En la Europa del siglo XXI hay una playa segregada y está en Italia

Pocos saben que en la ‘libertina’ Europa resiste una playa estilo ‘apartheid’ en la que el protocolo playero impone la división entre géneros. ¿Dónde está? En El Pedocin, Trieste

Foto: La playa `apartheid´ en Trieste recibe hasta 3.000 visitantes al día.
La playa `apartheid´ en Trieste recibe hasta 3.000 visitantes al día.

Casi todo el mundo ha oído hablar alguna vez de las playas segregadas. Más aún, todo el mundo asocia las playas segregadas con países como Irán, Arabia Saudí o incluso las playas de los judíos ortodoxos de Israel (que efectivamente existen). Y, sin embargo, pocos saben que, en la ‘libertina’ Europa, aún resiste una playa estilo ‘apartheid’ en la que el protocolo playero impone la división entre géneros. ¿Dónde está? En El Pedocin, Trieste, ciudad en el extremo noreste de Italia que comparte frontera con la también católica Eslovenia.

En la península itálica, la cosa no sorprende. La noticia fue recuperada por la prensa italiana hace unos años y después de ello se dejó de hablar del asunto. Y eso a pesar de que, como declaraban a unos periodistas extranjeros el mes pasado los gestores del balneario —de propiedad del ayuntamiento—, lo más extraordinario del lugar es que parece ser increíblemente amado. De esas cosas (a)normales que pasan en Italia.

Tanto es así que cada mañana, en los días de verano, mujeres de todas las edades ingresan en este pedazo de costa que apenas apenas 250 metros de largo para broncearse por separado. A un lado, se sitúan ellas (y sus hijos menores de 12 años, como dictamina el estricto reglamento), que son las más numerosas. Al otro, ellos, separados ambos por un vetusto muro de hormigón pintado de blanco y de unos tres metros de altura que empieza en la costa y acaba unos metros más allá, en aguas del Adriático.

Y hete aquí, decíamos, el insospechado éxito puesto que, de acuerdo con los administradores, la playa es muy frecuentada. Está abierta todo el año y, durante la época en que las temperaturas están en lo más alto de la columna de mercurio, recibe hasta 3.000 visitantes al día, muchos de ellos ancianos y madres locales, pero también —aunque en menor medida, según cuentan los diarios locales— rabinos judíos ortodoxos, camioneros turcos de paso por esa frontera y sacerdotes católicos que habitan en los alrededores.

“Muchos rabinos que viajan por Europa, pasan por allí cuando están en Trieste. Porque los hombres no pueden desnudarse delante de mujeres que no son sus esposas”, explicó en su momento a Il Gazzettino, el diario de Venecia, Eugenio Bevitori, miembro de la comunidad judía de Trieste. “(El Pedocin) es un patrimonio de una Trieste olvidada y que, a pesar de ello, muchos mantienen en sus corazones”, añadía Bevitori.

Una herencia austro-húngara

En verdad, cuenta el anecdotario local, la playa ya era frecuentada por el escritor irlandés James Joyce, quien pasó 15 años en Trieste hasta 1920. Más recientemente, dos cineastas Thanos Anastopulos y Davide Del Degan han incluso realizado un documental —titulado `La Última Playa´—, para mostrar las bondades del “mágico” muro que divide hombres y mujeres en Trieste. Además de ello, no son pocos los que evocan el anclaje histórico de El Pedocin, un balneario inaugurado oficialmente en 1903, hace ya 114 años, cuando Trieste estaba bajo dominio del Imperio austro-húngaro —la ciudad era su principal acceso al mar— y se querían prevenir los “actos contrarios a la decencia”.

Así, El Pedocin, que oficialmente se llama Baños Comunales La Lanterna, también sobrevivió a veinte años de época fascista y a la posterior ocupación anglo-estadounidense desde 1947 hasta 1954. Unos años en los que los bañistas estaban divididos por una valla que fue luego remplazada por el muro. Y este solo una vez, en 1959, fue derrumbado, aunque exclusivamente para ampliar la zona de la playa destinada a las mujeres y niños, en detrimento de la de los hombres que hoy es casi la mitad de grande que la otra.

Vistas del puerto de Trieste durante la regata Barcolana celebrada anualmente. (Reuters)
Vistas del puerto de Trieste durante la regata Barcolana celebrada anualmente. (Reuters)

¿Pero, por qué tanto éxito? “A las mujeres les encanta este lugar por tienen privacidad”, ha explicado Micol Brusaferro, una periodista que escribió dos libros sobre El Pedocin. “Sin hombres dando vueltas, tener algunos kilos demás o las piernas no perfectamente depiladas no es un problema”, precisó, en unas declaraciones hechas a la agencia alemana DPA. “A los hombres le gusta este lugar pues le permite tener un reposo de sus fastidiosas esposas”, agregó, por su parte, Giancarlo, un cliente del lugar.

Comentarios como estos también pueden leerse en los principales sitios web de reseñas turísticas, como Tripadvisor (cinco estrellas), Google Maps, e incluso en las páginas del lugar en las redes sociales. Seguir manteniendo en vida, o no, al balneario fue incluso objeto de un referéndum de 1943, en el que se involucró a la población local. La respuesta fue que, por supuesto que sí, había que seguir manteniendo al lugar. “El Pedocin es un icono de Trieste. ¿Por qué deberíamos perder un sitio tan excepcional?”, ha razonado más recientemente el concejal responsable de Deportes y Tiempo Libre de Trieste, Giorgio Rossi. De ahí que, entre 2008 y 2009, incluso El Pedocin fuera reestructurado, tras una inversión de 300.000 euros.

Un euro

Con todo, la existencia actual de El Pedocin —que en dialecto triestino significa `piojito´— parece tener también motivos más terrenales, como que el coste del pase para ingresar en este balneario (en Italia, las playas gratuitas son las menos) siempre ha sido muy bajo y hoy en día no supera la cantidad de un euro, lo que lo hace muy accesible para todos. Además, en El Pedocin está muy extendido el `topless´(mientras que en el resto del país ha caído mayoritariamente en desuso), y también el bikini micro. Eso sí, el nudismo integral está tajantemente prohibido.

Pocos han sido los que se han mostrado críticos, al menos públicamente. Lo hizo Margherita Hack, que años atrás reprobó abiertamente la existencia de El Pedocin. “Yo habitualmente acudo a playas mixtas. Allí nunca he ido”, comentó la hoy fallecida astrofísica italiana. “Pero parece una idea socarrona la de aislar a los hombres de mujeres. Yo estoy en contra de toda discriminación”, añadió. Más aún que, a poca distancia del lugar en el que ha sitio donde está la playa en cuestión, hay otra algo más indecente: una de las pocas autorizadas para los nudistas de la zona.

Mondo Cane

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