Alemania, el gran prostíbulo de Europa

alemania prostíbulo europa

Foto: Foto: Reuters
Foto: Reuters

Dentro de muy pocos días se abre el mayor burdel de toda Europa en la ciudad de Saarbrücken, fronteriza con Francia. 6.000 metros cuadrados distribuidos en cinco pisos. Cada mujer que se quiera prostituir debe pagar 79 euros la entrada, 25 de impuestos y otros 23 si se quiere pasar la noche entera trabajando allí. El propietario, Jürgen Rudloff, dice que su proyecto inmobiliario, Paradise Island Entertainment GmbH, no es un prostíbulo al uso, sino un “oasis wellness”; un espacio "co-working” en donde las mujeres pactarán con sus clientes el precio de los servicios que les exijan para compensar lo pagado previamente. Serán precisos, al menos, cinco clientes por día para que la inversión merezca la pena.

Clientela no va a faltar, porque en Francia los burdeles están prohibidos y en Alemania desde el año 2002 la prostitución es libre. El entonces gobierno rojiverde (SPD y Ecologistas, con Gerhard Schröder como canciller) pretendía así que las mujeres dedicadas a esta profesión se apuntaran como trabajadoras autónomas, pagaran sus impuestos, tuvieran Seguridad Social y salieran así del mundo de las sombras y del hampa. Trece años después, el resultado ha sido el contrario. Sólo 44 mujeres se han inscrito oficialmente como trabajadoras del sexo en las oficinas de empleo. Peor aún: la prostitución en la República Federal se ha convertido en uno de los negocios más prósperos del momento, porque es más fácil desde el punto de vista burocrático abrir un burdel que una pastelería. Alemania se ha convertido también en el paraíso europeo del turismo sexual y del tráfico de mujeres, que muy a menudo va de la mano del narcotráfico y la importación ilegal de armas. Y contra los chulos y jefes del negocio no se puede hacer nada. Se estima que en este país hay al menos 400.000 mujeres que se dedican, más o menos voluntariamente, a vender sus cuerpos.

La policía de las grandes ciudadEs alemanas lo denuncia con frecuencia: están surgiendo prostíbulos por todas partes, que no siempre aparentan ser tales, y en ellos trabajan mayoritariamente no alemanas sino mujeres procedentes, sobre todo, de Rumanía y Bulgaria, los países más pobres de la Unión Europea, aunque también de Polonia y Hungría. Se habla de un 80% de extranjeras (todas ellas en una situación legal irregular) y un 20% de alemanas. Ante tal avalancha de oferta, los precios están por los suelos. En la calle, en cualquier esquina se puede encontrar satisfacción sexual por 15 euros.

Frente a la campaña francesa “No toques a mi puta”, en Alemania está en marcha otra campaña dirigida a Merkel y al futuro Gobierno de coalición que reclama una nueva ley sobre la prostitución. Exige, como solicitan los policías federales, una regulación mucho más estricta de este sector, más control de los intermediarios y protección especial para las mujeres que quieran abandonar esta actividad; también para aquellas que, por miedo, no quieran denunciar a sus padrinos.

El pasado 1 de octubre nacía en Bruselas una plataforma europea, Europe Free from Prostitution, destinada a concienciar a las autoridades de la UE "sobre este problema creciente y la pasividad general frente a esta nueva forma de esclavitud, que amenaza cada vez más a las niñas”. Está creciendo -afirma el comisario Helmut Sporer, de la ciudad de Augsburg, con 22 años de servicio a sus espaldas- la demanda de niñas. "Los burdeles buscan mujeres con talla 32 o 34 y en internet hay catálogos especiales con este tipo de jovencitas”.

Europa Europa
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
13 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios