Cuba 2030: por fin tendremos el paraíso socialista de América

Cuba 2030: por fin tendremos el paraíso socialista de América

Una vez más, el Gobierno cubano promete que en un futuro próximo el modelo será "próspero y sostenible" y se habrán acabado el embargo y la escasez. Pero Raúl Castro no estará para verlo

Foto: Un almendrón, uno de los coches fabricados antes de la Revolución, pasa por delante de un cartel revolucionario en La Habana. (Reuters)
Un "almendrón", uno de los coches fabricados antes de la Revolución, pasa por delante de un cartel revolucionario en La Habana. (Reuters)
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Si usted es cubano y vive en Cuba, la primera tarea en su agenda de cosas pendientes debería ser el descubrimiento de algún método efectivo de hibernación. Vencido ese obstáculo, solo le faltaría programar su “renacimiento” para el año 2030 –y una vez alcanzada esa fecha– disfrutar del mejor de los países posibles. De creer a pie juntillas en los discursos del gobierno de La Habana, la ecuación no deja margen al error. Para 2030 se habrán cumplido todas las tareas de desarrollo comprendidas dentro de los llamados “Lineamientos del Partido y la Revolución”, y el socialismo cubano será “próspero y sostenible”, gracias –sobre todo– a la sabia “guía del Partido”. Por entonces, los ciudadanos de la isla tendrán más alimentos, más viviendas, más bienes de consumo, más calidad de vida… y su modelo de sociedad se habrá ratificado “como ejemplo para todos los pueblos que en el mundo luchan por un futuro mejor”.

Como cabe esperar, en aquella suerte de Nirvana revolucionario el embargo estadounidense habrá desaparecido, “vencido por la lógica de la historia y su propia irracionalidad”. Siguiendo la misma cuerda de razonamiento, muy posiblemente la “unidad latinoamericana” será una “realidad de la mano de los movimientos sociales”.

El autor de tan optimistas previsiones dispone de contadas posibilidades para verlas convertirse en realidad. A las puertas de su cumpleaños 86, Raúl Castro tiene por delante tres años decisivos en la pretensión de hacer “invulnerable” la Revolución que inició junto a su hermano Fidel. En ese tiempo deberá seleccionar un sustituto adecuado para entregarle las presidencias conjuntas del Estado y el Gobierno (la designación está pactada para este 19 de abril), convertir en rédito político las celebraciones por el aniversario 60 de “El Triunfo” (en enero próximo) y “amarrar cuanto deba amarrarse” desde la omnipotente jerarquía de Primer Secretario del Partido Comunista (máximo cargo público en la Isla, que pudiera retener hasta abril de 2021).

Recoger los frutos sembrados por el “General-Presidente” o cargar con sus culpas será responsabilidad de otros. Siempre, a partir del año 2030.

No se trata de una estrategia nueva, resalta un experimentado periodista consultado por El Confidencial en condiciones de anonimato. “Raúl Castro solo ha asumido una herramienta política que muchas veces empleó Fidel: ante la imposibilidad de garantizar mejoras en el presente, prometer el futuro. Así lo hizo en los años 60, prometiendo villas y castillas para afianzarse en el poder; en los 70 y 80, anticipando grandes beneficios que vendrían de nuestra incorporación al Campo Socialista; o en los comienzos de los 2000, cuando lanzó la llamada ‘Batalla de Ideas’, proclamó el fin del Período Especial [la crisis económica provocada por la caída del socialismo europeo] y pronosticó que los cubanos se convertirían en el pueblo más culto del mundo. Sobra decir que muy pocas de aquellas pretensiones se hicieron realidad”.

Un grupo de personas enarbola carteles con la cara de Fidel Castro mientras espera la caravana funeraria del líder cubano, en Las Tunas, el 2 de diciembre de 2016. (Reuters)
Un grupo de personas enarbola carteles con la cara de Fidel Castro mientras espera la caravana funeraria del líder cubano, en Las Tunas, el 2 de diciembre de 2016. (Reuters)

Doce años para construir el “paraíso”

Juan Carlos Oliva ha pasado buena parte del último año intentando reconstruir la casa en la que vive, en el municipio habanero de El Cotorro. Para hacerlo, cuenta con la ayuda de su hijo mayor, quien en 2015 emigró a los Estados Unidos y desde allá le envía el dinero necesario para afrontar los trabajos. Mas ni siquiera ese apoyo le ha bastado para llevar a feliz término la obra.

“Las cosas están malas. Incluso pagando a sobreprecio es difícil conseguir el cemento o los áridos, y las cabillas y las losas para azulejar se han vuelto un dolor de cabeza. Yo mismo llevo casi un mes parado por la falta de cabillas de media pulgada para un techo que necesito fundir, y nadie –ni siquiera los revendedores– puede dar cuenta de cuándo volverán a entrar a los puntos de venta”.

La misma escena se repite en toda la isla, pese a los altos precios de los materiales de construcción (que los convierten en una importante entrada de recursos para el gobierno) y la crítica situación de la vivienda (de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina, de la ONU, Cuba es el segundo país del continente con el mayor índice de “viviendas inadecuadas”, cerca del 48% del total). A ello debe sumarse el hecho de que la Isla presenta un déficit habitacional de alrededor de 660.000 inmuebles, como reconocía el Consejo de Estado en agosto de 2017. En contraposición, Cuba se mantiene como la segunda nación del hemisferio con menor consumo per cápita de cemento (en la última década, solo le superó Haití) y la industria del acero ha continuado descendiendo en sus entregas (por ejemplo, de 2016 a 2017 su producción de barras de acero corrugadas cayó de 100.000 a 70.000 toneladas).

La respuesta al problema no podía ser otra que “un plan de inversiones previsto hasta 2030, cuyos beneficios comenzarán a verse en los próximos años”. Así se anunció a bombo y platillo durante la recién concluida Feria Internacional de la Construcción de La Habana, en la que el ministro del ramo habló de la modernización de las plantas de cemento y acero, gracias créditos rusos y chinos. En su optimista previsión, dentro de doce años podría "llegar a resolverse definitivamente el problema de la vivienda”, objetivo que el Gobierno no ha sido capaz de cumplir en casi seis décadas de gestión.

Un hombre trabaja en la reparación de un tejado derruido por el paso del huracán Irma en el centro de La Habana, en septiembre de 2017. (Reuters)
Un hombre trabaja en la reparación de un tejado derruido por el paso del huracán Irma en el centro de La Habana, en septiembre de 2017. (Reuters)

"Sin prisas pero sin pausa"

Ramas como el transporte o la agricultura también han fijado “renacimientos” para esa suerte de “Año D”. Su designación como “puerto de destino” ha permitido a Raúl Castro avalar la premisa de que la Actualización debe desarrollarse “sin prisas pero sin pausa”, pues “no deben apresurarse procesos en los que está en juego el futuro de la Revolución”.

El caso del trabajo por cuenta propia –el emergente sector privado– constituye un ejemplo representativo. Tras ser impulsado por inéditas legislaciones que entraron en vigor a partir de 2010, en agosto pasado el gobierno de La Habana decidió poner en pausa su desarrollo, suspendiendo el otorgamiento de licencias para las actividades con mayor número de solicitudes y para nuevas cooperativas “no agropecuarias”. La medida se mantendría “por pocos meses, en tanto tiene lugar un proceso de perfeccionamiento”, apuntó en esa oportunidad Marino Murillo Jorge, el vicepresidente del Consejo de Ministros a cargo de las reformas.

Ocho meses después desde el Palacio de la Revolución se mantiene el mutismo en torno al tema, sobre el cual solo se han emitido dos decisiones con carácter inapelable: hasta próximo aviso no se otorgarán permisos para nuevas cooperativas y las cerca de 400 que ya existen serán sometidas a una profunda reestructuración. Respecto al “cuentapropismo” no se han definido –o al menos esbozado– los cambios que habrán de adoptarse.

Pocos los aguardan con optimismo. “Lo que venga, será con la mentalidad ‘cerrar’ y siempre tendrán la opción de decirle a la gente que más adelante todo será distinto”, opina Ronniel, un joven abogado reconvertido en informático, que hasta mediados de 2017 pensó en abrir un hostal para turistas extranjeros en la casa heredada por su esposa, en la céntrica ciudad de Camagüey. Para hacerlo, contaba con los ahorros obtenidos de su negocio y varios miles de dólares que les enviaría su suegra desde los Estados Unidos. La suspensión del otorgamiento de licencias los sorprendió en medio de los preparativos y lo determinó a tomar un camino que hasta entonces no había contemplado entre sus posibilidades: emigrar. “No lo hago ni por mí ni por mi mujer, sino por nuestro hijo. No se puede vivir en un país donde siempre te están diciendo que las cosas se resolverán mañana”.

Raúl Castro durante la Asamblea Nacional en La Habana, el 21 de diciembre de 2017. (Reuters)
Raúl Castro durante la Asamblea Nacional en La Habana, el 21 de diciembre de 2017. (Reuters)

...Y sin posibilidad de cuestionarlo

A doce años de haber ascendido al poder, Raúl Castro da muestras de considerar que el tiempo juega a su favor. Compromisos del comienzo de su mandato, como la unificación monetaria o la elevación de los salarios, se hallan hoy tan lejos de cumplirse como en julio de 2006. Pero el país funciona en niveles aceptables de eficiencia, la oposición interna es virtualmente intrascendente y aún le quedan por delante tres años para realizar cualquier ajuste necesario. Además, quien cuestione tal orden de cosas puede ser reprimido de diversas formas o descalificado, si se trata de alguien con notoriedad pública. En el segundo grupo pueden contarse personalidades como Humberto Pérez, uno de los expresidentes de la Junta Central de Planificación, el ente gubernativo a través del cual Fidel Castro dirigió la economía nacional durante décadas.

Hace pocos meses, Pérez firmó un artículo en el que llamaba a tomar lo mejor de los diferentes modelos de organización política y económica que coexisten en el mundo, y empeñarse en conseguir resultados en el cercano plazo. En su reflexión citaba un discurso de Lenin –uno de los paradigmas ideológicos del gobierno de La Habana–, pronunciado en 1921, cuatro años después de la toma del poder por los bolcheviques: “Los manifiestos y las declaraciones generales en su momento fueron necesarios para explicarle al pueblo qué cosas nuevas queríamos edificar y cómo hacerlo, pero no tiene sentido continuar rutinariamente repitiéndolos. Si seguimos haciéndolo, el obrero más simple se burlará de nosotros y nos dirá: ‘Basta de explicar cómo quieres edificar, demuéstranos en la práctica cómo sabes hacerlo. ¡Y si no lo sabes, nuestros caminos son diferentes; vete al diablo! Y tendría razón’”.

El texto, que parece escrito para el actual contexto cubano, le valió a Pérez la etiqueta de “centrista”, la ofensa de moda para descalificar a quienes no comulgan de forma absoluta con los postulados oficiales. Mas no mereció siquiera una respuesta específica desde Palacio. Tampoco es que resultara necesaria. Cualquier rendición de cuentas deberá esperar al menos hasta 2030. No tiene sentido apresurar el advenimiento del Cielo a la tierra.

Mondo Cane

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