El gran despilfarro: EEUU podría comprar Suiza con lo que gasta en defensa en un año

El presupuesto de Defensa está fuera de control, carece de coherencia estratégica, está mal administrado... Y, sin embargo, se sigue ampliando con el beneplácito de demócratas y republicanos

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Se escucha a menudo en estos tiempos polarizados que republicanos y demócratas están en un punto muerto en casi todo. Pero el verdadero escándalo es en lo que ambas partes están de acuerdo. Y el mejor ejemplo de esto es el presupuesto en Defensa.

La semana pasada, el Congreso, que según los republicanos está lleno de radicales, votó para asignar 733.000 millones de dólares para gastos de Defensa en 2020 -aproximadamente el Producto Interno Bruto (PIB) de Suiza. Los republicanos están indignados porque ellos, junto con el presidente Donald Trump, quieren que esa cifra sea de 750.000 millones. En otras palabras, en la partida más grande de gastos discrecionales del presupuesto federal, que representa más de la mitad del total, los demócratas y los republicanos están divididos por un 2,3%. Ese es el consenso podrido en Washington hoy.

El presupuesto de Defensa en Estados Unidos está fuera de control, carece de coherencia estratégica, está mal administrado, es despilfarrador hasta la ruina y, sin embargo, se sigue ampliando eternamente. El año pasado, después de un cuarto de siglo de resistencia, el Pentágono finalmente aceptó someterse a una auditoría interna que, al estilo de lo usual en el Pentágono, costó más de 400 millones de dólares. La mayoría de sus agencias (Ejército, Marina, Fuerza Aérea, Cuerpo de Marines) suspendieron. "Nunca esperamos aprobar", admitió el entonces subsecretario de Defensa Patrick Shanahan.

El Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán ha identificado un despilfarro de 15.500 millones de dólares. Pero esto después de revisar solo 53.000 millones de los 126.000 millones asignados para la reconstrucción de Afganistán durante 2017. Escribió en una carta de 2018: "Probablemente hemos descubierto solo una parte del total de derroches, fraudes, abusos y esfuerzos fallidos".

Fuera de zonas de guerra, tenemos los ejemplos habituales de tapas de inodoros por 14.000 dólares, vasos de 1.280 dólares (sí, vasos) y 4,6 millones en comidas con cangrejos y langostas. ¿Se acuerdan de cuando el entonces secretario de Defensa Robert Gates destacó que el Pentágono tenía tantas personas en bandas militares como el Departamento de Estado oficiales activos del Servicio Exterior? Bueno, sigue siendo cierto.

El presupuesto de Defensa está fuera de control, carece de coherencia estratégica, está mal administrado y es despilfarrador hasta la ruina

El presidente Trump dice que es un hombre de negocios inteligente. Sin embargo, su actitud hacia el Pentágono es la de un padre indulgente. "Amamos y necesitamos a nuestros militares y les dimos todo, y más", tuiteó el año pasado. Lejos de aportar racionalidad a los gastos de Defensa, simplemente les abrió la hucha mientras intentaba recortar gastos en casi todas las demás agencias gubernamentales. El Pentágono es la agencia gubernamental con una fiscalidad más irresponsable, pero la respuesta de los republicanos ha sido simplemente darle más.

Un mundo más peligroso

Un peligro mucho más profundo es, sin embargo, el que destaca Jessica Tuchman Mathews en un magnífico ensayo en la ‘New York Review of Books’. Mathews señala que tendemos a pensar en el presupuesto de Defensa como un porcentaje del producto interior bruto del país, algo que es fundamentalmente erróneo. El presupuesto de defensa debería estar relacionado con las amenazas que enfrenta el país, no con el tamaño de su economía. Si el PIB de un país crece un 30%, escribe, "no hay ningún motivo por el que gastar un 30% más en temas militares. Por el contrario, a menos que las amenazas empeoren, uno esperaría que, con el tiempo, el gasto en Defensa como porcentaje de una economía en crecimiento debería disminuir".

Los Estados Unidos se enfrentan a un mundo fluctuante, eso seguro, pero desde luego no un mundo más peligroso que durante la Guerra Fría. Estados Unidos hoy día gasta más que otros los 10 países con mayor gasto militar juntos, seis de los cuales son aliados cercanos: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón, Arabia Saudí y Corea del Sur. Y las amenazas reales del futuro (guerra cibernética, ataques espaciales) requieren diferentes estrategias y gastos. Sin embargo, Washington sigue gastando miles de millones en portaaviones y tanques.

Las amenazas reales del futuro requieren estrategias y gastos diferentes

Hay aún más preguntas fundamentales sobre la estructura del Pentágono. ¿Por qué tenemos una Fuerza Aérea si el Ejército, la Armada y la Infantería de Marina tienen sus propias fuerzas aéreas? ¿Por qué cada servicio tiene sus propios representantes para, esencialmente, hacer ‘lobby’ en Congreso? Cuando Donald H. Rumsfeld era secretario de Defensa a principios de la década de 2000 intentó forzar cierta coherencia en el departamento (un legado que se vio opacado por su desastroso manejo de la guerra de Irak), pero fue superado por las maniobras del Pentágono y el Congreso. "Dices que hay que cerrar bases innecesarias", le espetó el representante Rob Simmons (coronel retirado), para añadir: "Solo tengo una base y la necesito". Multiplique esta respuesta por los 535 miembros del Congreso para comprender la profundidad del problema.

Dwight D. Eisenhower era el tipo de republicano que tenía un escepticismo pragmático sobre el gobierno. Era el tipo de general experimentado que entendía que la paz provenía de una combinación de fuerza militar y compromiso diplomático. Fue por eso que en su discurso de despedida presidencial habló sobre los peligros del "complejo militar-industrial". Casi 60 años después, parece una de las advertencias más proféticas que un presidente haya hecho jamás.

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