Lo que el PP puede aprender del colapso (populista) del Partido Republicano en EEUU

Durante décadas, el conservadurismo fue la ideología dominante en el mundo occidental, liderada por Thatcher y Reagan. Ahora, ha colapsado silenciosamente ante el populismo

Foto: El presidente Donald Trump en una conferencia de prensa. (Reuters)
El presidente Donald Trump en una conferencia de prensa. (Reuters)

Sorprendentemente, la crisis actual del conservadurismo apenas ha producido libros que analicen qué ha sucedido exactamente con esta venerable doctrina política. Durante décadas, el conservadurismo ha sido la ideología dominante en el mundo occidental, liderada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Ahora, ha colapsado silenciosamente. El populismo del presidente Donald Trump se ha apoderado del Partido Republicano y la fiebre del Brexit ha consumido a los líderes conservadores del Reino Unido.

En medio de este embrollo aparece el libro ‘La sensibilidad conservadora’, de George F. Will. Durante mucho tiempo he admirado a Will, quien encarna el ideal del conservadurismo reflexivo e intelectual. Cuando estaba en la universidad, él ya era un miembro de la vida política e intelectual de Estados Unidos: columnista en The Post, comentarista habitual en televisión y autor de varios libros. Como editor de una revista universitaria, reuní el coraje de escribir a Will pidiéndole una entrevista, a lo que accedió. Eso fue hace 35 años y, desde entonces, mi admiración y respeto han permanecido intactos. Así pues, comencé ‘La sensibilidad conservadora’ con grandes expectativas.


El libro, como uno podría esperar, es profundamente erudito, lleno de ejemplos traídos de la historia y esclarecedoras citas de políticos y poetas. Will ha intentado perfilar los elementos básicos del credo conservador. El conservadurismo estadounidense, declara Will, no tiene casi nada que ver con el conservadurismo europeo, “que desciende, y en ocasiones está todavía contaminado, por elementos como el altar y el trono, la nostalgia de la sangre y la tierra, la irracionalidad y el tribalismo”. Parasafrea a Thatcher cuando señala que “las naciones europeas fueron construidas por la historia, Estados Unidos por la filosofía”.

El conservadurismo estadounidense, entonces, es un proyecto que intenta defender la filosofía original de los Padres Fundadores: el liberalismo clásico, que promueve un gobierno limitado y la veneración de la libertad individual.

Progresismo antiamericano

El contrapunto de esa tradición, según sostiene Will, es el progresismo, la filosofía articulada por Woodrow Wilson y más hábilmente ejecutada por Franklin D. Roosevelt. Nacido durante la industrialización del país tras la Guerra de Secesión, el progresismo considera que la sociedad requiere una acción colectiva emprendida por el gobierno como la mejor vía para lograr que los individuos florezcan económica, política y moralmente. Para Will, esta tradición ha minado los ideales de la fundación de EEUU, enervando el espíritu estadounidense y creando un país que es menos libre, menos autónomo y mal preparado para el anquilosamiento económico.

Pero el problema para el conservadurismo moderno es que, conforme el progresismo crecía en el siglo XX, paralelamente Estados Unidos se convertía en la nación más poderosa, productiva y dinámica del mundo. De hecho, después del 'New Deal' llegó el asombroso ‘boom’ estadounidense de los años 50 y 60. Después de ‘La Gran Sociedad’ (‘Great Society’ de Lyndon B. Johnson) vino la revolución de la información, que Estados Unidos ha dominado más que cualquier otro país.

El hecho es que, en 2019, Estados Unidos es todavía uno de los países más libres, dinámicos e innovadores del planeta. Si ese es el resultado de un siglo de políticas progresistas, ¿quizás necesitemos más?

Si ese es el resultado de un siglo de políticas progresistas, ¿quizás necesitemos más?

La paradoja del populista

El punto flaco fundamental del conservadurismo moderno es que ya no está seguro de si Estados Unidos es hoy una república en decadencia o una sorprendente historia de éxito. Esta confusión ha generado una crisis política entre los conservadores, que puede ayudar a explicar el ascenso de Trump.

Desde la década de 1930, los conservadores han estado prometiendo a sus simpatizantes el desmantelamiento de la agenda progresista. Han advertido sobre los peligros de mantener intacto el Estado del bienestar y han ridiculizado a sus líderes por fracasar en esta tarea crucial. Sin embargo, a pesar de la revolución de Reagan, la revolución de Newt Gingrich y la revolución del ‘Tea Party’, el Estado del bienestar se mantiene tan fuerte como siempre.

Los republicanos dominan casi todos los ámbitos de la política estadounidense, pero el Estado es más poderoso que nunca. ¿Debemos atribuir esto a su incompetencia? Es más probable que los conservadores sepan que el público realmente quiere un estado de bienestar y que un país moderno no podría funcionar hoy en día bajo algún experimento de fantasía libertaria. Por supuesto, nunca lo admitirían.


En cualquier caso, el resultado es que los líderes conservadores han dejado a sus bases permanentemente agraviadas, sintiéndose traicionadas y llenas de desconfianza hacia cualquier nueva promesa de campaña. En años recientes, conforme la fiebre crecía, los votantes conservadores se desesperaban por alguien que no hubiera jugado este juego de presentar el anzuelo para arrebatárselo después. Y hacia esta rabia se aproximó Trump, que fácilmente derrocó el viejo ‘establishment’ conservador y condujo la frustración con las élites en su camino a la Casa Blanca.

Will ha escrito un libro fascinante. Pero en su corazón es la misma saga de un Paraíso perdido que ha paralizado el conservadurismo moderno y dañado las políticas de Estados Unidos. Will se describe a sí mismo como “un ateo amable y de bajo voltaje”. Bueno, entonces seguramente sepa que nunca hubo realmente un Jardín del Edén.

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