Sicilia quiere 'un 155' contra la corrupción: "La autonomía nos convirtió en parásitos"

Intelectuales, analistas y empresarios sicilianos claman contra la “fracasada autonomía” de Sicilia. Hasta el punto de que ha surgido la propuesta de convocar un referéndum para abolir la autonomía

Foto: Penitentes durante una procesión de Semana Santa en Marsala, Sicilia. (Reuters)
Penitentes durante una procesión de Semana Santa en Marsala, Sicilia. (Reuters)

En época electoral, abundan las provocaciones y los eslóganes ruidosos en el entorno político. Y Sicilia, que celebra elecciones regionales el 5 de noviembre, no es una excepción. Lo ha demostrado Davide Faraone (Palermo, 1975), autor de la frase en la que se inspira parcialmente el título de este blog y actualmente subsecretario de Salud del Ejecutivo de Paolo Gentiloni, quien conoce bien el modelo autonómico de Sicilia -donde forjó su carrera antes de dar el alto a la política nacional- y siempre lo ha criticado.

Preguntado por las demandas de mayor autonomía de Véneto y Lombardía, Faraone no ha escatimado en hipérboles. “Se equivocan. Véneto y Lombardía ya son dos Ferraris, no necesitan mayor autonomía. Sicilia, con su autonomía, es un triciclo”, declaró en una entrevista publicada este miércoles en el diario 'La Repubblica'. Por ello, “el único referéndum que tendría éxito en Sicilia sería uno que aboliera la autonomía y el Parlamento siciliano, con sus ridículas liturgias”, dijo este siciliano, que pertenece al ala del Partido Democrático (PD) que lidera Matteo Renzi.

“No está garantizado que una mayor autonomía corresponda a un mejor gobierno”, añadió Faraone. “En mi región, por culpa del Estatuto (Sicilia es una de las cincos regiones italianas con un Estatuto especial que otorga la máxima autonomía prevista por la Constitución italiana), incluso las mejores reformas nacionales o no han sido aplicadas o lo han sido pero de una forma torpe”.

Faraone, que en 2016 escribió el libro "Sotto Sopra" (Al revés) sobre los errores de la autonomía siciliana, pretende materializar precisamente ese plan. “Acabo de presentar esta propuesta a mi partido y no es la primera vez que discutimos sobre las regiones con Estatutos especiales. Pero, atención, creo que deberíamos debatir sobre todas las regiones ‘especiales’, no solo Sicilia”, aclara posteriormente Faraone en un mensaje enviado a esta periodista. “Y creo que tendría éxito porque los sicilianos están cansados (de este modelo)”, agregó.

El frente anti-autonomía

Faraone no es un pionero en esta idea. Ya en el pasado, intelectuales, analistas e incluso empresarios sicilianos han clamado contra la que consideran la “fracasada autonomía” de Sicilia. El último ha sido el escritor Pietrangelo Buttafuoco, quien en febrero de este año llegó a decir que la autonomía siciliana “es el cáncer desde el que se originan todos los problemas”, y pidió cancelarla o suspenderla y ponerla bajo tutela del Estado central.

“Nosotros, los sicilianos, hemos transformado la autonomía en un pozo negro de la ilegalidad, del clientelismo y del subdesarrollo”, escribió Buttafuoco, en una carta enviada a 'Il Corriere della Sera'. “Yo también opino que la autonomía le ha hecho mucho daño a Sicilia”, asevera a El Confidencial Enrico Del Mercato, redactor jefe de del diario 'La Repubblica' en Palermo y quien desde hace años sigue la actualidad siciliana.

Los argumentos son infinitos e incluyen los enormes privilegios de los diputados sicilianos. Pero un referéndum implica cambiar la Constitución

“Los argumentos son infinitos e incluyen los enormes privilegios de los diputados sicilianos y organismos que malgastan el dinero”, añade Del Mercato, “dicho lo anterior, un referéndum para cambiar el modelo siciliano es muy complejo, pues implica cambiar la Constitución italiana”.

Ya en 2015, el empresario Ivan Lo Bello, entonces vicepresidente del gremio de los Industriales Italianos (Confindustria), clamaba que “el Estatuto especial debe ser cancelado. Es lo que nos ha convertido en unos parásitos. En el sur, hay un freno social parasitario muy fuerte y solo el mercado, las reglas, la competición, la eficiencia de la burocracia, la calidad de la clase política y las capacidades de los empresarios pueden combatirlo”.

“Sicilia no se merece la autonomía”, coincide el actor y director de cine Pierfrancesco Diliberto. Así y todo, nadie sabe si una petición de abolición de la autonomía tendría un amplio respaldo entre la población, porque no se han realizado estudios o sondeos -al menos públicamente- para preguntarle a los sicilianos qué opinan del tema. “Creo que podría tener cierto apoyo, pero solo si llega el mensaje de que así se acabará con la corrupción y el clientelismo”, reflexiona Del Mercato.

Mientras la mayoría de los partidos con presencia en Sicilia nunca se ha expresado claramente sobre la cuestión, o la han censurado, otros, como el presidente de Sicilianos Libres, Massimo Costa, han rechazado rotundamente la eventualidad de cancelar la autonomía.

Una mujer en un cajero de Banco de Sicilia, en la ciudad de Catania. (Reuters)
Una mujer en un cajero de Banco de Sicilia, en la ciudad de Catania. (Reuters)

Grandes dolores de cabeza

No obstante, el relato de la historia reciente de Sicilia evidencia las razones que sostienen los argumentos de Faraone y de quienes critican el modelo siciliano. La isla, a la que el Estado incluso pensó conceder la independencia después de la Segunda Guerra Mundial, obtuvo la máxima autonomía posible en Italia en 1946, dos años antes de que se aprobase la Constitución italiana (1948).

Desde entonces y hasta hoy, administrar Sicilia ha supuesto grandes dolores de cabeza. No solo allí se afincó una mafia poderosa, Cosa Nostra -que se hizo todavía más fuerte después de colaborar con los aliados para permitir el desembarco desde África-, además la isla nunca ha dejado de exhibir datos socioeconómicos dramáticos, que han estado (y siguen estando) en el origen de las grandes migraciones de sicilianos hacia el norte de Italia y en otros países de Europa y del mundo.

A pesar de las ventajas fiscales -mayores que las de las regiones ordinarias-, en Sicilia se ha desarrollado un nefasto clientelismo en su administración pública, más dada a repartir empleos que servicios. Tanto así que hoy Sicilia posee una de las más elevadas tasas de empleados públicos (con relación a su población) del país, el 19,95%, según los últimos oficiales. “Desde los años 70, Sicilia paga 577 millones de euros al año en pensiones y recibe 163 millones”, insiste Faraone en su libro.

Otro ejemplo está en la simplificación administrativa, que todavía permanece inacabada, a pesar de que Italia ha aprobado en los últimos años una ley a nivel nacional. Prueba de ello es el número de ayuntamientos: 390, 34 de los cuales con menos de 1.000 residentes. Y los hay como Terrasini y Cinisi, en las cercanías de Palermo, cuyos habitantes se ven forzados por la burocracia a pedir dobles autorizaciones (a ambos ayuntamientos) si necesitan un cambio en su redes de desagüe o usar el puerto (que unos y otros comparten, aunque con fines distintos).

El volcán Etna durante una erupción, en la isla de Sicilia. (Reuters)
El volcán Etna durante una erupción, en la isla de Sicilia. (Reuters)

Por no hablar de las guardias forestales, que algunas estimaciones dicen que suman unos 900 con contrato de tiempo indeterminado (y que, paradójicamente no son considerados empleados públicos, a pesar de que sus sueldos se pagan con dinero de la región), que se suman a otros miles -las cifras van de 24.000 a 26.000- con otros contratos. Todo ello a pesar de que la isla es regularmente devastada en los veranos por graves incendios.

Más importante es la crisis de las arcas públicas sicilianas. Que se ha hecho más evidente con la gran crisis financiera que empezó en Estados Unidos y contagió a Europa a partir de 2008. Tanto que, en 2012, la región estaba al borde de la quiebra. “Riscossione Sicilia (la agencia de los impuestos sicilianas) no recaudó 52.000 millones de euros en los últimos 10 años, 30.000 millones de los cuales ya están prescriptos”, titulaban los diarios a principios de este año, después de una audición de esa agencia en la Comisión Antimafia italiana.

Dicho lo anterior, se han dado algunos pasos hacia adelante. “El número de diputados bajó de 90 a 70 y se redujo el déficit de la región”, aclara Del Mercato, refiriéndose a la última Administración liderada por Rosario Crocetta, miembro del Partido Democrático. “Crocetta ha sido muy bueno en desmontar algunas cosas, pero no ha sabido avanzar de una manera efectiva. Un ejemplo está en las provincias que habían sido canceladas y que ahora ha dicho que reintroducirá, con el consecuente caos para que los empleados trabajen teniendo claras sus funciones”, añade.

En este clima, con Véneto y Lombardía haciendo lo suyo, no son pocos los que ahora han puesto las miradas sobre las elecciones sicilianas del próximo 5 de noviembre, desde siempre consideradas un test para las generales. Unos comicios en los que el centroizquierda se presenta fragmentado y los sondeos dan como ganador al conservador Nello Musumeci, seguido por el candidato de los ‘indignados italianos’, Giancarlo Cancelleri, del Movimiento Cinco Estrellas (M5E).

Mondo Cane
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