Jugando a hacer islas en el mar de la China

Pekín construye en el disputado archipiélago Spratly con la intención de crear islas y ampliar el límite de sus aguas territoriales. Es uno de los conflictos a vigilar en el futuro

Foto: Embarcaciones chinas alrededor de una de las islas Spratly, en una fotografía tomada por la marina estadounidense en mayo de 2015. (Reuters)
Embarcaciones chinas alrededor de una de las islas Spratly, en una fotografía tomada por la marina estadounidense en mayo de 2015. (Reuters)

El Gobierno chino acaba de hacer una encuesta entre sus ciudadanos para preguntarles cómo ven el mapa de su país. La respuesta es el mapa 1

Mapa 1.
Mapa 1.

Todo el mar del sur de China es de China. Esto no es nuevo y la causa la tienen en el mapa 2. Los signos que se ven en el mar son los límites de las nueve líneas, frontera marítima que ya reclamaba Chiang Kai-shek.

Esos nuevos límites marítimos contienen dos archipiélagos. El que está más al norte es Diayou, mapa 3, disputado por China a Japón. Aquí hay avance chino, pues Japón ha terminado por reconocer que existe una disputa territorial sobre las islas.

Mapa 3.
Mapa 3.

Sin embargo, el problema de verdad viene del archipiélago de las Spratly, más al sur, una vez que China renunció a su pelea con Vietnam por las Islas Paracelso. China se ha puesto a construir pistas de aterrizaje, centros de mando y control, muelles de atraque y demás con la intención de convertir atolones, peñascos o arrecifes en islas artificiales. Mapas 4, 5 y 6. No para ahí la cosa, sino que reclama para esas nuevas 'islas', mar territorial de 12 millas y zona exclusiva de explotación.

Mapa 4.
Mapa 4.
Mapa 5.
Mapa 5.
Mapa 6.
Mapa 6.

Y eso ya es más grave porque es algo expresamente prohibido por el Derecho Internacional Público y porque las Spratly están reivindicadas por todos los países ribereños.

Reacciones diversas

Las respuestas han variado según países. Vietnam está comprando submarinos a los rusos. Japón se está rearmando según sus medios -que son considerables-. Corea del Sur pide la ayuda de EEUU, al igual que Indonesia y Malasia. Y los que van más lejos son los filipinos, que han atacado el problema de una doble manera: quieren ver de nuevo a los americanos en su país, algo que en China levanta ronchas, y han llevado a China al Tribunal de la Haya. Beijing no reconoce la jurisdicción del tribunal, pero con eso y con todo se espera alguna decisión de la Corte en este 2016.

Quizá lo más sorprendente de todo haya sido la vuelta de Taiwán al escenario de seguridad americano. Tras años de lógico olvido, la situación exige contar con el máximo de aliados. De ahí la incorporación de Taiwán a las estrategias de contención americanas. Es algo extravagante que ello suceda precisamente ahora, cuando acaba de ganar las elecciones Tsai Ing-wen, del Partido Progresista Democrático, cuyo enfoque de la relación con China es menos duro que el del Kuomingtang.

Los EEUU mantienen la presión sobre China con patrullas aéreas que la prensa china trata de "inaceptables" y de "contrarias a la soberanía nacional". Pero lo más intrigante de todo ha sido la misión de un destructor americano en la zona, el 'USS Lassen', este pasado octubre. A pesar de que los EEUU son el paradigma de la transparencia, no ha habido manera de saber lo que ha hecho el destructor en cuestión. Sobre todo no se sabe si simplemente se acercó o si entró en las 12 millas supuestamente chinas. Lo que sí es cierto es que el embajador de los EEUU en China fue llamado a capítulo por el Ministerio de Asuntos Exteriores para hacerle saber el malestar de su país por la incursión. Los EEUU, por su parte, van a invertir 259 millones de dólares estos próximos dos años en mejorar la seguridad marítima de Vietnam, Indonesia, Filipinas y Malasia.

En fin, es poco lo se puede añadir, si no poner el mar del sur de China en la lista de conflictos potenciales, al lado de Afpak y Oriente Medio.

Las tres voces
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