Trump nunca ha sido un buen CEO y por eso ha gestionado tan mal la pandemia
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Trump nunca ha sido un buen CEO y por eso ha gestionado tan mal la pandemia

Controla muy bien la imagen hacia afuera, pero luego en la gestión interna no alcanza los objetivos. Ha convertido la presidencia en un 'reality show', mucho hablar pero poco ejecutar

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El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE)

Estamos acostumbrados a pensar en la presidencia de Estados Unidos como una posición de liderazgo moral, un "púlpito de poder", en palabras de Theodore Roosevelt. Y muchos ocupantes de la Casa Blanca han utilizado bien esa función vital. Pero un presidente estadounidense de los tiempos modernos también tiene un aspecto administrativo central como, por así decirlo, CEO del Gobierno federal, y esta dimensión de poder es crucial en una crisis nacional. El presidente Trump nunca ha entendido o dominado ese papel, y esta es la razón principal por la que el brote de covid-19 en Estados Unidos se ha convertido en una catástrofe.

La presidencia se ha convertido en el símbolo del estatus de superpotencia estadounidense, con las imágenes de la Casa Blanca siendo reconocibles en todo el mundo. Pero la Constitución en realidad hace que la oficina presidencial sea débil por diseño, otorgándole uno de los poderes más limitados de cualquier jefe de Gobierno en el mundo. El destacado académico Richard Neustadt señaló que para poder hacer cualquier cosa, el presidente "tiene que usar toda la influencia que posea en el Congreso, agencias [federales], medios de comunicación, gobiernos estatales, intereses privados, aliados extranjeros y opinión pública tanto en el exterior como en casa… En este escenario, incluso un presidente fuerte es débil".

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

Algunos argumentan que la acumulación de poder presidencial a través de decretos ejecutivos ha sido vasta y peligrosa. Otros apuntan que esta expansión de poderes presidenciales se da principalmente en el ámbito de los asuntos internacionales, argumentando que en realidad hay dos presidencias: una fuerte en política exterior y una débil en asuntos internos. Ciertamente, en comparación con los sistemas parlamentarios, donde el jefe de Gobierno esencialmente controla tanto el poder ejecutivo como el legislativo, la presidencia estadounidense destaca por su limitada autoridad.

Hay dos presidencias: una fuerte en política exterior y una débil en asuntos internos

Una crisis nacional siempre ha requerido un ejercicio heroico del poder presidencial. El que Herbert Hoover fuera incapaz de utilizar su cargo para hacer frente a la Gran Depresión llevó a la victoria de Franklin D. Roosevelt, y fue el uso eficaz y creativo de la presidencia por parte de Roosevelt lo que rescató la economía. Desde entonces, los presidentes han entendido que, ante un verdadero desafío, deben utilizar todos sus talentos y esfuerzos para movilizar y gestionar los recursos del Gobierno.

La pandemia del covid-19 es uno de los desafíos más grandes a los que se haya enfrentado el país. Pero para hacerle frente es necesario que el presidente se haga cargo, coordine y supervise las acciones de decenas de agencias federales, asegurándose de que estén trabajando conjuntamente. Significa una estrecha cooperación con los estados, permitiendo algunas variaciones y experimentación, pero asegurando que se cumplan los estándares y objetivos nacionales básicos. Y requiere un mensaje claro y coherente que eduque y dirija al público. Es un trabajo duro. De un buen CEO.

El objetivo de la política de Trump es el teatro político, no la ejecución

Una comparación con Alemania es instructiva. El país también tiene un Gobierno central débil y su canciller tiene poderes limitados, en parte debido al pasado nazi y en parte debido a una larga tradición de descentralización. Como resultado, cuando llegó la pandemia de covid-19, Berlín también se enfrentó al problema de tener múltiples fuentes de autoridad. Pero el Gobierno central logró coordinar sus agencias de Salud Pública con éxito, dirigiendo la respuesta nacional mientras ejercía un ‘toque ligero’ que permitió la experimentación local y el rápido despliegue de pruebas de diagnóstico por parte de empresas y laboratorios privados. La canciller Angela Merkel actuó como guía nacional, presentando al público criterios científicos claros para las decisiones gubernamentales, en un momento dado explicando el concepto de R0 (la tasa de propagación) y por qué era crucial mantener ese número por debajo de uno. El resultado es que Alemania tiene hoy 110 muertes por millón de personas en comparación con las 460 de Estados Unidos.

Trump maneja con eficacia el aspecto del 'púlpito de poder' de la Casa Blanca. No me gustan las ideas que promociona, pero lo hace de una manera innovadora, utilizando todas las herramientas de las redes sociales para amplificar su voz y difundir su mensaje. Desafortunadamente, durante la pandemia ha usado su plataforma para promover curas no probadas, desalentar el uso de mascarillas y avivar el sentimiento anticonfinamiento. Peor aún, Trump parece pensar que las relaciones públicas son la esencia de su trabajo. Cuando llegó el covid-19, hizo anuncios audaces sobre hacer pruebas de diagnóstico en cada Walmart y CVS (cadena de farmacias estadounidense), pruebas con resultados casi instantáneos y cantidades masivas de nuevos suministros. En su mayor parte, no ha logrado cumplirlos.

Trump parece pensar que las relaciones públicas son la esencia de su trabajo, en lugar de la gestión

Así es como Trump ha manejado la mayor parte de su presidencia, desde las prohibiciones de viaje hasta la derogación del Obamacare. Las medidas políticas a medio hacer se anuncian sumariamente, a menudo en Twitter. Luego son enmendadas por agencias federales o anuladas por tribunales, o revocadas por el Congreso. El objetivo de la política de Trump es el teatro político, no la ejecución. Incluso cuando usa poderes presidenciales, como enviar tropas federales para "restaurar la ley y el orden" en las ciudades, es para hacer una declaración polémica, no para resolver un problema real.

Trump ha convertido la presidencia estadounidense en un 'reality' de televisión. Pero la pandemia del covid-19 ha demostrado dolorosamente que no se puede resolver una crisis nacional con ‘sketches’ y tuits.

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