Biden (y no Twitter) sabe cuál es la fórmula mágica para derrotar a Trump

Joe Biden parece entender que Twitter no decidirá quién ganará estas elecciones. Está volviendo a una fórmula ganadora, que no es otra que ser un partido donde cabe mucha gente

Foto: Joe Biden en la Convención Demócrata. (Reuters)
Joe Biden en la Convención Demócrata. (Reuters)

La Convención Nacional Demócrata empezó con una amalgama de estadounidenses recitando el preámbulo de la constitución de EEUU, un sorprendente acto de diversidad étnica, racial y de género. Pero, sobre todo, esta vez los Demócratas se han ocupado de tener en cuenta la diversidad ideológica que es fundamental para ganar la Casa Blanca el 3 de noviembre.

La convención dio entrada a iconos progresistas como Bernie Sanders y Stacey Abrams, moderados incluyendo a Hillary Clinton y el antiguo republicano Mike Bloomberg y conservadores como John Kasich, Cindy McCain y Colin Powell. En las redes sociales muchos reaccionaron furiosos por incluir a Republicanos, con un usuario preguntándose sarcásticamente: “¿A qué hora habla Dick Cheney?”.

Pero Joe Biden parece entender que Twitter no decidirá quién ganará estas elecciones. Está volviendo a una fórmula ganadora para los Demócratas, que no es otra que ser un partido donde cabe mucha gente. “No soy miembro de ningún partido político organizado. Yo soy Demócrata”, bromeaba Will Rogers. Esta broma expresa una verdad importante. Los Demócratas dominaron la política estadounidense desde los 30 hasta los 60 porque incluyeron todo tipo de gente, desde segregacionistas del Sur hasta liberales del Norte. Fue un pacto faústico, pero aquella coalición rescató al país de la Gran Depresión y aprobó la Seguridad Social, el Medicare o los bonos de alimentos y otros programas que sirvieron de ayuda tanto para los blancos como para las minorías.

No solo fue una fórmula de los Demócratas. Cuando Ronald Reagan reformuló el Partido Republicano en los años 80, repetidamente dijo que él había sido un Demócrata y organizador en un sindicato, que él respetaba a la base Demócrata y que entendía cómo de difícil era para ellos romper décadas de lealtad política. Cortejó a la derecha religiosa pero desde una distancia. En ocho años de presidente nunca atendió a una manifestación antiaborto -apoyándolas por teléfono- incluso aunque el evento se celebrara a unos cientos de metros de la Casa Blanca.

El problema de un país gigante

A principios de este año, cuando fue preguntada por el rol que podría tener si Biden se convirtiera en presidente, Alexandria Ocasio-Cortez dijo: “Oh, Dios mío. En cualquier otro país, Joe Biden y yo no estaríamos en el mismo partido”. Probablemente tenga razón, pero EEUU es diferente. Por un lado, es muy grande. De hecho, los fundadores del país estaban preocupados porque la democracia floreciera solo en pequeñas ciudades-estado. Creían que un país tan grande y diverso como EEUU podría presentar retos críticos al proceso democrático. ¡Y solo estaban pensando en apenas 13 colonias, protegidas al este por las Montañas Allegheny! En un país continental tan grande de 330 millones de personas, con grandes cambios geográficos, económicos, históricos y culturales, debería ser obvio que no todo el mundo ve las cosas de la misma manera.

Para algunos extremistas ideológicos, aceptar esta realidad es llevar a cabo compromisos sórdidos. Pero solo a largo plazo es posible cumplir las promesas. Sanders es una fuerza poderosa en EEUU que ha puesto en evidencia muchos problemas. Pero en tres décadas en el Congreso tan solo ha liderado siete proyectos de ley que han sido promulgados, dos de ellos, dos de las cuales para oficinas de correos. Si quieres traducir sus ideas en acción, tienes que ser consciente de la realidad política de tu país. Bien sea en inmigración o en infraestructura, solo podrás llevar a cabo cambios duraderos si construyes una coalición.

El editor de Vox, Ezra Klein, explica esto muy bien al escribir que los Demócratas en particular necesitan un mayor atractivo. Para empezar, su base es más diversa que la de los Republicanos -desde los blancos del Norte hasta los negros del Sur pasando por los Latinos del Oeste-. Añade el colegio electoral, que ayuda a los Republicanos a ganar el poder incluso cuando no consiguen una mayoría de los votos, por lo que los Demócratas tienen delante una razón pragmática por ser un partido más amplio.

Detrás de este razonamiento se esconde una virtud aún más clara. Un estudio reciente encontró que los equipos ideológicamente diversos trabajan mejor que los homogéneos. Resumiro en la Harvard Business Review, los investigadores recalcaron que, a nivel individual, los sesgos nos pueden llevar a hacer inversiones estúpidas o conclusiones erróneas. Pero la gente con fuertes sesgos políticos también son muy vehementes, trabajan duro e investigan para probar que tienen razón. “Colectivamente, los equipos que mezclan sus sesgos y están dispuestos a comprometerse y colaborar pueden desempeñar una labor superior”, concluían.

El año pasado, académicos de Stanford reunieron a 523 votantes registrados para que hablaran entre ellos en pequeños grupos sobre sus desacuerdos. Después de varios días, tanto los liberales como los conservadores habían cambiado sus opiniones de forma significamente, y el porcentaje de participantes que creían que la democracia estadounidense estaba “funcionando bien” se dobló del 30 al 60%. Si los Demócratas continúan defendiendo este tipo de democracia deliberativa, tendrán la oportunidad de poner en marcha políticas que duren y, quizás aún más importante, que curen la cultura democrática que está hecha pedazos.

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