¿Y si Xi Jinping fue 'Trump' antes de Trump? China añora los "buenos viejos tiempos"

Xi ha roto con el pasado reciente de China: más Estado en la economía, más control político y la represión, y más maoísmo. ¿Qué explica este paso atrás?

Foto: Presidente chino Xi Jinping durante el desfile militar de octubre. (Reuters)
Presidente chino Xi Jinping durante el desfile militar de octubre. (Reuters)

El presidente Donald Trump finalmente pudo ver el desfile militar que tanto anhelaba. Por desgracia para él, fue en Pekín y no en Washington. Muchos recordarán que, en 2018, Trump ordenó al Pentágono organizar una fastuosa exhibición marcial para demostrar el poder de Estados Unidos. Cuando la noticia de su costo se divulgó -un estimado en 92 millones de dólares- desechó del plan y se conformó con un evento mucho más modesto el pasado 4 de julio.

El presidente Xi Jinping no enfrenta tales obstáculos. Su espectáculo para conmemorar los 70 años de la República Popular (y comunista) de China, con cientos de tanques, vehículos, aviones y hasta un misil con capacidad nuclear que podría evadir las defensas antimisiles estadounidenses resultó atronador. Mientras Xi inspeccionaba las tropas, gritó: "¡Hola, camaradas!" Ellos respondieron: "¡Hola, líder!".

Trump seguramente sintió envidia. En un raro gesto de generosidad y amistad con China, tuiteó sus felicitaciones.

Xi ha logrado una ruptura sorprendente con el pasado reciente de China. Desde que asumió el poder en 2012, el mandatario ha incrementado de muchas maneras el papel del Estado en la economía, ha reforzado el control político y la represión, y ha abrazado un renacimiento del maoísmo. ¿Qué explica este paso hacia atrás?

El poder de los buenos viejos tiempos

Politólogos de la Universidad de Pittsburgh y de la Universidad de Michigan recientemente realizaron 77 entrevistas en profundidad con ciudadanos chinos y concluyeron que algunos realmente anhelan “los buenos viejos tiempos”. En su informe, "Comprender la ‘Memoria Roja’ en la China contemporánea", los académicos describen el fenómeno como una "nostalgia reflexiva" por épocas pasadas y más simples, antes de que el vertiginoso ritmo de crecimiento y globalización produjera un torbellino de cambios que afectó todos los aspectos de la sociedad china. Por decirlo de otra manera, algunos chinos anhelan “hagamos China grande de nuevo”.

El resurgir de la celebración de la ideología, las canciones y las doctrinas de la era Mao ha sorprendido a muchos occidentales como algo extraño. Mao Zedong, después de todo, sumió a China en algunas de sus crisis más profundas, desde ‘El Gran Salto Adelante’ hasta la ‘Revolución Cultural’, matando y expulsando de sus casas a decenas de millones de chinos.

Pero el Partido Comunista parece haber reconocido que, en tiempos de cambio constante, abrazar la nostalgia puede ser extremadamente útil. Hace una década, el líder del partido, Bo Xilai, organizó movilizaciones masivas en las que se cantaban canciones revolucionarias patrióticas que lo llevaron a ser expulsado del partido y encarcelado. Pero Xi ha emulado su enfoque.

En un nuevo libro, 'Las nuevas guardias rojas de China: el retorno del radicalismo y el renacimiento de Mao Zedong', Jude Blanchette argumenta que no hemos comprendido las profundas divisiones internas abiertas en el seno del Partido Comunista Chino en las últimas décadas. Muchos están descontentos con la dirección cada vez más capitalista del país.

"El partido", escribe, "habiendo estudiado bastante el declive soviético, se siente expuesto en su flanco izquierdo. Y la forma más efectiva de cuestionar a Pekín aún es señalar la distancia entre sus aspiraciones socialistas y las realidades del capitalismo de Estado autoritario". De hecho, Xi ha dicho que una de las principales razones por las que se derrumbó el comunismo soviético fue que el partido repudió a sus líderes e ideologías anteriores.

El Estado soy yo

Un aspecto central del renacer maoísta de China ha sido el regreso al culto a la personalidad. En los primeros años de mandato, Xi cultivó la imagen de "papá Xi". Desde entonces, abrió la posibilidad a presentarse indefinidamente a la reelección eliminando los límites a los mandatos, estableció su propio "pensamiento" como comparable a la filosofía de Mao y prescindió de la idea del liderazgo colectivo.

Todo esto marca un cambio sorprendente de la visión de Deng Xiaoping para China. Deng, quien inició las reformas de la década de 1980 que crearon la economía moderna de China, una vez dio un par de entrevistas extraordinariamente sinceras a la legendaria periodista italiana Oriana Fallaci. En ellos, elogió a Mao, pero reconoció abiertamente sus mayores fracasos, incluidos ‘El Gran Salto Adelante’ y la 'Revolución Cultural'.

Cuando Fallaci le presionó sobre por qué algo así no volvería a suceder, Deng dijo que eran producto del culto a la personalidad de Mao, su insistencia en nombrar a su propio sucesor y su mandato de por vida. Deng explicó que nada de eso se permitiría en la nueva China. Xi ha ignorado las advertencias de Deng.

Los estadounidenses tienden a ver a China como un monolito, una imagen alentada por el Partido Comunista y sus grandes desfiles. En realidad, es una sociedad vasta y compleja que está atravesando una gran transformación. Xi está tratando de mantenerla unida y, al mismo tiempo, conservar el control sobre una sociedad dinámica sin provocar una reacción violenta. Es por eso que, con todo el poder militar en exhibición, Xi ha sido cauteloso en usarlo para sofocar los disturbios en Hong Kong.

Las sociedades lo suficientemente seguras como para criticar implacablemente a sus líderes, investigar a sus presidentes, burlarse de los desfiles militares y examinar honestamente su pasado pueden parecer desordenadas, caóticas y divididas. Pero tal vez, a la larga, tengan una resistencia y estabilidad más profundas.

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