Julian Assange tiene una nueva causa: el referéndum de Cataluña

El fundador de Wikileaks ha dedicado sus últimos días en cuerpo y alma a tuitear y opinar sobre la cuestión catalana, sin que sus motivos estén claros. ¿Puro idealismo, o hay algo más?

Foto: Julian Assange, en el balcón de la embajada ecuatoriana en Londres, en mayo de 2017. (Reuters)
Julian Assange, en el balcón de la embajada ecuatoriana en Londres, en mayo de 2017. (Reuters)

Julian Assange, el fundador de Wikileaks, parece haber encontrado una nueva causa en Cataluña. A la defensa —en catalán— de la votación del próximo 1 de octubre se ha sumado el encontronazo mantenido en Twitter este fin de semana con Arturo Pérez-Reverte, y la publicación el domingo de 129 cables de la embajada de EEUU en Madrid relacionados con la cuestión catalana, seguidos ayer de otros 1.505 del consulado estadounidense en Barcelona. Los cables (datados entre 2004 y 2010 en el primer caso, y entre 1973 y 2010 en el segundo) no aportan nada demasiado relevante, pero ayudan a subrayar que Assange tiene una opinión firme sobre esta cuestión. Aunque nadie parezca tener muy claro por qué Cataluña, y por qué ahora.

Pero Assange nunca ha sido un personaje sencillo. Brillante y carismático, su organización es capaz de exigir transparencia extrema de gobiernos e instituciones al tiempo que mantiene el secretismo interno y una rígida jerarquía radicalmente alejada de la filosofía horizontal del movimiento 'hacker' que tanto le ha apoyado. Wikileaks está dispuesta a ponerlo todo patas arriba, pero Assange se ofende ante las críticas negativas en prensa. El grupo mantiene una estudiada imagen de 'un puñado de tipos en una habitación solos contra el mundo', pero, como subraya un extenso perfil sobre Assange publicado el mes pasado en la revista 'The New Yorker', su facturación anual, proveniente de donaciones, es millonaria.

Si hay un buen ejemplo de la complejidad de Assange es el trabajo de la cineasta Laura Poitras (conocida sobre todo por su premiado documental ‘Citizen Four’, sobre las filtraciones de Edward Snowden sobre la Agencia de Seguridad Nacional, la NSA, para la que él trabajaba). A finales del año pasado, la directora hizo público su nuevo trabajo, ‘Risk’, un detallado perfil de Assange filmado a lo largo de más de media década, que muestra los altibajos de Wikileaks en las fechas clave para esta organización. Hasta 2010, el grupo apenas había conseguido cierta notoriedad entre la comunidad 'hacker' al publicar documentos internos de la Iglesia de la Cienciología, un par de filtraciones bancarias y algún informe confidencial de la ONU. Pero todo explotó tras la filtración de más de 700.000 documentos facilitados por el soldado Bradley Manning —hoy Chelsea Manning— sobre las guerras de EEUU en Afganistán e Irak, o los documentos del Departamento de Estado; justo el momento en el que la cineasta empezó a filmar.

Conscientemente o no, Poitras estaba contribuyendo a una idea ampliamente generalizada que equipara a Snowden y Assange como los dos grandes campeones de la transparencia (o de la peligrosa revelación de secretos, según sus críticos). A la amalgama ha contribuido no poco el propio Assange, que ha intentado que Wikileaks se vinculase por activa y por pasiva en la causa del primero. Sin embargo, ambos no podrían ser más diferentes. ‘Citizen Four’ muestra a un Snowden sobrio y articulado, alguien que es consciente de lo que está haciendo y conoce el precio a pagar, y aun así está decidido a asumirlo por un ideal mayor. Sin estridencias, sin poner el foco en sí mismo salvo lo estrictamente necesario para explicar sus motivos, evitando a toda costa eclipsar la magnitud de lo que estaba revelando al mundo. Assange, en cambio, siempre fue otra cosa.

Los que le conocen bien hablan de un narcisismo desmedido, alimentado, como no podía ser de otro modo, por su aura de estrella de rock. A algunos les choca su actitud, que a veces cabe calificar de nihilista (en 2010 estuvo a punto de publicar los documentos sobre Afganistán sin ocultar los nombres de los colaboradores locales de las fuerzas de la OTAN, lo que sin duda habría supuesto su ejecución a manos de los talibanes. Al ser consultado al respecto, Assange comentó: “Bueno, son informantes. Si los matan, entra dentro de lo posible. Se lo merecen”. Solo la intervención de varios reporteros que colaboraban en la iniciativa pudo impedir en el último momento que esos nombres saliesen a la luz). Para otros muchos, en cambio, ha demostrado poseer unos sólidos principios que han resistido las pruebas más arduas.

Baltasar Garzón, director de la defensa de Assange, durante un acto en Quito el pasado junio. (EFE)
Baltasar Garzón, director de la defensa de Assange, durante un acto en Quito el pasado junio. (EFE)

Muchos de los colaboradores cercanos que le acompañaron en la fundación de Wikileaks en 2006 han desertado, cansados de sus maneras de demiurgo y sus dificultades para marcar límites entre la causa en la que todos ellos creían y sus intereses personales: hoy nadie sabe dónde termina Assange y dónde empieza Wikileaks. Daniel Domscheit-Berg, cofundador de la organización, denuncia en su libro 'Dentro de Wikileaks' el manejo que Assange hizo de las denuncias por abusos sexuales en Suecia. Según él, debería haberlas afrontado de forma privada, pero en lugar de eso Assange involucró a Wikileaks, afirmando que se trataba de una trampa estadounidense contra él y poniendo la organización al servicio de su propia defensa.

Ese caso es lo que le ha mantenido retenido durante más de cinco años en la embajada de Ecuador en Londres, donde entró disfrazado de repartidor en junio de 2012 para pedir asilo político, ante el temor de ser extraditado a Suecia y de allí a Estados Unidos. En este tiempo, en la batalla de la opinión pública, a Assange no le ha ayudado su conocida actitud depredadora hacia algunas mujeres ni sus comentarios brutalmente machistas: tras hacerse públicas las denuncias contra él, por ejemplo, aseguró que el caso no habría prosperado si Suecia no fuese “la Arabia Saudí del feminismo radical”.

De hecho, en el documental de Poitras puede verse una reveladora escena acaecida a finales de 2010, cuando Assange todavía tenía libertad de movimientos en el Reino Unido: cuando una de sus abogadas le aconseja ante la cámara que evite ese tipo de declaraciones, él responde: “Por supuesto, no en público”. Y cuando ella le dice que sería deseable que dejase de pensar así, él insiste en que su acusación se debe a “una conspiración feminista radical”. En ese momento, la cara de desesperación de la abogada lo dice todo. La secuencia es además significativa por otro motivo: Assange, muy consciente de su propia imagen, trató por todos los medios de que Poitras la eliminase del documental. Cuando ella se negó, se produjo la ruptura entre ambos. En cualquier caso, Estocolmo anunció en mayo la clausura de la investigación sobre los presuntos abusos sexuales de Assange, pero este sigue sin abandonar la embajada ecuatoriana, temeroso aún de una extradición a EEUU.

La reclusión forzosa en la legación ecuatoriana ha tenido un efecto demoledor en Wikileaks, que en estos años apenas ha publicado nada relevante: algunos correos electrónicos del régimen sirio, de Arabia Saudí, del partido de Recep Tayyip Erdogan; algo de información interna sobre el TTIP y el TPP; algunos manuales de la CIA de escaso valor. Pero el perfil de la organización empezó a cambiar de nuevo en 2016, cuando se hizo con una serie de 'mails' internos del servidor de la Convención Nacional Demócrata y del jefe de campaña de Hillary Clinton, John Podesta, y posteriormente de la propia candidata. El efecto de su publicación sigue sin estar claro, pero Clinton asegura que contribuyó notablemente a su derrota frente a Donald Trump. De repente, Wikileaks vuelve a estar en el candelero. Tanto, que este año ha conseguido marcarse su primer tanto de impacto mundial —elecciones estadounidenses aparte— desde 2010, con la publicación del caché de documentos Vault 7, las herramientas de ciberespionaje de la CIA.

Y con la redescubierta fama, han llegado también las acusaciones de connivencia con Rusia. Toda la comunidad de inteligencia de EEUU coincide en acusar a operativos rusos del 'hackeo' de los servidores de los demócratas, que, según ellos, serían la fuente de los documentos filtrados a Wikileaks. Assange ha negado este extremo, con credibilidad menguante ante el creciente aluvión de pruebas forenses que indican lo contrario.

Pancarta en la embajada ecuatoriana en Londres, en junio de 2017. (EFE)
Pancarta en la embajada ecuatoriana en Londres, en junio de 2017. (EFE)

¿Trabaja Assange para los rusos? Es difícil de decir: por un lado, es bien conocida su postura de que Rusia funciona como contrapeso al poder imperial de EEUU en el mundo, y en ese conflicto global, sus simpatías están claras. Assange incluso tuvo durante algún tiempo su propio programa en la cadena RT, que no carecía de interés. Y si bien durante algún tiempo Wikileaks trató los intereses de Moscú como los de cualquier otro Gobierno, hay evidencias de que recientemente ha evitado cruzarse en el camino del Kremlin: durante la campaña electoral de EEUU en 2016, Assange declinó publicar el material que le ofrecía un 'hacker' sobre la implicación rusa en Ucrania y su injerencia en las elecciones estadounidenses. Según esa fuente —que posteriormente se puso en contacto con 'Foreign Policy' para denunciar este doble rasero—, la información se componía de 68 gigas de documentos, procedentes nada menos que del Ministerio del Interior ruso.

“Enviamos varias filtraciones a Wikileaks, incluyendo el 'hackeo' ruso [a los servidores demócratas]. Eso habría expuesto las actividades rusas y mostrado que Wikileaks no estaba controlado por los servicios de seguridad rusos. Muchos voluntarios y empleados de Wikileaks o sus familiares han sufrido a manos de la corrupción y la crueldad rusas, estábamos seguros de que Wikileaks los publicaría. Assange puso excusa tras excusa”, afirma la fuente, que mostró a 'FP' los mensajes que se cruzó con él para demostrarlo.

Si Assange se hubiese alineado con los rusos, ¿podría estar Rusia detrás de su interés respecto a la cuestión catalana? No es inconcebible. No es que al Kremlin le interese lo más mínimo una Cataluña independiente, pero a estas alturas muchos expertos han identificado un patrón en las acciones de Moscú, consistente en promover aquellos fenómenos políticos que fomenten las tensiones internas en los países 'enemigos'. Y España, aunque muy alejada de Rusia, no deja de ser un país de la OTAN. No olvidemos que cada año se organiza en la capital rusa un congreso mundial dedicado a los movimientos separatistas de países occidentales, a los que se ha tratado de invitar a representantes vascos —que nunca han acudido— y catalanes —que sí han asistido, aunque solo del minoritario partido Solidaritat Catalana per la Independència—.

Es posible también que se trate solamente de un intento de generar titulares vinculándose a una de las batallas políticas del momento, conocedor de que eso puede ayudar a su imagen internacional de campeón de las libertades. O quizá sea una preocupación genuina por el derecho de autodeterminación de los pueblos, como él mismo da a entender. Tras opinar sobre Cataluña y Escocia, al ser preguntado ayer si apoyaría un referéndum similar para Texas o California, respondió: “Sí. Probablemente habrá un plebiscito en 2018 para California, ver #CalExit”. O tal vez haya razones más prosaicas y, como sugieren -sin que haya pruebas por el momento- algunos usuarios de las redes sociales, Assange tiene algún vínculo con SRG, el lobby contratado por la Generalitat por 60.000 dólares al mes para "apoyar sus esfuerzos de comunicación" de cara al referéndum.

Sea cual sea la razón, a Assange le ha dado fuerte con el tema: en los últimos cuatro días, la gran mayoría de sus tuits han sido artículos en castellano, catalán e inglés sobre Cataluña. Ayer, por ejemplo, difundió varios vídeos sobre las manifestaciones masivas de la Diada, acompañados de la siguiente leyenda: “Si lo de hoy es una guía, el 1 de octubre nacerá una nueva nación de 7,5 millones o una guerra civil. Los medios noticiosos en inglés lo ocultan”. La cuenta de Twitter de Wikileaks ha retuiteado muchos de sus comentarios. Y con 363.000 seguidores, más los cinco millones de la propia Wikileaks —muchos de los cuales jamás leerán otra cosa sobre este asunto—, Assange se convierte así en un formidable creador de opinión mundial sobre el 'procés'. A estas alturas, sus enemigos deberían saber que hacen mal en subestimarle.

Mondo Cane

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