¿Hay alguien prestando atención a China?

La eliminación del límite de mandatos permitirá a Xi Jinping convertirse en presidente de por vida. Se trata del mayor cambio político en el país en 35 años, y sus consecuencias serán enormes

Foto: El presidente chino Xi Jinping durante una sesión en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, el 3 de marzo de 2018. (Reuters)
El presidente chino Xi Jinping durante una sesión en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, el 3 de marzo de 2018. (Reuters)

En medio del revuelo de noticias sobre la dimisión de Hope Hicks (la directora de comunicación de Donald Trump) y el rechazo de la acreditación de seguridad de Jared Kushner (el yerno del presidente y asesor al cargo de múltiples asuntos internacionales), y el ‘reality show’ del propio Trump en el debate sobre las armas, sería fácil perderse lo que está pasando en China. Pero es importante y va a tener enormes consecuencias. China está llevando a cabo el cambio más significativo en su sistema político en 35 años. ¿Qué impacto tendrá esto en China y en el mundo? Esa es la pregunta que cualquier político, ejecutivo de negocios e inversor debería estar haciéndose.

A Deng Xiaoping se le recuerda generalmente como el hombre que inició las reformas económicas de China. Pero tal vez más importantes fueron sus reformas políticas. Tomó un sistema que había sido predominantemente dominado por un solo hombre, Mao Zedong, y lo institucionalizó. Quizá la transformación de mayor calado tuvo lugar en 1982, cuando el Partido Comunista Chino escribió en la constitución del país que su presidente y vicepresidente no podían ejercer más de dos mandatos consecutivos. Eso convirtió a China en algo único: una dictadura con límites de mandato. En la mayoría de los regímenes autoritarios, el gobernante acumula poder y con el paso de los años se vuelve más arrogante, corrupto e impune. Eso no era posible en el sistema chino, que limitaba los poderes del individuo y se enfocaba en lo colectivo, el partido.

El modelo único de China también provocó un milagro económico. El país ha tenido tres décadas de selección y promoción meritocrática dentro del Partido Comunista, una planificación a largo plazo bien pensada y unas políticas de crecimiento económico inteligentes. Desde 1978, el PIB de China ha crecido a una asombrosa tasa anual de casi un 10%, que el Banco Mundial califica de “la expansión sostenida de una gran economía más rápida de la historia”. Durante décadas, China parecía estar institucionalizándose más. Deng había gobernado como líder supremo, tomando su poder más de lo que sucedía entre bambalinas que de ninguno de los cargos que ejercía. Su sucesor, Jiang Zemin, ostentaba todos los cargos clave mientras estuvo en el poder. Después de sus dos mandatos como presidente, siguió liderando la Comisión Militar Central durante otros dos años e incluso después siguió siendo influyente de un modo informal. Cuando el sucesor de Jiang, Hu Jintao, acabó sus dos mandatos como presidente, simultáneamente dejó la posición que ostentaba en la jefatura del ejército y perdió casi todo el poder de golpe.

Pero ahora esa tendencia ha sido revertida. Si se eliminan los límites al número de mandatos, lo que es casi seguro, Xi Jinping podría permanecer como presidente de China, secretario general del Partido Comunista y jefe de la Comisión Militar Central durante el resto de su vida. Y sólo tiene 64 años.

Murales con las fotos de Xi Jinping y Mao Zedong en una calle de Shanghai, el 26 de febrero de 2016. (Reuters)
Murales con las fotos de Xi Jinping y Mao Zedong en una calle de Shanghai, el 26 de febrero de 2016. (Reuters)

Xi ha sido un líder fuerte para China. Ha atajado dos de los principales problemas de la nación, la corrupción dentro del PCCh y la contaminación provocada por el rápido crecimiento de China. Estos esfuerzos han sido muy populares en el país. Sin embargo, no ha hecho frente a otros desafíos cruciales para China: unas reformas económicas largamente aplazadas y la reducción de sus crecientes niveles de deuda. Los partidarios de Xi afirman que la consolidación de su poder le permitirá dar estos difíciles pasos y empezar la siguiente fase de reformas.

El verdadero desafío para China, sin embargo, no tiene que ver con las políticas económicas de Xi. Ha sido reticente a aplicar medidas duras e impopulares, pero también lo son la mayoría de los gobiernos en todas partes, democráticos o dictatoriales (¿ha hecho algo EEUU sobre su deuda en rápido crecimiento?). El verdadero peligro es que China está eliminando quizás la barrera central en un sistema que proporciona poderes descomunales a los líderes del país. ¿Qué significará eso, con el tiempo, para las ambiciones y apetitos de esos líderes? “El poder corrompe”, escribió Lord Acton en 1887, “y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Tal vez China evitará esta tendencia, pero ha estado generalizada a lo largo de la historia.

Bajo Xi, China se ha convertido en un país más ambicioso internacionalmente. Ya es la segunda mayor economía del mundo, la tercera que más fondos aporta a la ONU y proporciona más Cascos Azules que los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad juntos. El país ha estado consolidando y mejorando su ejército mientras dedicaba importantes recursos a extensos brazos culturales como el Instituto Confucio. Ha anunciado préstamos e inversiones –la Belt and Road Initiative- que, según algunas estimaciones, serán diez veces mayores que el Plan Marshal. Está decidida a liderar el mundo en áreas como la energía solar y eólica, los coches eléctricos y la inteligencia artificial.

Los expertos sobre China dicen que está entrando en una nueva era con un nuevo sistema. Tras la toma del poder por el Partido Comunista en 1949, tuvo unos 30 años de gobierno de Mao. A eso le siguieron otros 30 años de Deng y su sistema. Ahora está claro que estamos en la tercera era, que podrían ser 30 años de Xi. ¿Hay alguien en Washington que le esté prestando atención?

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