Trump no tiene ni idea de qué está haciendo en Siria (ni en el resto del mundo)

El sello distintivo de la política exterior de Trump es el desdén por los expertos y profesionales y la falta de interés en la historia o las políticas anteriores

Foto: Donald Trump. (EFE)
Donald Trump. (EFE)

¿Ha habido alguna vez una decisión en política exterior que haya generado más crisis más rápidamente? Independientemente de si el alto el fuego se mantiene (los turcos lo describen como "una pausa" en sus operaciones), el presidente Trump ha permitido que Turquía desate sus fuerzas en Siria, abandonando a los kurdosirios y dando mayor poder al presidente sirio Bashar al-Assad, al presidente ruso Vladímir Putin y a la República Islámica de Irán. Trump estaba cumpliendo los deseos de Turquía, pero ahora también ha envenenado las relaciones de Estados Unidos con ese país. Ha golpeado a Ankara con sanciones y amenazó con "borrar y destruir totalmente" la economía de Turquía. El ejército estadounidense tuvo que bombardear sus propias reservas de armas para evitar que cayeran en las manos equivocadas y evacuar por aire a sus tropas mientras las fuerzas de Turquía -un aliado en la OTAN- avanzaban en la operación.

Los aliados de Washington en la región se han quedado estupefactos por el movimiento; los republicanos en Washington, que normalmente apoyan servilmente al presidente, lo han denunciado con dureza; y los soldados estadounidenses han expresado su profunda repulsión por la traición a los kurdos. El 9 de octubre, Trump instó a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, a no invadir Siria, en una carta tan mal escrita que muchos inicialmente pensaron que era una parodia. Erdogan comenzó la operación de todos modos.

Los movimientos de Trump en Siria son parte de una estrategia política en Oriente Medio que, como explica Martin Indyk en la revista 'Foreign Affairs', es un completo caos. Indyk, quien ha ocupado prácticamente todos los puestos de alto nivel en lo que se refiere a Oriente Medio en el gobierno de EEUU, describe cómo, caso tras caso, la Administración Trump ha prescindido de expertos regionales, ha revertido políticas que venían de lejos y asumió que su enfoque "sin ningún tipo de conocimiento previo" generaría nuevos e innovadores resultados. "De hecho", dice Indyk, la administración "entiende tan poco acerca de cómo funciona realmente Oriente Medio que sus torpes esfuerzos han sido un fracaso en todos los ámbitos. Como tan a menudo en el pasado, los cínicos grupos locales están manipulando a un ignorante ‘outsider’, avanzando sus agendas personales a costa de los cándidos estadounidenses".

Indyk continúa: "En sus casi tres años de mandato, Trump no tiene nada que enseñar que demuestre sus esfuerzos para contrarrestar a Irán o promover la paz en Oriente Medio. En realidad, sus políticas han avivado el conflicto entre Irán e Israel, alienado a los palestinos, apoyado una guerra sin fin y una crisis humanitaria en Yemen, y provocado una división en el Consejo de Cooperación del Golfo, posiblemente de forma permanente".

Trump entiende tan poco acerca de cómo funciona realmente Oriente Medio que sus torpes esfuerzos han sido un fracaso en todos los ámbitos

Su política con respecto a Siria parece particularmente desquiciada, pero en realidad es parte de un patrón de decisiones erráticas en todas partes. El enfoque inicial de Trump hacia Corea del Norte fue enviar tres portaaviones cerca de sus fronteras y amenazar con "fuego y furia como el mundo nunca había visto". En cuestión de meses, se estaba reuniendo con Kim Jong Un, a quien elogió profusamente, y anunció que estaban "enamorados". Canceló los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur, alegando que de todos modos eran demasiado caros, y parecía dispuesto a retirar las tropas estadounidenses del país. Debido a que Corea del Norte nunca correspondió realmente con ninguna concesión, la historia de amor parece estar en suspenso.

La política hacia Irán es igualmente errática. Pasando por encima de sus secretarios de Estado y de Defensa, se retiró del acuerdo nuclear con Irán y luego aumentó la presión sobre Irán al endurecer las sanciones y designar a su Guardia Revolucionaria como un grupo terrorista. Teherán ha respondido violando algunas de las restricciones nucleares del acuerdo y repartiendo golpes a diestro y siniestro en todo el Oriente Medio: derribando un avión no tripulado estadounidense, atacando petroleros en el Golfo Pérsico e instalaciones petroleras sauditas. Ante esa respuesta, Trump se negó a tomar represalias militarmente e incluso coqueteó con la posibilidad de reunirse con el presidente de Irán. De hecho, las tensiones continúan aumentando sin una resolución a la vista.

El sello distintivo de la política exterior de Trump es el desdén por los expertos y profesionales y la falta de interés en la historia o las políticas anteriores. Cuando se le pidió durante la campaña que nombrara expertos a quienes consultó sobre su política exterior, respondió: "Mi consultor principal soy yo mismo". Sus movimientos en política exterior que estamos viendo desde Ucrania hasta Oriente Medio son una consecuencia directa del triunfo de las corazonadas sobre el cerebro, de la emoción sobre la inteligencia y la ambición personal sobre el interés nacional. Y parte del viraje en las últimas semanas ha sido la rebelión de los expertos, finalmente hartos del desastre.

Trump: "Mi consultor principal soy yo mismo"

Al ver la debacle de Siria, uno no puede evitar pensar en la descripción de F. Scott Fitzgerald de los dos personajes ricos, arrogantes e intelectualmente poco curiosos de "El gran Gatsby". "Eran personas descuidadas, Tom y Daisy. Destrozaron cosas y criaturas y luego dieron marcha atrás de vuelta a su dinero o su gran descuido, o lo que sea que los mantuvo juntos, y permitieron que otras personas limpiaran el desastre que habían hecho".

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