Una de Eurocopa con Brexit: el toque de Boris a la vieja receta del nacionalismo deportivo
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Celia Maza (La Isla)

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Una de Eurocopa con Brexit: el toque de Boris a la vieja receta del nacionalismo deportivo

El 'premier' ha presentado los triunfos de la selección como un dividendo del Brexit. No es el primero, políticos de todo signo han intentado sacar rédito de lo que pasa en el campo.

placeholder Foto: Marcus Rashford tras fallar su lanzamiento de penalti en la final de la Eurocopa contra Italia. (Reuters)
Marcus Rashford tras fallar su lanzamiento de penalti en la final de la Eurocopa contra Italia. (Reuters)

Estos días he estado preguntando a mis amigos ingleses por qué para los Juegos Olímpicos hay un equipo británico, mientras que para los grandes campeonatos futbolísticos Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte juegan por separado. Ninguno me supo responder. Me puse a investigar y resulta que las cuatro naciones que componen el Reino Unido ya competían entre ellas mucho antes de que se creara la FIFA o la UEFA. Escocia e Inglaterra protagonizaron, de hecho, el primer choque de selecciones de la historia allá por 1872.

La cuestión con Boris Johnson es que, ante la amenaza soberanista escocesa y todos los problemas ocasionados por el Brexit en Irlanda del Norte (que ha quedado con un estatus diferente al del resto del país), venía repitiendo una y otra vez que él era el primer ministro de todo el Reino Unido. Pero ha llegado la Eurocopa y ha engalanado Downing Street con la bandera de San Jorge y se ha enfundado la camiseta de la selección inglesa. Obviemos los detalles sobre cuál fue el resultado poniéndosela encima de la camisa y por debajo de la chaqueta del traje. La clave es que no hubo ni rastro de la bandera de la cruz de San Andrés, patrón de Escocia, o el dragón rojo de Gales. Y cuando los políticos secuestran el deporte para beneficio personal, deben aceptar las consecuencias.

Durante la Eurocopa, Johnson ha sido acusado de aprovecharse del 'boom' creado por los 'Tres Leones' para explotar el nacionalismo inglés, presentando los triunfos como un dividendo más del Brexit, en definitiva, el potencial de Inglaterra desatado por la gran salida de la UE. Al 'premier' nunca le ha gustado el fútbol. Más allá del placaje a un niño de 10 años durante un partido benéfico de rugby en Japón no se le conoce afición por ningún deporte. Pero en las últimas semanas se había rendido ante el equipo de Gareth Southgate llegando a plantear incluso un día de fiesta nacional si se hacían con la copa y el título de 'Sir' para el entrenador.

Foto: Southgate celebra el pase a la final de la Eurocopa. (EFE)

Y eso ha irritado sumamente a un sector de la sociedad y a la prensa de izquierdas, quien apuntaban que la selección —con muchos jugadores de orígenes humildes y de descendencia inmigrante— no se ajustan “a la versión inglesa que los tories quieren imponer al país”. Por otro lado, el 'premier' también ha sido acusado de hipócrita por condenar ahora los ataques racistas y amenazas que están recibiendo los jugadores que fallaron los penaltis, cuando al inicio de la Eurocopa no mostró con firmeza su apoyo cuando el equipo recibía abucheos al ponerse de rodillas antes del saque inicial para denunciar precisamente el racismo. “A los jugadores se les tiene que animar, no abuchear”, se limitó a decir sin profundizar más en el debate.

Muchos diputados conservadores se mostraron en contra de la decisión de los jugadores, pero, sin lugar a dudas, la que ha salido peor parada ha sido la titular de Interior, Pitri Patel. El pasado mes de junio, la ministra de origen indio y responsable ahora del estricto sistema de inmigración que se ha impuesto en el Reino Unido tras el Brexit, denunció que aquellos que se arrodillaban estaban protagonizando un “gesto político” asociado al movimiento Black Lives Matter por lo tanto, consideraba que, en última instancia, era decisión de los hinchas si querían animar o abuchear.

Tras la final, desde su cuenta de Twitter —donde en su foto de perfil aparece ahora con la camiseta de la selección— Patel ha condenado los abusos. Pero el jugador Tyrone Mings ha contestado con un demoledor mensaje: “No puedes avivar el fuego al comienzo del torneo tachando nuestro mensaje contra el racismo como 'gesto político' y luego pretender estar disgustada cuando sucede exactamente eso que estábamos denunciando”.

Fútbol e identidad

Seamos sinceros. Lo de intentar sacar rédito al triunfo de la selección es algo que han hecho políticos de todo signo. Y no vamos ahora a sorprendernos. Los políticos rara vez ven un tren sin subirse a bordo y no hay un tren más tentador que un equipo popular que atrae a más 30 millones de telespectadores. Durante la Eurocopa de 1996, Tony Blair utilizó el emblema “el laborismo vuelve a casa” en el congreso nacional de la formación (un juego de palabras en inglés para referirse a ganar un trofeo). En 1966, Harold Wilson bromeó diciendo: “¿han notado que solo ganamos la Copa del Mundo cuando hay un gobierno laborista en Downing Street?”.

Y con el Brexit, no han sido pocos los comentarios en redes de que debía ganar “cualquiera menos Inglaterra”. El rotativo The National —defensor de la independencia escocesa— llegó a llevar en su portada un montaje en el que aparecía el entrenador italiano, Roberto Mancini, ataviado como el protagonista de la película Braveheart bajo el titular “nuestra última esperanza”.

Foto: Sancho es consolado por Henderson y Southgate. (Reuters)

En definitiva, el fútbol internacional puede llegar a ser una política de identidad reducida al absurdo. Llevado a la histeria por los medios dirigidos por la publicidad, se supone que genera una sensación de euforia nacional. Yo misma llegué a llorar con el gol de Iniesta, viendo el Mundial desde Londres, fuera de casa. “¡Iniesta de mi vida!”. Es recordarlo y se me ponen los pelos de punta. El éxito ofrece un subidón psicológico, que se vuelve más estimulante por las profundidades igualmente histéricas de la depresión en caso de derrota.

En este sentido, el nacionalismo deportivo ha sido explotado por regímenes totalitarios a lo largo del siglo XX, desde la Alemania de entreguerras hasta el comunismo de posguerra. Aunque este torneo ha estado cargado de mucha más política de la que estábamos acostumbrados. Los expertos debaten mucho si hay algún beneficio a largo plazo. Pero el consenso es que los triunfos no tienen impacto duradero. Sí, la gente se siente bien cuando las cosas van bien. Pero se suponía que tras el éxito de los Juegos Olímpicos de Londres de 2012, los británicos iban a comenzar a hacer más deporte para estar en forma. Y no fue el caso.

En definitiva, el deporte de élite glorifica a los atletas, no a los políticos. Pero, al mismo tiempo, la relación entre el fútbol y Westminster ha cambiado —y mucho— a lo largo de los últimos años. En los dos sentidos. Porque de igual manera que los políticos se han vuelto más ansiosos por asociarse con el éxito en el campo, los jugadores se han involucrado más políticamente en las décadas que han pasado desde que Inglaterra levantó la copa en el Mundial de 1966.

Foto: Rashford se arrodilla antes de un partido contra Dinamarca. (Reuters)

El capitán Bobby Moore nunca fue nombrado 'Sir'. En los pasillos del Parlamento no se hablaba de los vestuarios y viceversa. Ahora, sin embargo, Marcus Rashford ha liderado una campaña que ha obligado al Gobierno de Johnson a dar el servicio de comedor escolar gratuito durante vacaciones para las familias más desfavorecidas. Raheem Sterling ha demostrado liderazgo en la lucha contra el racismo. Harry Kane usó un brazalete con los colores del arco iris para conmemorar el mes del Orgullo Gay durante el partido contra Alemania. El propio entrenador, Southgate, publicó una carta al inicio del torneo titulada “Querida Inglaterra” donde defendía un patriotismo positivo, enriquecido por la diversidad del país.

Por cierto, la diputada conservadora, Natalie Elphicke, ha pedido disculpas después de que hayan salido a la luz los comentarios que hizo tras la final del domingo respecto a Marcus Rashford, asegurando que “debería haber pasado más tiempo perfeccionando su juego y menos tiempo jugando a la política”.

Sí, el fútbol ha cambiado. Desde hace tiempo, abarca mucho más allá de lo que ocurre en el terreno de juego.

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