En Irán hay ingredientes para la revolución... y un régimen fuerte para impedirlo

El país se encuentra en un momento complicado, entre las demandas de cambio de gran parte de su población y la reacción de la línea dura. Es el momento más peligroso para un estado autoritario

Foto: Protesta de exiliados iraníes en Los Angeles, el 3 de enero de 2018. (Reuters)
Protesta de exiliados iraníes en Los Angeles, el 3 de enero de 2018. (Reuters)

El comentario más revelador sobre lo que está pasando en Irán en este momento fue escrito hace 162 años. En su libro sobre la Revolución Francesa, Alexis de Tocqueville dijo: “Las revoluciones no se producen siempre por un declive gradual desde lo malo hasta lo peor. Naciones que han sufrido paciente y casi inconscientemente la opresión más abrumadora de repente estallan en una rebelión contra el yugo en el momento en el que empieza a aligerarse. El régimen que resulta destruido por una revolución es casi siempre una mejora sobre su predecesor inmediato, y la experiencia enseña que el momento más crítico para un mal gobierno es aquel que ve sus primeros pasos hacia la reforma”.

¿Por qué estas protestas se están produciendo en Irán y no en, digamos, Corea del Norte? Esa es la pregunta a la que Tocqueville nos responde.

La relación enormemente antagónica entre Washington y Teherán hce que sea fácil olvidar que Irán hoy es más abierto que muchos otros países en Oriente Medio. Comparen el estatus de las mujeres y las minorías en Arabia Saudí e Irán, y verán que realmente no hay comparación. Y en años recientes, Irán ha dado pasos hacia una mayor apertura, aunque ha menudo han sido revertidos a medida que los partidarios de la línea dura vencen a los reformistas en lo que es todavía un régimen generalmente represivo.

Durante las últimas dos décadas, el país ha elegido frecuentemente a presidentes opuestos al 'establishment' de línea dura. En 1999 eligió a Mohamed Jatamí, que ahora está bajo arresto domiciliario. Entonces llegó Mahmud Ahmadineyad, cuya retórica y maneras radicales enmascaraban el hecho de que era alguien ajeno a las filas del régimen de mulás que ha gobernado Irán desde 1979. Ahmadineyad era un político avispado y sin credenciales teológicas, y por lo tanto era considerado una amenaza al mantenimiento del poder por parte de los clérigos. Hoy, la nación tiene otro presidente reformista, Hasan Rohaní, que ha sido elegido dos veces, la segunda con una aplastante mayoría. El aparato duro de Irán ha trabajado activamente para minar la agenda reformista de Rohaní. De hecho, algunos observadores serios del país especulan que las protestas han sido orquestadas por los 'halcones', que las usarán para justificar una ola de represión y un cese total de la reforma.

Estudiantes iraníes de intercambio en Italia protestan en Roma durante el Movimiento Verde de 2009. (Reuters)
Estudiantes iraníes de intercambio en Italia protestan en Roma durante el Movimiento Verde de 2009. (Reuters)

El Movimiento Verde de 2009 es una ilustración de las tesis de Tocqueville. Se produjo solamente porque el país celebró elecciones, complementadas con debates, candidados con visiones contrapuestas y voto secreto. El proceso elevó las esperanzas de muchos iraníes, que resultaron profundamente decepcionados cuando, al final, se creyó que las elecciones habían sido amañadas y el candidato más orientado a la reforma fue derrotado. En Egipto hoy, nadie espera unas verdaderas elecciones, así que cuando el general Abdelfatah Al Sisi gana con el 97% de los votos, nadie protesta.

“Los abusos de los que se acusaba al gobierno francés no eran nuevos, pero sí la luz a la que se veían”, escribió Tocqueville. “Había habido más faltas indignantes en la parte financiera en un período anterior, pero desde entonces se habían producido cambios, tanto en el gobierno como en la sociedad, que hizo que se sintieran más intensamente que antes”. De modo similar, la economía iraní ha sido siempre un caos disfuncional, una mezcla tóxica de autarquía, socialismo de estado y corrupción. Pero en los últimos años, las expectativas de la gente se habían elevado por las promesas de los reformistas, la expectación de que se levantarían las sanciones y el conocimiento de la vida fuera de Irán. De hecho, las protestas fueron desatadas por una serie de reformas económicas.

El inteligente libro de Ian Bremmer de 2006, “The J Curve”, argumentó que algunos países son estables porque son cerrados -Corea del Norte y Bielorrusia, por ejemplo- mientras que otros son estables porque son abiertos, como EEUU y Japón. Los primeros se blindan contra los vientos de la globalización; los segundos son lo suficientemente flexibles y resilientes para adaptarse a esas fuerzas. El período más difícil es cuando un país está pasando de estar cerrado a estar abierto. Si el régimen es sabio y estratégico podría ser capaz de reformarse lo suficiente para capear esta espinosa transición. Pero hay otros dos caminos más probables: el caos produce un regreso a la represión o un colapso del estado.

Irán tiene los ingredientes para una revolución. Más de la mitad de la población es menor de 30, muchos jóvenes están educados pero desempleados, casi 50 millones de iraníes tiene smartphones con los que pueden aprender sobre el mundo, y los reformistas han elevado constantemente las expectativas pero nunca han cumplido sus promesas. Pero el régimen también tiene instrumentos de poder, ideología, represión y clientelismo, todo lo cual está listo para ejercerse para mantener el control. Lo que parece probable para Irán es un período de inestabilidad, en un Oriente Medio ya volátil.

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