Destripando Somalia: disculpe, hemos matado a su hijo por error
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María Ferreira

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Destripando Somalia: disculpe, hemos matado a su hijo por error

La política se desgarra entre las mandíbulas hambrientas de los clanes, las milicias y los intereses internacionales. Las tropas extranjeras han acordado su retirada paulatina. ¿Nos resulta familiar? No, no es Afganistán

Foto: Una tienda en Mogadiscio. (Reuters/Feisal Omar)
Una tienda en Mogadiscio. (Reuters/Feisal Omar)

La alfombra sobre la que descansa la vida es dura / Cuidado: cada día tropezamos"

Xasan Daahir Ismaaciil 'Weedhsame'

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Crisis humanitarias. Hambre. Grupos terroristas y milicias. Explosiones. Políticos asesinados. Periodistas asesinados. ¿Cuánto cuesta una muerte por encargo? Treinta dólares, a veces menos, en ocasiones con una promesa basta. Las tropas extranjeras anuncian que han abatido a unos cuantos yihadistas. Si se llevan por delante la vida de civiles, y hay testigos, piden perdón. Disculpe, hemos matado a su hijo por error. El 98% de las mujeres son víctimas de la infibulación; un tipo de mutilación genital femenina en el que se extirpa el clítoris y se sellan labios menores y mayores. La política se desgarra entre las mandíbulas hambrientas de los clanes, las milicias y los intereses internacionales. Las tropas extranjeras han acordado su retirada paulatina. ¿Nos resulta familiar? No, no es Afganistán, no vayamos a emocionarnos antes de tiempo.

Es Somalia.

Ah, Somalia.

Nada nuevo. Somalia, ese caos casi imposible de entender. ¿Cómo explicar décadas de conflicto? ¿Cómo podríamos siquiera empezar a comprender las motivaciones de los cientos de actores que han tomado parte en el caos, cuando la única versión que nos llega procede de miradas externas?

Somos una sociedad que se alimenta de distopías. Consumimos tragedia tras tragedia con avidez, con cuidado de no desperdiciar detalles, como si de migajas de un manjar se tratase. ¿Por qué no nos llama la atención el país del Cuerno de África? ¿Por qué sí Afganistán? ¿Qué motiva que nuestra sociedad, adicta a lo tremebundo, pase por alto todos los ingredientes que conforman el panorama somalí?

La cronicidad, posiblemente. Y una intervención occidental mínima, casi de refilón. Cuando la tragedia es cotidiana, ¿por qué aterrorizarse? Si las muertes no son inusuales, si son ordinarias ¿qué tienen de noticia?

Miramos a Somalia cuando Occidente se ve afectado. El parlamentario británico, Sir David Amess, fue asesinado por un hombre inglés de raíces somalíes. Entonces prestamos atención por un segundo. Alguien menciona el islam. El terrorismo. Asentimos y pasamos página.

Cuando la desintegración política es beneficiosa

¿Pero qué supone el terrorismo en Somalia? ¿Qué ocurre en el Cuerno de África?

"Cuando los talibanes tomaron Kabul, algunos analistas miramos de reojo hacia Somalia, por sus similitudes", afirma Axmed K, miembro de la Operación de Naciones Unidas en Somalia con base en Nairobi (Kenia). Ambos países han sufrido largos conflictos, ambos han dado a luz a grupos de ideología islámica extremista, han contado con la intervención de potencias extranjeras comprometidas con la guerra contra el terrorismo. Pero Somalia no es Afganistán, y eso no es necesariamente una buena noticia.

Somalia anda a vueltas con un escenario político a punto de colapsar; elecciones presidenciales y parlamentarias aplazadas, y representantes del gobierno federal tratando de que no se les escape de las manos el poder. Los mediadores internacionales tratan de mandar mensajes de optimismo y estabilidad. "Hablar de democracia o de votos es pueril", declara Axmed K. "Somalia necesita un gobierno que no se venda al autoengaño occidental, que no ponga valores como democracia, justicia o paz como objetivos principales, sino que entienda quién es quién en el juego de la corrupción, quién quiere qué, y cómo se puede ir jugando con los diferentes actores para estabilizar la balanza y estabilizar el país de los ciudadanos, no el de la imagen política".

Al-Shabaab, pájaro carroñero, se alimenta de la descomposición de su tierra. Son una mafia

Además, en el futuro más inmediato, Al-Shabaab no quiere hacerse cargo de la responsabilidad del gobierno. Al-Shabaab, pájaro carroñero, se alimenta de la descomposición de su tierra. Son una mafia que implanta su gobernanza a golpe de coerción.

Por otro lado, el gobierno federal que parecía la única solución para alcanzar la posibilidad de diálogo y cooperación, ha resultado ser un coladero de corrupción. Los poderes, en vez de distribuirse, se han difuminado.

placeholder La playa Liido en Mogadiscio. (Reuters/Feisal Omar)
La playa Liido en Mogadiscio. (Reuters/Feisal Omar)

La asistencia internacional se basa principalmente en contribuciones financieras de países occidentales, pero las tropas pertenecen a la Unión Africana. Un proyecto multilateral en el que intereses regionales e internacionales chocan constantemente, y uno no sabe dónde recaen las responsabilidades, en el caso de que se pueda hablar de responsabilidad. Estados Unidos, amigo de asomar el hocico en países vulnerables de ser considerados como "nidos de terroristas", se limita a una presencia prácticamente financiera y dedica millones de dólares en estrategias para fortalecer el Ejército Nacional de Somalia. Llevan años fracasando en su empeño, y el país no es capaz de hacer frente a la amenaza terrorista por su cuenta porque los soldados, una vez entrenados, se pasan al bando de Al-Shabaab que paga más y al parecer, según ciertas voces locales, tiene más dignidad que el gobierno. “Los jóvenes quieren dinero, porque entienden que en el ejército uno no lucha por Somalia, son perros de caza a los que les pegan un tiro cuando ya han cumplido con su cometido”, explica Salim, ex-combatiente de Al-Shabaab refugiado en Kenia.

"Los jóvenes quieren dinero, son perros de caza a los que les pegan un tiro cuando ya han cumplido con su cometido"

El resto de potencias internacionales trata de instrumentalizar los clanes y las milicias, resultando perjudicial para la soberanía del gobierno y fomentando rivalidades que desestabilizan aún más la región.

La realidad es que una Somalia débil interesa más que una Somalia fuerte. No perdamos de vista la ubicación estratégica del país: el Cuerno de África se sitúa en una de las rutas marítimas más importantes de la zona. El Golfo de Adén conecta Occidente con África del este, Asia y Oriente Medio.

Muchos países se benefician del control deficiente de las aguas Somalíes, también en la industria de la pesca. Desde 2012, ha habido un incremento de flotas pesqueras ilegales, no declaradas y no reglamentadas de origen extranjero. Qué mejor que un “estado fallido” para ser expoliado sin repercusiones. Quién va a escuchar la voz de una administración medio carcomida por la corrupción. La piratería estaba abocada al fracaso, así que se ha instrumentalizado el miedo y ahora en vez de piratas hay agentes somalíes locales dedicados a facilitar las operaciones de pesca ilegales. Hablamos de un gran beneficio, tanto local como internacional. Esto es solo un ejemplo de cómo una administración “fallida” lo es solo para los ciudadanos, mientras que el resto del mundo parece lucrarse sin problemas.

No perdamos de vista la ubicación estratégica del país: el Cuerno de África se sitúa en una de las rutas marítimas más importantes de la zona

Se habla de factores clave que determinarán el futuro de Somalia; el poder de Al-Shabaab, la influencia de los clanes en el desenlace de las elecciones y la implicación o no de los actores internacionales. Se discute que el peor escenario para Somalia supondría un desenlace parecido al de Afganistán, pero hay que ser muy ingenuo para creerlo. Lo peor que le puede pasar al país es la continuación de la inestabilidad crónica en la que se erigen beneficios millonarios.

Somalia es un país de jóvenes brillantes llenos de potencial. La diáspora está comprometida con la reconstrucción del país, pero sus intentos se quedan en el terreno discursivo. Los activistas reciben premios y aplausos mientras su país sigue en manos de los lobos.

Hay dos somalias: la del pueblo y la política. No es difícil adivinar hacia qué lado de la balanza se inclinan los intereses. Dicen que el pesimismo solo hunde aún más la imagen del país, pero el optimismo forzado, el que distorsiona la realidad, solo ayuda a que el horror siga en la sombra. No se puede hablar de estrategias de paz en Somalia sin entender cómo funciona su violencia. Quizá habría que empezar por ahí.

Al-Shabaab: la mafia disfrazada de terroristas islámicos

"Son muchos los políticos que dicen estar comprometidos con la lucha antiterrorista y a la vez se benefician de su existencia", cuenta Axmed K.

Al-Shabaab también se oferta como cuerpo de mercenarios al mejor postor. "Su nombre ya está manchado de sangre, así que si alguien necesita quitarse de en medio a algún político de la oposición o un periodista incómodo solo tienen que hacer el encargo". Cuando Al-Shabaab mata, el mundo asume que es cosa del islam y miran hacia otro lado. No hay más investigaciones. No hay asesino que rastrear.

placeholder Un pescador en la playa de Mogadiscio. (Reuters/Feisal Omar)
Un pescador en la playa de Mogadiscio. (Reuters/Feisal Omar)

¿Islam? No hay duda de que Al-Shabaab tiene elementos de extremismo islámico. Pero quizá al centrarnos en motivaciones religiosas nos desviamos de su verdadera esencia. Es tan solo uno de los factores en los que fallamos al hacer un análisis. Otro es asumir que el no tener presencia oficial en ciudades estratégicas es una señal de debilidad, cuando en realidad su influencia no se basa en la pertenencia territorial; no necesitan poseer territorios físicos puesto que poseen el control administrativo y económico. Han demostrado ser, además, más eficaces que los estados federales y se estima que su generación de ingresos supera a la del propio gobierno.

Su poder alcanza la justicia. Median en disputas de tierras o herencias y se habla de que sus tribunales son más consistentes y justos que los de las instituciones oficiales.

"Los jóvenes no se unen a Al-Shabaab por Dios. Lo hacen por el dinero, por el poder"

Sin embargo, cuando leemos sobre Al-Shabaab en Occidente, nos llega la misma caricatura plana de terroristas desquiciados dispuestos a que corran ríos de sangre por Alá. "Los jóvenes no se unen a Al-Shabaab por Dios. Lo hacen por el dinero, por el poder, por el futuro", explica Axmed K. "En Nairobi, cuando abres un restaurante al que acuden extranjeros, los dueños tienen que pagar una suma importante de dinero al grupo terrorista para evitar ataques". Al-Shabaab tiene más poder del que parece tener. Ese es su verdadero potencial, su verdadero peligro: que no siguen las reglas previsibles. Que habitan la periferia con gusto, mientras nosotros andamos obsesionados con lo central.

No es la pena; el miedo es lo que nos mueve

¿Por qué no sabemos nada de Somalia? ¿Por qué los atentados terroristas no tienen repercusión internacional? Vivimos en un mundo plagado de tragedias y nuestra capacidad de procesarlas es limitada. Nos llegan noticias terribles que nos calan hondo, que nos involucran de una forma u otra, que sacian nuestra necesidad de catarsis. Son una suerte de tragedia moderna. Tragamos lo servido, y nos sirven lo que nos mueve a hacer "click" en los titulares cebo.

Consumimos lo que nos coloca en el lugar de víctima potencial. Por eso nos aterra más un atentado en París que uno en Somalia. Eso no nos hace peores personas, nos hace humanos. Sin embargo debemos ser conscientes de cómo el sistema se beneficia del miedo o de la debilidad. De cómo todo se basa en la economía; hasta la pena tiene un precio.

Somos responsables de reconocer que la importancia de una catástrofe no se debe medir por su presencia mediática, puesto que eso responde directamente a nuestra demanda, no a la realidad. No saber nada de Somalia no significa que no pase nada. Significa que esas muertes no son rentables. Quizá ese sea el verdadero horror de nuestros días: el que no nos llega.

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