Los masones de Italia, del 'Gobierno en la sombra' a la política de puertas abiertas

Se calcula que las diferentes logias suman unos 350.000 miembros en todo el país. Pese a sus esfuerzos, la palabra masonería sigue provocando todo tipo de sentimientos en la sociedad italiana

Foto: Un miembro de una logia masónica enarbola un mazo, en una imagen de 2008. (Reuters)
Un miembro de una logia masónica enarbola un mazo, en una imagen de 2008. (Reuters)

Hace años, recién llegada a Italia, un editor me pidió un reportaje sobre la masonería italiana. Ya había conocido a masones en Brasil, pero nunca había tenido contacto con sus “hermanos” italianos, cuya mala fama se extendía por más de un continente. Así empecé a buscar y, para mi sorpresa, pocas semanas después logré una cita para visitar la Grande Logia de los Antiguos, Libres y Aceptados Masones. Esta es la más progresista de los dos principales círculos masónicos que existen en Italia; la otra, el Grande Oriente de Italia, con sus 23.000 inscritos y 850 logias conocidas, aún no admite a las mujeres como miembros.

Llegada al sitio del encuentro, un secretario de aire asustadizo me introdujo en el interior del edificio de Gran Logia de Italia. Entré así en aquel lugar situado en el centro de Roma, situado a pocos metros de las ruinas arqueológicas de Torre Argentina, y poco después apareció él: un jefe masón sonriente, enjoyado y ataviado con prendas que, pensé, parecían de otras épocas. La ceja altiva, la piel envejecida y el porte de aristócrata.

- Buenos días. ¿Qué ha venido a hacer?

- Un reportaje.

- Le mostraré el templo, nuestra librería y donde nos consultamos. Pase, pase, por favor. No hay nada que temer.

Empezó así una visita en la que sometí al masón a ráfagas de preguntas extravagantes e inquisidoras, a las que el hombre contestó sin titubeos, sin que por ello yo percibiera transparencia en aquello. Por más de una hora, recorrimos las sombrías habitaciones del edificio, unos cuartos cargados de los símbolos masónicos más conocidos: la escuadra, el compás, la G mayúscula… hasta llegar a un recinto que simulaba una especie de Parlamento masón.

- ¿Lo ve? No hay nada extraño aquí. Nuestras puertas están abiertas. Y si usted un día quiere unirse a nosotros, será bienvenida.

Me quedé de piedra.

En un país donde hasta lo más extraordinario se consume al aire libre, la palabra masonería todavía despierta sentimientos de todo tipo en Italia. Hay quienes -empresarios, profesionales, criminales y también italianos de a pie de calle-, a pesar los múltiples escándalos, sienten admiración o incluso están obsesionados por estos grupos. Pero también existen otros en los que genera temor y desconfianza.

Licio Gelli, líder de la Logia P2 (Fuente: Wikimedia Commons)
Licio Gelli, líder de la Logia P2 (Fuente: Wikimedia Commons)

De igual manera, con frecuencia pueden leerse en los medios de comunicación noticias o hipótesis, más o menos fundadas, sobre la masonería. Por ejemplo, en julio, la policía informó de un operativo en el que se desarticuló una red de masones y capos mafiosos de la Cosa Nostra siciliana que se repartían y maniobraban la ciudad. E incluso se ha llegado a decir -por una fiscal- que Matteo Messina Denaro, el jefe mafioso fugitivo desde 1993 y buscado también por el FBI estadounidense, ha sido ayudado por la masonería para seguir ocultándose.

En la misma tónica, el año pasado, un operativo que ha dado mucho de qué hablar ha sido el de Mamma Santissima, durante la cual un jefe masón reveló que de las 32 logias de Calabria, al menos 28 estaban controladas por la ‘Ndrangheta. Mientras que más vieja, pero siempre actual, es la historia de la logia Propaganda 2 (P2) del Grande Oriente, disuelta por ley en 1982, y que llegó a ser considerada “un Gobierno paralelo” -como dijo entonces la comisión parlamentaria que los investigaba-, con ramificaciones en Argentina y Uruguay. Su líder era tal Licio Gelli y sus miembros incluían a 44 parlamentarios, altos mandos de los servicios secretos, jueces, periodistas e uno con un nombre algo conocido: Silvio Berlusconi.

Y así y todo, lo más increíble es la seducción que, como decíamos, estos grupos siguen generando en la población. Tanto así que, cuando hace meses el Grande Oriente lanzó una campaña para captar nuevos adeptos, se produjo un pequeño “boom” de solicitudes de inscripción, tal como dijo el gran maestro de ese círculo, Stefano Bisi. “Todos locos por la masonería 4.0.”, fue entonces el comentario de una agencia de prensa nacional. Otra iniciativa, unos días de puertas abiertas de la logia de Génova del Grande Oriente, atrajo a 1.000 visitantes en cuatro jornadas, a comienzos de este mes.

Así funciona el marketing. Y eso pese a las peculiares reglas impuestas por el Grande Oriente, como no ser mujer y “hacerse preguntas sobre la vida”, para trabajar “en temas filosóficos, simbólicos y sociales”. “Después de una primera selección, los 'bussanti' (aspirantes a entrar en el Grande Oriente, según el críptico lenguaje de este grupo), son contactados en persona y sus cualidades son examinadas. Luego, sigue la ceremonia y el aprendizaje, que puede durar mucho tiempo”, puntualizó Bisi quien, antes de ponerse la capucha, era periodista en Siena.

No ha de sorprender. A pesar de las polémicas y las restricciones impuestas por la ley, las logias, prohibidas durante el fascismo, nunca han muerto. Más bien al revés. Han hecho un gran esfuerzo para sobrevivir y continuar influyendo en Italia. Esto, al mismo tiempo, ha generado una gran actividad de investigadores, fiscales y jueces, para revelar sus prácticas más dudosas y delictivas. Algunos de ellos han incluso pagado muy cara la osadía y están bajo escolta a tiempo completo.

La escuadra, el compás y el mazo, símbolos de la masonería. (Reuters)
La escuadra, el compás y el mazo, símbolos de la masonería. (Reuters)

Por ello, en enero del año pasado, un diputado del Partido Democrático, Davide Mattiello, pidió que se amplíen las restricciones jurídicas contra las logias masónicas ya impuestas por la ley Anselmi del 25 de enero de 1982. Entre sus propuestas, Mattiello incluyó que a policías, diplomáticos y otros funcionarios se les prohíba tajantemente asociarse a estos grupos, sin importar el grado de ‘obediencia’ impuesta por el grupo masónico de pertenencia. La propuesta, sin embargo, aún no ha avanzado en el Parlamento.

En verdad, no se sabe a ciencia cierta cuántos masones hay hoy en Italia. Según una investigación de 2014 del periodista Gianfrancesco Turano, la cifra sumaría alrededor de 350.000 afiliados, repartidos entre el Grande Oriente d’Italia, la Grande Logia de los Antiguos, Libres y Aceptados Masones y la Grande Logia Regular de Italia, la de más reciente creación. Pero a ellos hay que sumar otras decenas de pequeñas asociaciones que operan en todo el país. Su origen, allá por el siglo XVIII, los ha visto afincarse principalmente en las norteñas Piemonte y Toscana. Aunque no es, al parecer, en el norte del país donde hoy más han crecido estos círculos, sino en Sicilia y Calabria, donde ahora hay más adeptos que en Lombardía, a pesar de que esta región sea mucho más poblada que las otras dos. En Sicilia, por ejemplo, hoy el Grande Oriente d’Italia cuenta con 2.300 adeptos, un 70% más que hace 25 años, y en su mayoría son jóvenes que no superan los 30 años.

Desde la comisión parlamentaria antimafia, la presencia de los masones en esa dos regiones genera desde hace tiempo más de una sospecha. Y este lunes incluso se ha sabido que doscientos de ellos estarían bajo investigación por asociación mafiosa y otros tantos por delitos relacionados con la administración pública. Algo que nos dice que, al parecer, estamos lejos del final de esta historia.

Mondo Cane
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