Los siete pecados capitales de la oposición (o por qué falló esta nueva "ofensiva final")

Juan Guaidó y Leopoldo López han conseguido que el mundo vuelva a mirar a Venezuela, pero en el camino para lograr sus objetivos han cometido algunos errores

Foto: Juan Guaidó. (Reuters)
Juan Guaidó. (Reuters)

¿Qué pasó el 30 de abril en Venezuela? ¿Por qué, por enésima vez consecutiva, falló una nueva "ofensiva final" de la oposición —o parte de ella— para sacar a Nicolás Maduro del poder? Antes de que los periodistas le preguntaran en la rueda de prensa de este viernes, Juan Guaidó adelantó posiciones: "Muchos me han preguntado si fue o no un éxito lo del 30. Lo que sí es un fracaso es que no haya luz en Maracaibo, que Nicolás Maduro siga en Miraflores". Tampoco contestó a la pregunta de cuántos militares les apoyaban ni qué falló en sus cálculos.

Errores más comunes de la oposición

Después del mes de apagones nacionales y tras las vacaciones de Semana Santa, Venezuela fue saliendo del panorama internacional. Si en enero y febrero Caracas parecía el Disneyland de los periodistas, a finales de abril era lo más similar a Siberia, pero con calor. John Doe, el personaje de Kevin Spacey en 'Seven' decía que "si quieres que la gente te escuche, no puedes limitarte a darles una palmadita en el hombro, hay que usar un mazo de hierro. Solo entonces se consigue una atención absoluta". Sin duda, Guaidó y Leopoldo López lo consiguieron, pero en el camino puede que se cometieran algunos pecados capitales.

Lujuria. Referido al deseo exacerbado e incontrolable. Desear compulsivamente algo. En este caso, el "cese de la usurpación" de Nicolás Maduro. Y puede que en ese camino se perdiera de vista la proporción real de su fuerza. Con quién contaban. Está el director del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia, la policía política) que ayudó a López a salir del arresto domiciliario y ahora ha sido destituido. También un puñado de militares. Según Nicolás Maduro, fueron allí engañados, pero a muchos se les vio más que dispuestos sobre el puente cercano a La Carlota, junto a su metralleta y la caja con balas y plátanos. Guaidó asegura que tienen muchos militares de su lado, y hace recuento de los que han pedido asilo tras este último 'impasse' y aquellos que han desertado desde el 23 de febrero. Pero lo cierto es que si están fuera —o asilados en una embajada— no sirven para su causa.

Gula. Entendido como el consumo excesivo e irracional de algo. El día 30, la gente permaneció durante mucho rato en los alrededores de La Carlota, esperanzada. "La esperanza es algo muy personal. Y decidimos salir el 1 de mayo de nuevo a las calles. Toda Venezuela decidió protestar una y otra vez", dijo Guaidó en la rueda de prensa del viernes. Pero el día 1 la convocatoria fue mucho menor que en otras ocasiones y el 2 de mayo parecía como si nada hubiera pasado. Este sábado 4 hay una nueva convocatoria a los cuarteles. Ahí se terminará de ver si el martes 30 consumieron de un atracón buena parte del apoyo popular que la oposición tenía.

Avaricia. Aplica a la adquisición de riquezas, a la elección de la riqueza temporal, transitoria, en vez de aquella eterna y de mayor duración. Y aunque aún quedan por despejarse muchas incógnitas, todo podría apuntar a que prefirieron una pequeña victoria momentánea —sin duda fue un golpe de efecto ver a Leopoldo López fuera, ambos rodeados de militares y haciendo un llamamiento desde La Carlota—, que el bien de mayor duración para ellos, es decir, la salida efectiva de Nicolás Maduro.

Pereza. Que no sería tanto la flojera, sino negligencia, el no hacer lo que se tiene que hacer, el no ocuparse. En este caso, podría ir en varias vías. Una, la de aquellos militares que, en teoría, no atendieron el teléfono cuando se iba a hacer el golpe (según versiones de otros diarios) y no participaron cuando se suponía que sí. Dos, la de aquellos que estaban sentados —supuestamente— con personajes del chavismo frente a frente, incluidos esos militares, y no se tomaron la tarea de hacer las labores de contrainteligencia. Tres, la pereza interesada del Gobierno, que si —también en teoría— sabía de esta conspiración, no la frenó a tiempo. Puede que precisamente para dejar en evidencia la mascarada y tener un argumento más evidente en contra de la oposición.

Ira. La impaciencia lleva a la ira. Y la ira, a tomar decisiones erróneas. Como, parece, dar al traste con una vía legal que se estaba dando a través del Tribunal Supremo de Justicia. O con las negociaciones a varias bandas y con diversos actores del Gobierno y de la Comunidad Internacional. Pero también la estrategia sostenida en estos meses por la oposición con Juan Guaidó a la cabeza, que repitieron hasta la saciedad que "esto no era como 2017". Realmente se sintieron distintos estos meses y las manifestaciones hasta ese último día de abril. En su mayoría, por parte de los manifestantes, pacíficas.

Envidia. Parecía que en esta ocasión la estrategia de la oposición era común, unida y unificada. Todos con la misma agenda, con la excepción de Henry Falcón y María Corina Machado. Pero el martes, la Operación Libertad quedó reducida a la salida de Leopoldo López. Volvió este al foco mediático y se percibió como que durante este tiempo la agenda que estaba sobre la mesa no era la de la oposición, sino la de Voluntad Popular, el partido de López y Guaidó.

Soberbia. De modo genérico, puede verse como la sobrevaloración de uno mismo respecto a otros por alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación, o bien en alcanzar un estatus elevado e infravalorar el contexto. Puede que buena parte de la población y, en concreto, de los militares, no estén con Nicolás Maduro, que haya fracturas en el chavismo, descontentos, deslealtades. Y que cada día sean mayores. Pero no se puede subestimar una ideología, un poder que se atornilla y una maquinaria construida y engrasada durante dos décadas.

Mondo Cane
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