Una visión de qué es y qué no es Afganistán desde 'Istanistán'
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Susana Arroyo

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Una visión de qué es y qué no es Afganistán desde 'Istanistán'

Afganistán y Pakistán forman parte del Sureste de Asia, donde se los agrupa geográfica y etnográficamente junto con Bangladés, Bután, India, Nepal y Sri Lanka

placeholder Foto: Afganos en la frontera. (EFE)
Afganos en la frontera. (EFE)

Todos nos hemos mofado alguna vez de los escasos conocimientos geográficos de los estadounidenses, sin embargo, muchos españoles que se enfurecen al leer que China o Rusia se están haciendo fuertes en la zona de Asia Central resultan no tener ni idea de qué es esa zona ni dónde se sitúa. El masivo terreno abierto entre Europa y China parece no ser más que un gigantesco pedazo de mapa en blanco, donde nos bailan nombres de países raros que acaban en “istán”. No importa que Kazajistán ocupe más que 5 Españas juntas, que Uzbekistán sea una potencia energética o que Kirguistán lleve mucho buscando afianzar su democracia. Por desgracia, la ignorancia se conflagra con los prejuicios cuando, por generalización, caemos en pensar que todos los “istanes” son Afganistán.

¿Puedes nombrar los 7 'istanes'?

Afganistán, Kazajistán, Kirguistán, Pakistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán: 7 naciones. Ese “istán” viene del indoeuropeo y en lenguas urdu y persa significa “el lugar de” o “donde uno está” (como en inglés stand y en español estar). Así pues, Afganistán es “el país de los afganos”, Kazajistán “el país de los kazajos”, etc.

Y aquí acaba casi el gran hilo conductor de los parecidos entre estos países en la cultura popular. Porque aunque todos sean vecinos y hermanos de muchos lazos culturales y religiosos, sus historias y situaciones son bien diferentes. Para comenzar, Asia Central solo lo componen 5 naciones: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Estos países, que comparten fronteras entre el mar Caspio y China, adquirieron su estatus independiente actual tras la caída de la Unión Soviética. Sin embargo, Afganistán y Pakistán forman parte del Sureste de Asia, donde se los agrupa geográfica y etnográficamente junto con Bangladés, Bután, India, Nepal y Sri Lanka.

Por supuesto, estos 7 países forman una gigantesca encrucijada de antiquísimas culturas. Este tapiz de pueblos se mezclaron en la planicie desértica que, desde el Caspio, cruza Turkmenistán, Uzbekistán y el sur de Afganistán hasta las montañas del subcontinente indio en el sur y las estepas inacabables de Kazajistán al norte. En estas tierras áridas floreció el comercio de la Ruta de la Seda mientras diversas tribus nómadas se movían por la región y rotaban en el poder.

Aunque siempre han existido comunidades budistas, zoroastristas y judías, el islamismo suní ha sido dominante en toda la región desde del siglo VII, por más que, en países del ámbito soviético, las prácticas religiosas quedaron casi irreconocibles por la presión política. En esta gran región cada país tiene recursos naturales muy diferentes a su alcance que han determinado su presente; pero en la historia moderna, ha sido la intervención del imperio Británico, la URSS y los Estados Unidos el desencadenante de muchas de esas diferencias.

Asia Central y las estepas pos-soviéticas

Kazajistán es un gigantesco país ocupado sobre todo por estepas, taigas, cañones que parecen no tener fin. Si se mira en un mapa, avergüenza ver la cantidad de territorio que ocupa y lo poco que sabemos de él; a la mayoría, nos suena sobre todo por el desaparecido mar de Aral, por la estación espacial de Baikonur y por las extravagancias arquitectónicas de su capital (ahora llamada Nur-Sultán en honor y gracia de su casi eterno expresidente, que ha dejado un sistema democrático más que dudoso). Viajar por este país es ver un cruce incesante entre lo soviético, lo asiático y lo europeo, tanto en arquitectura como en la propia diversidad de su gente. Rico en recursos naturales, esta nación es una aliada sólida de China en el comercio de la Nueva Ruta de la Seda, y también en sus políticas contra el extremismo islámico.

placeholder Paisajes de Kazajstán. (Susana Arroyo)
Paisajes de Kazajstán. (Susana Arroyo)

Solo un poco al sur de las estepas kazajas, Kirguistán ha sido tópicamente llamada “la Suiza de Asia Central” tanto por sus increíbles montañas y los lagos alpinos como por haber trabajado por conseguir el sistema democrático más relativamente sólido dentro de la región. Con todo ello, el país sigue atravesado por inestabilidades y ofrece una clara división entre un norte más desarrollado heredero de la tradición rusa y un sur conservador donde el kirguís es la lengua de intercambio.

placeholder Un mercado en Kirguistán. (S. A.)
Un mercado en Kirguistán. (S. A.)

En el corazón de Asia Central, Uzbekistán es una tierra de extensos desiertos, pero poblada por más de 30 millones de personas, con regiones de pueblos independientes cada uno con su lengua diferente y culturas absolutamente variadas. También es el hogar de la mítica Samarcanda y un floreciente destino turístico tras décadas de fuerte aislamiento en los años de gobierno de Islam Karimov. El actual gobierno vive embarcado en un ambicioso plan de apertura extranjera y liberalización económica, atracción de inversión extranjera, privatizaciones, apuesta por la educación y una prometida reforma del sistema judicial.

placeholder Uzbekistán. (S. A.)
Uzbekistán. (S. A.)

Montañoso, escarpado y verde, la pequeña Tayikistán es considerado también el país más pobre de la región. Su frontera con Afganistán ha convertido al país de solo 8 millones de habitantes en un enclave de poderío militar ruso y un punto importante en las rutas del tráfico de drogas. Además, en una región tan seca, la alpina Tayikistán es rica en uno de los tesoros más escasos de Asia Central: el agua dulce. Junto con Kirguistán, vive en un constante tira y afloja con la energéticamente rica, pero desértica Uzbekistán: cuando los kirguises y tayikos hablan de construir presas o detener el flujo en las cabeceras de los ríos, se producen incidentes en las fronteras entre los tres países.

Foto: Nikita Makarenko, frente al tren Talgo recién llegado a Taskent. (Captura de pantalla)

Y por último tenemos a la gran olvidada, la nación centroasiática a orillas del mar Caspio que sigue sumida en el autoritarismo represivo del que los medios internacionales no se hacen eco: Turkmenistán. Incapaz de exportar sus enormes reservas de gas natural, la pobreza aflige a buena parte de la población según lo poco que sabemos sobre la nación. Acceder al país incluso como turista siempre fue un reto y así lo sigue siendo tras la pandemia, por más que su “querido líder”, Berdimuhamedov, y las autoridades tayikas insisten en que no ha habido ningún solo caso de COVID registrado nunca en el país.

Sureste asiático

Pero salgamos ya de las planas estepas de Asia Central para adentrarnos en el sureste asiático; y subamos las cordilleras más occidentales del Himalaya que una vez dieron acceso a Alejandro Magno al subcontinente indio.

La historia de Pakistán no puede ser más diferente de la de los países pos-soviéticos. El quinto país más poblado del mundo surgió como estado independiente en los años cuarenta y cincuenta, tras la partición del imperio británico en la India en dos naciones: una para hindúes y otra para musulmanes (que también incluía a Pakistán Oriental, hoy Bangladés). En una de las mayores y más trágicas migraciones de la historia, millones de musulmanes abandonaron todo para acudir a Pakistán y los hindúes de la zona pakistaní trasladarse a la India. Los conflictos fronterizos y el subdesarrollo industrial nunca han dejado de lastrar a esta democracia, cuyos planes de crecimiento económico pasan por una posición muy conflictiva hacia Afganistán y una decidida fraternidad con China (con quien, además, comparte su recelo por la India).

Foto: Un hombre lee el periódico en Pakistán. En el titular: "Kabul, conquistada". (EFE)

Y por fin llegamos a Afganistán, esa tierra montañosa, multiétnica y nudo de comercio desde la antigüedad que nunca fue totalmente conquistada ni por británicos ni por soviéticos ni por estadounidenses, a pesar de haber sido escenario desde el siglo XIX del "gran juego" entre los imperios occidentales por controlar Asia. Independiente desde principios del siglo XX, su corta monarquía (por favor, no pierda la oportunidad de informarse sobre la reina Soraya de Afganistán) dio paso a un intento de gobierno comunista, invasiones y un estado de guerra civil casi constante. En el país, la mayoría afgana (pastún) y tayika, así como sus lenguas, están mucho más emparentadas con la vecina Irán y el persa que con los pueblos túrquicos de Kazajistán, de ahí esos impresionantes ojos claros de Sharbat Gula y de tantas otras víctimas que contemplan atónitas el abandono en que las dejamos.

Esta ridículamente corta y desmerecida introducción a varias de las zonas más vastas e interesantes del mundo ojalá sirva para despertar un interés que dure más tiempo del que las noticias sobre la guerra permanecerán en los titulares. Si nos ofende que los estadounidenses piensen en un México estereotípico cada vez que oyen hablar de cualquier país hispano, hagamos nosotros un esfuerzo por no generalizar la situación de Afganistán a países tan diferentes y de los que nos queda todo por aprender.

Todos nos hemos mofado alguna vez de los escasos conocimientos geográficos de los estadounidenses, sin embargo, muchos españoles que se enfurecen al leer que China o Rusia se están haciendo fuertes en la zona de Asia Central resultan no tener ni idea de qué es esa zona ni dónde se sitúa. El masivo terreno abierto entre Europa y China parece no ser más que un gigantesco pedazo de mapa en blanco, donde nos bailan nombres de países raros que acaban en “istán”. No importa que Kazajistán ocupe más que 5 Españas juntas, que Uzbekistán sea una potencia energética o que Kirguistán lleve mucho buscando afianzar su democracia. Por desgracia, la ignorancia se conflagra con los prejuicios cuando, por generalización, caemos en pensar que todos los “istanes” son Afganistán.

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