Es fácil culpar a Trump del fiasco con el Covid en EEUU... Pero hay mucho más detrás

Estados Unidos va camino de convertirse en el peor brote de la pandemia de coronavirus del mundo desarrollado

Foto: El presidente de EEUU, Dondald Trump. (Reuters)
El presidente de EEUU, Dondald Trump. (Reuters)
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Cuando una crisis golpea a Estados Unidos, el instinto general del país es “agruparse en torno a la bandera” y desear lo mejor a sus líderes. Eso es probablemente por que el presidente Donald Trump ha visto como crecía su ratio de aprobación, incluso a pesar de su irregular actitud con la pandemia. Pero en algún momento, los estadounidenses deberemos fijarnos en los hechos y reconocer una realidad incómoda. Estados Unidos está de camino a tener el peor brote de coronavirus entre los países desarrollados, principalmente por la inefectividad del Gobierno. Y este es el nuevo rostro del excepcionalismo estadounidense.

Estados Unidos tiene ahora el mayor número de casos de Covid-19 en el mundo, superando tanto a China como a Italia. La primera línea de defensa contra la enfermedad son los tests de diagnóstico. En esta medida de control clave, la experiencia de EEUU ha sido un fiasco: empezamos tarde, usando tests fallidos, y nunca hemos recuperado el ritmo del todo.

La afirmación de Trump de que "cualquiera que quiera un test puede tenerlo" es un timo cruel. El acceso a los tests sigue siendo mucho peor que en muchos países desarrollados. Su afirmación de que EEUU ha practicado tests a mucha más gente que Corea del Sur es una tontería, porque no tiene en cuenta que Corea del Sur tiene menos de un sexto de la población de Estados Unidos. Per cápita, Corea del Sur ha practicado cinco veces más tests que Estados Unidos, según los datos hasta este miércoles. Pero olvidémonos de Corea del Sur. Italia, un país no reconocido precisamente por el efectivo trabajo de su gobierno, ha practicado cuatro veces más tests per cápita que Estados Unidos.

Estados Unidos tiene escasez de todo -respiradores, mascarillas, guantes, trajes de protección- y no tiene ningún sistema nacional de emergencia que pueda proveer nuevos suministros de manera rápida. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, dice que su estado necesitará 40.000 camas de cuidados intensivos. Tiene solo 3.000. Eso significa que muchos pacientes simplemente morirán porque no tienen acceso al cuidado que está disponible en circunstancias normales. En apenas tres semanas que llevamos de pandemia, los trabajadores sanitarios están reutilizando mascarillas, cosiéndose unas y suplicando donaciones. En un agudo texto en The Atlantic, Ed Yong escribe: “Sin rumbo, letárgico y descoordinado, Estados Unidos ha gestionado muy mal la crisis del Covid-19; de peor manera de lo que ningún experto sanitario con el que he hablado había llegado a temer”.

Estados Unidos está hoy pagando el precio de décadas de recortes, de politizar las agencias independientes, de fetichizar el control local y de degradar y despreciar a los trabajadores y burócratas del gobierno

¿Por qué ha pasado algo así? Es fácil culpar a Trump, y el presidente ha sido un inepto desde el principio. Pero hay una historia mucho peor detrás de este fiasco. Estados Unidos está hoy pagando el precio de décadas de recortes, de politizar las agencias independientes, de fetichizar el control local y de degradar y despreciar a los trabajadores y burócratas del gobierno [central].

Esto no ha sido siempre así. Estados Unidos ha siempre premiado un limitado pero efectivo gobierno [central]. En ‘Federalist 70’, Alexandar Hamilton escribió: “Un gobierno mal ejecutado, sea cual sea la teoría, será, en la práctica, un mal gobierno”. El presidente Franklin D. Roosevelt creo la burocracia federal moderna, que ha sido notablemente austera y eficiente. En las últimas décadas, conforme el alcance del gobierno ha ido creciendo, la administración [central] se ha ido muriendo de inanición y haciéndose cada vez más disfuncional. En la década de 1950, el porcentaje de trabajadores civiles federales, comparados con el total de empleos, estaba por encima del 5 por ciento. Ha caído hasta el 2% hoy día, a pesar de que la población es el doble de grande y el producto interior bruto es siete veces mayor (ajustando la inflación).

Las agencias federales están cortas de personal y superadas de carga de trabajo, con montañas de regulaciones y mandatos y normas politizados, lo que deja a los funcionarios muy poco poder y margen de discreción. Las engorrosas reglas y burocracia de la Administración de Comidas y Drogas, que se han demostrado un gran problema en este caso, son solo un ejemplo de cientos. Paul Light, ul académico que ha estudiado durante largo tiempo este asunto, apunta que, bajo el presidente John F. Kennedy, el departamento de gabinete tenía 17 “capas” de jerarquía. Para cuando Trump llegó a la Casa Blanca, había el impresionante número de 71 capas. Ambos partidos políticos han contribuido al problema, convirtiendo al gobierno federal en una caricatura de la ineficiencia de la burocracia.

Muchas de esas disfuncionalidades se encuentran también en los niveles estatales y locales, con sus propias y más pequeñas agencias. El reto de crear una estrategia nacional se hace más complicado por la realidad de que el poder real sobre la salud pública descansa en los 2.684 sistemas tribales, locales y estatales, cada uno de ellos guardando celosos su independencia. Nos gusta celebrar el federalismo estadounidense como el florecimiento de la democracia local. Pero esta ‘colcha de retales’ de autoridades se está demostrando como una pesadilla a la hora de contener una epidemia que no conoce fronteras, y donde cualquier localidad con una débil respuesta permitirá a la infección seguir expandiéndose por todos lados. Lo que pase en las playas de Florida no se queda en las playas de Florida.

Es una fácil renuncia decir que Estados Unidos no puede compararse con la dictadura china. Entre los gobiernos que están manejando de manera efectiva esta pandemia están democracias como Corea del Sur, Taiwán y Alemania. Muchas de las ‘buenas prácticas’ empleadas en lugares como Singapur y Hong Kong no son tiránicas sino inteligentes: los tests, el seguimiento de los contactos y el aislamiento. Pero todos estos lugares tienen gobiernos que están bien financiados, son eficientes y receptivos. En el mundo actual, con problemas que se derraman a través de las fronteras a velocidad de la luz, un gobierno “bien ejecutado” es lo que hace a un país verdaderamente excepcional.

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