¿Existe una doctrina Trump en política exterior?

Para comprender qué hace Estados Unidos en el mundo, hay que analizar el pensamiento de John Bolton, un conservador que tiene una visión oscura del ser humano

Foto: John Bolton y, al fondo, Donald Trump. (Reuters)
John Bolton y, al fondo, Donald Trump. (Reuters)

Entender la política exterior de Donald Trump es todo un reto, ya que él ha escrito y dicho muy poco sobre el tema a lo largo de su vida. Entonces, ¿cómo se puede hablar de su forma de entender el mundo? ¿Existe una Doctrina Trump?

Michael Anton, un antiguo alto cargo de seguridad nacional, cree que sí. Lo explica en un reciente artículo en 'Foreign Policy'. La doctrina Trump es sencilla, según Anton: "Coloquemos todos nuestros países primero, seamos sinceros y reconozcamos que no hay nada de qué avergonzarse". Sin embargo, tal y como contesta Daniel Larison en la 'American Conservative', "eso no es una doctrina. Es una balidad". ¿Qué país no pone sus intereses por delante? ¿Qué presidente ha preferido dar preferencia a los intereses globales sobre los estadounidenses?

Anton subraya que cierto tipo de conservadurismo nacionalista está en en el corazón de la visión del mundo de Trump. Y, más importante - porque pocas veces Trump es consistente y él podría cambiar de ideas mañana-, refleja la visión del hombre que está más cerca de Trump en política exterior: el asesor de Seguridad Nacional John Bolton.

Bolton ha sido descrito de varias formas: un neoconservador, un paleoconservador o un halcón conservador. Pero él simplemente es un conservador en el sentido más antiguo y clásico de la palabra: alguien que tiene una visión oscura de la humanidad. Tal y como dijo un funcionario de la administración al New Yorker, Bolton cree que la famosa descripción del mundo y del ser humano de Thomas Hobbes se aplica perfectamente a las relaciones internacionales y al mundo: desagradable, brutal y pequeño.

Para que Estados Unidos pueda protegerse a sí mismo y proyecte poder, Estados Unidos debe ser agresivo, unilateral y militante, según Bolton. En ese sentido, parece compartir la imagen del mundo que acompañaba a Richard B. Cheney, quien después del 11 de Septiembre habló de la necesidad de "trabajar... en el lado oscuro" y "usar cualquier medio a nuestra disposición para, básicamente, lograr nuestro objetivo".

Reviviendo la doctrina Monroe

En el 'establishment' de política exterior algunos creen que una Rusia vengativa es una gran amenaza a los Estados Unidos. Otros se preocupan por el auge de China o una Irán fanatizada. Para Bolton, es todo eso y más. Él ha advertido en varias ocasiones de forma pesimista sobre la amenaza mortal que han impuesto sobre Estados Unidos Cuba, Libia, Siria y, por supuesto, Iraq. Fan de cualquier cambio de régimen desde siempre, recientemente apodó a Cuba, Venezuela y Nicaragua el "triángulo del terror" y dijo que "Estados Unidos espera que todas las esquinas del triángulo caigan". Parece que quiere que caigan no para llevarles a una era de democracia, sino porque se resisten al poder e influencia de EEUU. "La doctrina Monroe está vivita y coleando", dijo Bolton al periodista del New Yorker Dexter Filkins. "Es nuestro hemisferio".

Este tipo de conservadurismo piensa que los intereses nacionales deben impulsarse no porque sean virtuosos -respecto a la libertad y democracia - sino porque son los nuestros. Esta visión conduce a un chauvinismo cultural y puede transformarse fácilmente en racismo.

Kiron Skinner, una alto cargo del Departamento de Estado, explicó que el reto de enfrentarse a China supone que es por primera vez "una superpotencia competidora que no es caucásica". Y añadió: "La competición con la Unión Soviética era, de alguna forma, una lucha dentro de la familia occidental".

China, un leninismo de mercado

¿Por dónde empezar? La guerra fría era una lucha existencial porque la Unión Soviética pensaba que su ideología era superior en la forma de organizar la economía, la política y la sociedad y la quería imponer en el resto del mundo. Por eso mismo se le llamaba "totalitaria". El ascenso de China al poder es el proceso estándar según el cual una nueva superpotencia económica trata de encontrar su lugar en el panorama internacional. El sistema chino, de forma accidental, es una gran mezcla de dos ideas occidentales: el capitalismo y el comunismo -Adam Smith y Karl Marx-. El periodista del 'New York Times' Nicholas Kristof lo describió con gran atino como "leninismo de mercado".

Según la lógica de Skinner, nosotros teníamos más en común con la ideología de Adolf Hitler que con la de los chinos... porque los nazis eran caucásicos, algo que es falso y moralmente grotesto.

El problema más práctico que tiene la visión del mundo de Cheney y Bolton es que es errónea. El mundo ni es desagradable, ni es salvaje ni es demasiado pequeño. La vida ha mejorado a lo largo de los últimos 100 años. La violencia política - muertes por guerras, guerras civiles y terrorismo - se ha hundido. Y esto ha ocurrido, en gran parte, porque el ser humano también tiene genes que le ayudan a cooperar, a competir pacíficamente y a sopesar los costes de la guerra y sus beneficios.

La vida mejora porque también existen genes que nos ayudan a cooperar, a competir pacíficamente y a sopesar los costes de la guerra

Bolton dice que él podría invocar "el colorario de Roosevelt" en la Doctrina Monroe - que asegura que los Estados Unidos podrían usar su fuerza unilateramente en cualquier sitio del hemisferio occidental-. Si lo hace, ¿cuál sería el argumento contra Rusia si hace lo mismo en Ucrania, China en el Mar del Sur y otros países en Irán o en Yemen? Sin normas ni reglas, Estados Unidos debería impedir cualquier esfuerzo de este tipo o bien aceptar un mundo de anarquía y guerra. La firmeza nacionalista funciona... siempre y cuando seas el único que la practica.

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