Jurar fidelidad a la Reina para detener el Brexit: el dilema imposible del Sinn Fein

Los republicanos de Irlanda del Norte no reconocen a la Corona y se niegan a ocupar sus escaños en Westminster, pero ahora se enfrentan a la presión de sus aliados porque su voto es clave

Foto: Un hombre pasa por delante de un mural republicano en Belfast Occidental. (Reuters)
Un hombre pasa por delante de un mural republicano en Belfast Occidental. (Reuters)

¿Puede acabar un republicano jurando fidelidad a la Reina para revertir el Brexit? Una pensaba que ya había visto de todo con el referéndum, pero el complejo divorcio con el bloque sigue dejando momentos verdaderamente épicos en Westminster. Y ahora con la frontera de Irlanda y el debate de la unión aduanera la cosa se pone verdaderamente interesante.

Comencemos primero con la aritmética de la Cámara de los Comunes: hay 650 asientos, por lo que, para obtener la mayoría, el Gobierno de turno solo necesitaría 326, es decir, la mitad más uno. ¿Cierto? Pues no es así. Los británicos tienen millas en vez de kilómetros, pesos en vez de gramos, conducen por la izquierda y son capaces incluso de comer sándwiches de patatas fritas (esta corresponsal ha sido testigo). ¿Por qué iban a querer hacer las cuentas como el resto de los mortales?

El conocido como Mr. Speaker –el equivalente al presidente de la Cámara, cuyo puesto ocupa ahora el tory John Bercow- y los tres vicepresidentes (uno conservador y dos laboristas) no participan en las votaciones. Y luego siempre ha estado la cuestión histórica del Sinn Fein, en su día considerado el brazo político del ya inactivo IRA. Desde que sus primeros parlamentarios fueron elegidos en 1917, los nacionalistas católicos norirlandeses nunca han ocupado sus asientos en Westminster. Es más, la primera mujer en el Reino Unido en ser elegida diputada en 1918, la condesa Constance Markievicz, pertenecía al Sinn Fein y, a pesar de todo lo que supuso su nombramiento, también se negó a ocupar su escaño.

Como republicanos, los del Sinn Fein no reconocen a la monarca y también se niegan a aceptar la legitimidad del Parlamento de Londres sobre Irlanda del Norte. Al fin y al cabo, ellos se sienten irlandeses y lo que buscan es una isla sin división entre norte y sur. Así que, después de 100 años, ¿qué podría hacerlos cambiar de opinión? El Brexit, concretamente la frontera en la isla convertida ahora en el principal escollo en las negociaciones de Londres y Bruselas.

El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, del Fine Gael, apoyado de manera insólita por la oposición laborista de Brendan Howlin, ha pedido a la formación que, debido a todo lo que hay en juego, ocupen sus asientos en los Comunes. Y en circunstancias normales, la presencia o no del puñado de parlamentarios del Sinn Fein no afecta a las votaciones. Pero la política británica vive tiempos excepcionales, con una primera ministra que, en medio de las negociaciones del Brexit, perdió la mayoría absoluta, ahora cuenta sólo con 316 diputados y, si gobierna, es gracias al apoyo de los 10 unionistas norirlandeses del DUP, el actual mayor enemigo político del Sinn Fein.

Mary Lou McDonald, la nueva presidente del Sinn Fein tras la salida del líder histórico Gerry Adams, durante su discurso de aceptación en Dublín, el 10 de febrero de 2018. (Reuters)
Mary Lou McDonald, la nueva presidente del Sinn Fein tras la salida del líder histórico Gerry Adams, durante su discurso de aceptación en Dublín, el 10 de febrero de 2018. (Reuters)

Matemáticas claras

Desde el pasado mes de junio, los conservadores y el DUP han ido logrando sacar adelante las leyes al acumular entre ambas formaciones 326 votos en la cámara baja. Por las razones explicadas, la llamada “working mayority”, es decir, la mayoría con la que en la práctica May puede contar para gobernar, es sólo de 13 escaños. Sin embargo, todo puede cambiar ahora si el Sinn Fein hace uso de los siete asientos que ganó en las últimas generales.

Si deciden unirse al Partido Laborista (259), los nacionalistas escoceses del SNP (35), liberal demócratas (12), los galeses del Plaid Cymru (4), los Verdes (1) y los independientes (5), la oposición puede reunir 320 votos, reduciendo la mayoría de los conservadores a solo seis. Eso quiere decir que sólo harían falta tres o cuatro rebeldes para poner al Ejecutivo contra las cuerdas.

De momento, ya hay ocho tories pro UE decididos a apoyar la enmienda que pide dejar al país dentro de la unión aduanera, y podrían ser respaldados también por los laboristas a juzgar por el discurso de su líder Jeremy Corbyn, quien esta semana se ha mostrado a favor un Brexit blando.

Si el Reino Unido se quedara finalmente en la unión aduanera se facilitarían mucho las cosas para evitar una frontera dura en Irlanda. Ha sido precisamente la nueva postura tomada por los laboristas –y las posibilidades de la derrota para el Gobierno que esto conlleva- la que ha puesto presión sobre el Sinn Fein. Los republicanos, de momento, siguen en su posición de no ocupar sus asientos. Pero en Irlanda –donde la formación sí ocupa los 23 escaños que tiene en el parlamento de Dublin- aumentan las críticas de aquellos que les acusan no estar haciendo lo suficiente por la isla.

Con todo, la votación determinante vendrá a finales del año, cuando la Cámara de los Comunes tendrá que de decidir si aprueba o no el acuerdo final del Brexit que el Gobierno pacte con Bruselas. En caso de rechazarlo, no se descartan nuevas elecciones o incuso un segundo referéndum sobre la permanencia en el bloque.

Por lo tanto, ¿acabarán los republicanos jurando fidelidad a la reina? Es complicado, pero para el Gabinete de May se ha convertido en una cuestión que quita el sueño a más de uno.

Mondo Cane

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