Delincuentes a la caza del chino en París

Las comunidades asiáticas de Francia, especialmente la china, exigen medidas contra los asaltos que sufren. El cliché entre los criminales es que no usan tarjetas y siempre llevan efectivo encima

Foto: Protesta de la comunidad china en París tras los recientes ataques, en Francia, el 4 de septiembre de 2016 (Reuters).
Protesta de la comunidad china en París tras los recientes ataques, en Francia, el 4 de septiembre de 2016 (Reuters).

Chaolin Zhang, 49 años, padre de dos niños, llegó a París desde la región china de Wenzhou en 2003. Pasó sus primeros años en la capital francesa solo, trabajando sin límite de horario para poder traer a su familia más tarde. El 7 de agosto pasado, Zhang y dos amigos iban a tomar una cerveza en el barrio de Aubervilliers, cuando fueron atacados por varios individuos que intentaban robarles sus pertenencias. En el forcejeo, Chaolin Zhang cayó al suelo y se destrozó el cráneo contra el bordillo de la acera.

La muerte de este modesto sastre es la gota que ha colmado el vaso de la desesperación de la comunidad asiática que vive en algunos barrios de París y en ciertas 'banlieues' al norte de la capital, como, Aubervilliers o La Courneuve. Casi todas las familias de chinos, vietnamitas, camboyanos o laosianos tienen alguna experiencia desagradable con los maleantes que salen a su caza para robarles. Jóvenes delincuentes han tomado como principales víctimas de sus ataques a los miembros de la comunidad asiática y, especialmente a los chinos, aunque los facinerosos no saben diferenciar entre un cantonés o un saigonés.

Entre los clichés que obsesionan a una parte de la juventud de estos barrios, que quiere dinero fácil y rápido, el del chino rico es uno de los principales. Según el estereotipo, los miembros de esa comunidad no utilizan tarjetas de crédito ni cheques, y van siempre cargados de dinero líquido, dice Oliver Wang, alcalde adjunto del distrito XIX de París, uno de las zonas, con el distrito XIII donde vive una importante comunidad asiática. De los atracos a la luz del día o de la noche no se libran ni las abuelas ni las embarazadas, que han rodado por el suelo defendiendo sus bolsas y solo han cedido después de sufrir patadas y bastonazos.

Ahora, los chinos de París están de luto. Pero han aparcado su silencio y su aguante y han salido a las calles. Dos manifestaciones en agosto y una a principio de este mes han hecho despertar a la prensa y a los políticos. Miles de franco-chinos piden más presencia policial en sus barrios y mas cámaras de seguridad en las calles. Quieren también un mayor respeto por parte de los policías que, dicen, no les tomar en serio cuando acuden a las comisarías a presentar una denuncia por robo y agresión.

Meriem Derkaoui, la alcaldesa magrebí de Aubervilliers (la ciudad acoge la primera plataforma de import-export textil en Europa), justifica la actitud de la policía insistiendo en que las víctimas no hablan bien francés o no tienen todos los papeles en regla. Lo cierto es que desde que la alcaldía ha contratado a dos traductores, las denuncias han pasado de 30, en 2015, a 105 en solo la primera mitad de 2016.

Miembros de la comunidad china de Francia protestan en París contra los asaltos, el 4 de septiembre de 2016 (EFE)
Miembros de la comunidad china de Francia protestan en París contra los asaltos, el 4 de septiembre de 2016 (EFE)

Olvidados por los antirracistas oficiales

La alcaldesa Derkaoui teme una reación violenta de los asiáticos, que pudiera degenerar en conflictos intercomunitarios. Los chinos de París denuncian que sus agresores son en su mayoría jóvenes negros y, últimamente, también bandas de franceses de origen magrebí. La prensa "progre" omite señalar este aspecto por no ser políticamente correcto. Pero la realidad no se oculta con el silencio y, como cualquier otra consecuencia de esta actitud, el Frente Nacional intenta sacar partido. Para los portavoces de Marine Le Pen, "no hay que hablar de chinos o asiáticos, sino de franceses". Esos franceses, según el FN, son un ejemplo de ciudadanía y de respeto al trabajo. Lo que quiere dejar a entender que son diferentes a los ciudadanos de origen árabe o africano. Otro cliché muy extendido y que muchos franceses comparten en voz baja.

En plena campaña electoral para las primarias de cada partido, de cara a las presidenciales de 2017, algunos políticos se han visto obligados a responder por primera vez a la llamada de auxilio de una comunidad hasta ahora olvidada de la atención política y del clientelismo. En la manifestación del 4 de septiembre algún político conocido a nivel nacional vino a hacerse la foto.

La recuperación política parece también haber despertado la atención de las múltiples y variadas asociaciones antirracistas, tan sensibles siempre ante cualquier denuncia contra árabes o negros. En las manifestaciones de los chinos de París no se vió ninguna pancarta de estas organizaciones que, en algún caso, fueron representadas de manera individual. Los asiáticos no son buenos clientes de los profesionales del antirracismo. Algún dirigente antirracista llegó a decir que "no podían tomar partido en manifestaciones en las que se pide más cámaras de vigilancia en las calles". Para la vicepresidenta de la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo (LICRA) – que también se despierta ahora- lo que ocurre con la comunidad asiática es "un problema de racismo subestimado por todos".

Mientras esperan las medidas prometidas por el Ministerio del Interior – más policías y más cámaras de vigilancia-, los chinos de París han cambiado de hábitos. Ya no salen a la calle con collares, pulseras o relojes. Ya no responden a las llamadas al móvil en público. Además, se organizan para defender sus locales y, si pueden, evitan salir solos. Cuando se les "acusa" de tener mucho dinero, responden que, si fuera cierto, no vivirían en los barrios modestos donde son atracados y agredidos.

Mondo Cane
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