¿Por qué los candidatos demócratas no entusiasman (lo suficiente) a casi nadie?

La coalición Demócrata actual es poco diversa ideológicamente, pero el reto central sigue siendo juntarlos todos -y activarlos. Algo que todavía ningún candidato ha conseguido

Foto: Pete Buttigieg, candidato demócrata a la presidencia de EEUU. (EFE)
Pete Buttigieg, candidato demócrata a la presidencia de EEUU. (EFE)

Después de la debacle de los caucus de Iowa, la vieja cita atribuida a Will Rogers parece más que oportuna: "No soy miembro de ningún partido político organizado. Soy de los Demócratas".

De hecho, aquella coalición Demócrata, que englobaba a los segregacionistas del Sur, a los sindicalistas de clase trabajadora y los liberales del Norte solía ser uno de los puntos fuertes del partido a nivel electoral. La coalición actual es mucho menos diversa ideológicamente, pero el reto central sigue siendo juntarlos todos -y entusiasmarlos, activarlos.

Las noticias más preocupantes de lo de Iowa para los Demócratas es que la participación electoral parece que ha sido muy por debajo de la de 2008, cuando Barack Obama sacó a la gente a las calles en números récord. La participación de 2020 se parece por el momento a la de 2016 -no un año que haya que imitar. Muchos Demócratas han fijado sus esperanzas en la oposición al presidente Trump para galvanizar al partido. Lo que ha pasado en Iowa sugiere que la energía negativa no es suficiente. La participación de los Republicanos, por el contrario, ha superado los récords anteriores en casos de un presidente que se presenta a la reelección, según el GOP de Iowa.

Pete Buttigieg ha señalado que cada vez que los Demócratas han ganado la Casa Blanca en los últimos 50 años, "ha sido con una figura de la nueva generación que no ha estado 'marinándose' en Washington durante mucho tiempo".

"Cada vez que hemos intentado ir con una figura segura, consolidada, llevo-aqui-durante-mucho-tiempo", dijo Buttigieg GQ en noviembre, "nos quedamos cortos".

Es una conclusión razonable. Jimmy Carter, Bill Clinton y Obama ganaron. Hubert Humphrey, Georg McGovern, Walter Mondale, Al Gore, John F. Kerry y Hillary Clinton perdieron. Michael Dukakis era también un 'outsider' que perdió, lo que nos sugiere que es una condición necesaria pero no suficiente.

"La derecha siempre vota"

Este patrón también dice algo distintivo del partido. Como señala el dicho, "los Demócratas se enamoran, los Republicanos se ponen a la cola". El Partido Republicano sigue siendo de algún modo un grupo disciplinado de gente enfocada en ganar. Pensemos en 2016, cuando casi todos los candidatos que se presentaban contra Trump pensaban que si finalmente ganaba las primarias, en palabras del senador Lindsey O. Graham (Carolina del Sur), "destruiría el partido". Una vez Trump logró la nominación, el partido se puso de su parte completamente, y todavía Trump mantiene un 94% de apoyo entre los Republicanos, según la encuestadora Gallup.

Los Demócratas, sin embargo, necesitan "enamorarse". Necesitan a alguien que los active, que los motive a salir a la calle en masa. Y esa persona tiene que sentirse como una figura transformadora, alguien que represente una nueva generación o un nuevo estilo de pensamiento. El problema con el argumento de Buttigieg no es que se equivoque en cuanto a lo que ha sucedido históricamente, sino que su propia candidatura, aunque singular y fresca, parece inspirar más a los Demócratas más mayores y blancos, en lugar de a los jóvenes y más diversos. La persona más atractiva para los jóvenes Demócratas sigue siendo Bernie Sanders.

Los problemas con Sanders son obvios. Estados Unidos no es ni de lejos tan de izquierdas como él es. Es fácil dejarse seducir por la idea de que él representa una nueva ola, que los jóvenes están más abiertos a sus ideas, que estamos entrando en un nuevo mundo en el que ideas de extrema izquierda una vez consideradas impensables sion ahora parte de la conversación general. Este mismo argumento esgrimió el líder del Partido Laborista Jeremy Corbyn y sus partidarios en las elecciones británicas del pasado diciembre, y el partido sufrió su peor derrota electoral desde 1935. No es solo en Reino Unido. El socialista francés Benoit Hamon empujó a su partido hacia la izquierda y solo obtuvo un 6% del voto en las elecciones presidenciales de 2017. La columnista del New York Times Anna Sauerbrey apunta que "en los países de Europa Occidental, los partidos socialdemócratas han pasado de lograr en general un tercio de los votos hacia mitad de la década de los 90 a en torno a un quinto de los votos en los últimos años".

Hay todo tipo de explicaciones para responder a por qué a la izquierda no le está yendo bien. La antigua base de votantes de clase obrera ha sido socavada. Muchos votantes jóvenes en Europa optan por partidos Verdes. Pero, sobre todo, me parece, es la realidad de que los asuntos clave de hoy día son identitarios. Principalmente, la inmigración. A pesar de la crisis financiera global, la gente no está abrazando soluciones más radicales de izquierda. En una era de incertidumbre y caos, no se están moviendo hacia la izquierda económicamente, sino hacia la derecha culturalmente. Cuando hay que elegir, el populismo de derechas casi siempre vence al populismo de izquierdas.

A pesar de la crisis financiera global, la gente no está abrazando soluciones más radicales de izquierda

Aquellos que han tenido éxito en este escenario tienden a ser políticos que llaman al centro y se siente frescos y auténticos: el francés Emmanuel Macron, el canadiense Justin Trudeau, el griego Kyriakos Mitsotakis. Otros países con partidos de izquierda en el poder, a veces en coalición, nos recuerdan que el escenario político es cimplicado y cambiante, y es difícil esbozar reglas o lecciones inequívocas.

Una enseñanza es clara, sin embargo. El candidato Demócrata de este año tiene que entusiasmar y activar a los votantes del partido y unir sus ramas izquierdista y centrista. Y nadie ha sido capaz de hacer eso todavía.

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