas y a apoyar a los chiíes en toda la región. Ese mismo año, en Arabia Saudí, militantes radicales tomaron la Gran Mezquita de la Meca, proclamando su oposición a la familia real y sus modos laxos. El hecho aterrorizó a los saudíes y empujó al régimen hacia la derecha religiosa. Además, la ideología del islam wahabí que dirige Arabia Saudí siempre fue antichií. En los tiempos de su fundación, Arabia Saudí demolió mezquitas chiíes y extendió la creencia de que los chiíes son herejes.

Mientras Irán ha extendido su influencia en Líbano, Irak y Siria, Arabia Saudí ha respondido añadiendo un perfil todavía más sectario a sus políticas. Hace una década, gobernantes saudíes hablaban de la necesidad de contar con la minoría chií del país y de fortalecerla. Hoy en día, los chiíes saudíes son vistos con sospecha, e incluso se les considera agentes de Irán.

Milicianos chiíes en Al Hadidiya, población iraquí al sur de Tikrit, durante enfrentamientos con el Estado Islámico. (Reuters)
Milicianos chiíes en Al Hadidiya, población iraquí al sur de Tikrit, durante enfrentamientos con el Estado Islámico. (Reuters)

En Yemen, una guerra civil se ha convertido en una guerra sectaria. En un informe de Carnegie Endowment for International Peace, Farea al-Muslimi sostiene que ahora los dos bandos enfrentados en Yemen se refieren a su oponente como "persas" y "daeshitas" (en referencia al acrónimo en árabe del ISIS). Al-Muslimi escribe que "el discurso sectario es más intenso, ha reorganizado la sociedad yemení bajo parámetros sectarios y reorganizado las relaciones entre personas sin tener en cuenta fundamentos nacionales".

Arabia Saudí tiene serias preocupaciones estratégicas relacionadas con la influencia de Irán, especialmente en Irak. Como me dijo Ali al Shihabi, un banquero saudí reconvertido en escritor, "el sur de Irak está lleno de milicias respaldadas por Irán. Esa zona está a solo dos horas de coche de los campos petrolíferos de Arabia Saudí. El Reino tiene que estar preocupado". Pero la política de guerra sectaria podría responder a algo más que simples cuestiones geopolíticas. Arabia Saudí se enfrenta a varios retos, desde el Estado Islámico a extremistas locales. La red social más importante del país está controlada por islamistas radicales. Y mientras el precio del barril de crudo se desploma, los beneficios del Gobierno menguan, y los generosos subsidios a la población dejan de estar asegurados. El régimen necesita apuntalar su legitimidad.

Si añadimos la reciente ejecución de un prominente clérigo chií, la ruptura con Irán, la guerra en Yemen y la política saudí respecto a la guerra de Siria, nos daremos cuenta de que estamos ante la más autoritaria, agresiva y sectaria política exterior que Arabia Saudí haya buscado nunca. La estrategia no está exenta de riesgos, externos e internos. Entre el 10 y el 15% de la población saudí es chií, y viven en la provincia oriental, sobre los campos petrolíferos del Reino. Los vecinos Yemen y Bahréin están ahora repletos de chiíes resentidos, que ven a Riad como un opresor.  E Irán, seguramente, reaccionará con el tiempo a las políticas saudíes.

En general, Estados Unidos debería apoyar la oposición saudí a la intrusión de Irán en la región, pero no debería tomar partido en la guerra sectaria. Esta es la guerra civil de otros. Después de todo, el principal aliado de Washington en la lucha contra el Estado Islámico es el Gobierno chií de Bagdad. Hay muy pocos chicos buenos en esta historia.   

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