Sí, hay noticias falsas en Facebook, pero no es cosa de Mark Zuckerberg arreglarlo

No quiero que Mark Zuckerberg decida qué discurso es legítimo. Quiero que el gobierno establezca parámetros para él y otras compañías tecnológicas

Foto: El CEO de Facebook, Mark Zuckerberg. (Reuters)
El CEO de Facebook, Mark Zuckerberg. (Reuters)

Hay hoy día un creciente consenso sobre que Mark Zuckerberg debe salvar la democracia estadounidense. Gente desde la senadora Elizabeth Warren hasta Aaron Sorkin exigen que Facebook deje de publicar publicidad política obviamente falsa. Entonces, permítanme plantear una pregunta: ¿Estarían todos tan cómodos si la persona que decide qué constituye una noticia real vs. una noticia falsa no fuera Zuckerberg sino Rupert Murdoch?

No es una fantasía. En 2005, News Corp. compró MySpace, entonces la red social líder en el planeta. Si las cosas hubieran funcionado de manera diferente, sería Murdoch o una banda de expertos de Fox News quienes tendrían que determinar qué sería o no un discurso político legítimo. ¿Todavía cómodo?

Estas decisiones de verificación de hechos, el 'fact-checking', no son tan simples como parecen. Tomemos por ejemplo el anuncio de la campaña de Trump que se publicó recientemente en Facebook y que provocó un furioso rechazo. Hacía tres afirmaciones: durante la administración de Obama, el gobierno de EEUU prometió a Ucrania mil millones de dólares en ayuda. El entonces vicepresidente Joe Biden amenazó con retener esa ayuda a menos que un funcionario clave anticorrupción ucraniano fuera despedido (que lo fue). Finalmente, que Biden quería ese despido porque el funcionario estaba investigando una compañía asociada con su hijo Hunter.

Aquí está ahora la dificultad. Las dos primeras afirmaciones son hechos innegables.

En cuanto a la tercera, el exfuncionario ucraniano, Viktor Shokin, presentó una declaración jurada ante un tribunal europeo afirmando que fue despedido por investigar a la empresa de Hunter Biden. Pero, ¿es verdad?

No. Es casi seguro que Shokin está mintiendo porque, para él, es una mejor explicación para su despido que la más plausible: que él mismo era ampliamente considerado corrupto. Entonces, la afirmación del presidente Trump es casi ciertamente falsa, pero ese es mi juicio, basado en mi comprensión de los hechos y el contexto.

Las cadenas de radiodifusión no pueden censurar los anuncios políticos porque hacerlo se consideraría una infracción de la libertad de expresión en sus grandes plataformas públicas. Las compañías de cable como CNN (donde trabajo) no están reguladas de la misma manera y, por lo tanto, pueden tomar sus propias decisiones. Facebook, por supuesto, es una plataforma más grande que todas las redes combinadas. Ahora sirve como una especie de plaza pública mundial, y debería estar abierta al discurso político.

Las críticas a Facebook son variadas, y muchas de ellas, válidas. Ha sido demasiado laxo al permitir e incluso promover mensajes incendiarios que terminan provocando violencia, como en países como Myanmar y Sri Lanka. También actúa como un cuasimonopolio, ahogando a la competencia, que es un asunto aparte.

Muchos argumentan que Zuckerberg está siendo deshonesto cuando afirma que Facebook es una plataforma neutral, abierta a todas las opiniones por igual. En realidad, el algoritmo de Facebook promueve ciertos tipos de material sobre otros, lo que puede ayudar a difundir noticias falsas, exageraciones y mentiras. El algoritmo fomenta la implicación y la intensidad de las creencias.

Eso ayuda, por ejemplo, a los coleccionistas de sellos y amantes de los animales a obtener más contenidos de los que anhelan. Ayuda a los seguidores de Warren a ver el material que les gusta. Y ayuda a los votantes inclinados a Trump a ver las cosas que los entusiasman.

No quiero que Mark Zuckerberg decida qué discurso es legítimo. Quiero que el gobierno establezca parámetros para él y otras compañías tecnológicas

El verdadero problema es que Estados Unidos se ha polarizado profundamente, y cada parte quiere creer la peor calumnia y mentiras sobre la otra. Y sin lugar a dudas este fenómeno es mucho más frecuente en la derecha que en la izquierda. La situación con Facebook es un síntoma de este problema. Si Facebook no existiera, los partidarios de Trump escucharían la radio, verían Fox News y visitarían otros sitios web. Facebook acentúa el partidismo, más que causarlo.

Jeremy Weinstein, de la Universidad de Stanford, donde imparte una popular clase sobre “Ordenadores, ética y políticas públicas”, explica que "tiene muy poco sentido pensar que estas decisiones sobre qué discurso se permite y cuál no deben ser tomadas por directores ejecutivos, sobre los que no pueden caer responsabilidades públicas, a puerta cerrada en una sala de juntas corporativa. Las empresas se centran en su propio resultado final, que es mejor si maximizan el compromiso/apego a sus plataformas".

No quiero que Mark Zuckerberg decida qué discurso es legítimo. Quiero que el gobierno establezca parámetros para él y otras compañías tecnológicas en cuanto a sus obligaciones para lo que son cada vez más: grandes plataformas de noticias. Hay muchas buenas ideas por ahí. Invoque algo como la "doctrina de la equidad", que durante décadas requirió que las redes de transmisión incluyeran una variedad de puntos de vista en sus programas. Ellen L. Weintraub, presidenta de la Comisión Federal de Elecciones, tiene una sugerencia simple: que no se permita el ‘microtargeting’ (organizar anuncios para un segmento muy específico de la población), que aviva la división y la hostilidad, y a menudo está envuelto en secretismo.

Los estadounidenses se sienten abrumados en la era digital por el poder de los gigantes tecnológicos. Pero, argumenta Weinstein, desconfían aún más del gobierno que de las compañías tecnológicas. Quieren que Facebook regule la democracia estadounidense. Necesitamos lo contrario. La democracia estadounidense debería regular Facebook.

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