El sueño italiano de Le Pen: una alianza con la extrema izquierda para gobernar Francia

La eterna esperanza blanca del nacional-populismo francés quiere utilizar el hito de su amigo italiano como revulsivo para encontrar aliados que le ayuden a romper su techo de cristal electoral

Foto: Marine Le Pen conversa con Matteo Salvini durante la conferencia Una Europa de Naciones y Libertad, en Milán. (Reuters)
Marine Le Pen conversa con Matteo Salvini durante la conferencia "Una Europa de Naciones y Libertad", en Milán. (Reuters)

Marine Le Pen nunca pensó que Matteo Salvini pudiera llegar al poder antes que ella. La eterna esperanza blanca del nacional-populismo francés quiere utilizar el hito de su amigo italiano como revulsivo para encontrar aliados que le ayuden a romper su techo de cristal electoral.

En el XV Congreso del Frente Nacional, celebrado en Lyon en noviembre de 2014, uno de los invitados extranjeros llamaba la atención por los pasillos del recinto donde se celebraba el encuentro. Llevaba escrito en su camiseta “Basta euro” y “Orgulloso de ser populista”. La vestimenta obligaba a los más despistados -la mayoría- a preguntar por su nombre: Matteo Salvini, entonces jefe de la todavía llamada Lega Nord. El hombre-anuncio rompía así la ignorancia sobre su persona en Francia, incluso entre los militantes del FN.

Cuatro años más tarde, Salvini gobierna Italia en alianza con una formación alejada en muchos aspectos de su programa, el Movimiento 5 Estrellas de Luigi di Maio. Mientras, Marine Le Pen, finalista en las presidenciales frente a Emmanuel Macron pero siempre al frente del primer partido francés en votos hasta toparse con el joven candidato de “La Republique en Marche”, sigue lejos del poder, dándose cabezazos contra su techo de cristal electoral y buscando desesperadamente socios para imitar a su amigo italiano.

Al fín y al cabo, no hay grandes diferencias programáticas entre el ideario de Marine Le Pen y el programa común de leguistas y “grillinos”, con el gran capítulo común que cimenta el empuje de los partidos nacionalistas europeos, desde Escandinavia a Italia, pasando por Polonia, Austria, Hungría, Eslovaquia, República Checa o Eslovenia: el rechazo a la inmigración masiva, y, en especial, a la procedente de países musulmanes.

En el caso de Italia o Austria, los mejores aliados europeos de Le Pen comparten el poder en coalición. Marine sabe que para llegar al Elíseo deberá formar alianzas. Pero antes de soñar con la Presidencia en 2022, la urgencia es encontrar socios para los comicios europeos del año que viene, en los que ya trabajan sin descanso todas las formaciones francesas, incluida la del Jefe del Estado, que no cuenta con representantes en Estrasburgo.

Marine Le Pen certificó el pasado viernes la desaparición del nombre del partido que su padre creó en 1972 y que ella heredó para después coserse a puñaladas políticas con su progenitor. Marine ya no es la presidenta del Frente Nacional, sino del Reagrupamiento Nacional (RN). Cambiar una letra en las siglas es su último esfuerzo para desembarazarse de la vieja guardia del partido, que Jean Marie Le Pen sigue azuzando para conservar vivas las ascuas de una época donde la llegada al poder no era el objetivo y, por lo tanto, justificar el “petainismo” o minimizar la 'Shoá' (“La Catástrofe”) formaba parte de la acción propagandística para atraer la atención en la era pre-redes sociales.

Marine Le Pen en su tan traída y llevada desdiabolización del partido ya había dado pasos importantes, como intentar atraer a la comunidad judía, que su padre había ofendido, o defender el derecho de las mujeres a la interrupción del embarazo.

Pero por encima de la reescritura de programas, Marine Le Pen necesita aliarse con otras fuerzas de la derecha francesa. Difícil tarea si la primera consecuencia de su derrota ante Emmanuel Macron en 2017 fue la estampida de su hasta entonces mano derecha ideológica, el soberanista Florian Philippot, firme partidario del “Frexit” y del abandono del euro. Le Pen prefirió hacer caso a los sondeos que señalaban que sus votantes preferían mantener sus ahorros y salarios en la moneda única. Philippot ha creado su propio partido: “Los Patriotas”.

La líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, participa en una ofrenda floral ante la estatua de Juana de Arco, en Cannes. (EFE)
La líder del ultraderechista Frente Nacional, Marine Le Pen, participa en una ofrenda floral ante la estatua de Juana de Arco, en Cannes. (EFE)

Marine cambia el nombre; Marion, el apellido

Dentro de su propia corriente, Marine cuenta con la eterna amenaza en la sombra de su sobrina, Marion Marechal, que, por su parte, ha decidido desprenderse del apellido de su abuelo, para certificar su emancipación, no solo del viejo caudillo, sino de su propia tía. Marion Marechal no competirá contra Marine Le Pen. A corto plazo. Se retiró de la política de forma momentánea, pero ya ha comenzado a preparar su vuelta. Su participación, en febrero en Estados Unidos, en un acto de los ideolólogos del “trumpismo”, - “Make France great again”, gritó-, fue el primer paso para la no tan larga marcha. Si Marine fracasa en las próximas citas con las urnas, el relevo estará preparado.

Marion Marechal inaugurará y dirigirá en septiembre en Lyon una universidad privada, el “Instituto de Ciencias Sociales Económicas y Políticas” (ISSEP en su acrónimo francés), donde espera formar a parte de las futuras generaciones de la derecha francesa. Desde allí observará la acción de su tía Marine. Liberal en economía y conservadora en aspectos sociales, como el aborto, Marion no concuerda con la defensa de la economía estatista de Marine y se puede permitir hablar de la lucha de la derecha por la conquista de la hegemonía cultural como uno de sus principales objetivos.

El primer acercamiento de Marine en busca de aliados ha sido hacia el soberanista Nicolas Dupont-Aignan, líder del partido minoritario “Debout la France”(En pie Francia) -un diputado-, que ya se alió con Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales. Por el momento, la respuesta es “niet”, pero dejando la puerta abierta a la confección de un programa. “Marine Le Pen ha puesto el carro antes que los bueyes”, ha dicho el que se considera un “gaullista social” y, por supuesto, enemigo de la Unión Europea.

Marine y Marion sueñan con Italia, y por ello, el más dulce de los sueños seria una gran alianza con la derecha de Los Republicanos de Laurent Wauquiez. El expartido de Nicolas Sarkozy y François Fillon, que no se recupera ni de la salida del primero ni de la catástrofe del segundo, está ahora dirigido por un político que no consigue pescar votos en aguas del RN. Con una desastrosa perspectiva electoral en los sondeos, el partido de Wauquiez está dividido entre furibundos anti-Le Pen y partidarios de acercarse a la derecha de la derecha.

La “grosse koalition” de las derechas

Wauquiez y tres de los principales dirigentes del partido han firmado esta semana una tribuna en 'Le Figaro' que bien podría refrendar Marine Le Pen. Es parte del golpe de espuela que el nuevo Gobierno de Roma ha dado en la panza política de la derecha francesa. Protección de fronteras; contención de la presión migratoria; devolución de los ilegales a sus países de origen; proteccionismo económico; orgullo de la Historia de Europa, de sus raíces greco-romanas y judeo-cristianas, del Renacimiento y de “Les Lumières”; lucha contra la guerra declarada por el integrismo musulmán, defensa de la identidad europea… Conceptos que bien podría ser servir de base a un programa común de entre LR y RN. Una dura “grosse koalition” de las derechas.

De momento, no parece que la derecha francesa, ya fracturada por el 'efecto Macron', se despiece de nuevo para unirse con Marine Le Pen. Pero todo dependerá de los resultados electorales previos a las presidenciales: europeas, municipales, departamentales y regionales. Cuatro pruebas para Los Republicanos y para Marine Le Pen.

El líder de Los Republicanos, Laurent Wauquiez (centro), asiste al Salón de la Agricultura, en París. (Reuters)
El líder de Los Republicanos, Laurent Wauquiez (centro), asiste al Salón de la Agricultura, en París. (Reuters)

Puestos a soñar, Marine Le Pen puede todavía ir más lejos. Algunos analistas franceses escriben que la alianza a la que han llegado La Lega y el Movimiento 5 Estrellas es como si Le Pen se aliara con “La Francia Insumisa” de Jean-Luc Mélenchon. Sería una pesadilla para la izquierda de la izquierda. Pero nadie olvida aquí que el jefe de “los insumisos” no quiso elegir entre Macron y Le Pen en la segunda vuelta de las presidenciales.

Siguiendo el mismo argumento, otros recuerdan que, en Grecia, Syriza gobierna desde hace tres años con el apoyo de la derecha nacionalista (ANEL); que en Eslovaquia sucede algo parecido; que en Austria los nacional-populistas de otro amigo de Le Pen, Heinz-Christian Strache, comparten gobiernos regionales con los socialdemócratas…

En Francia los partidos tradicionales se han hundido, como en la mayoría de los países europeos. Emmanuel Macron supo verlo antes, propició la debacle y creó de la nada su movimiento. Es la garantía para que, de momento, el sueño italiano de Marine Le Pen no sea premonitorio.

Mondo Cane

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