Las (difíciles) claves para lograr la paz en Siria
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Alberto Priego

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Las (difíciles) claves para lograr la paz en Siria

El alto el fuego y potencial acuerdo de paz necesitará de fuerzas internacionales sobre el terreno que no sean ni los Spetsnaz rusos ni los Guardines de la Revolución iraníes

Foto: Un hombre rescata a un nño entre los escombros tras un ataque aéreo del régimen en Duma (Reuters).
Un hombre rescata a un nño entre los escombros tras un ataque aéreo del régimen en Duma (Reuters).

La Conferencia de Seguridad de Munich es un encuentro que suele resultar decisivo para la estabilidad de Europa y del Mundo. Si bien en 2007 Vladimir Putin anunció su política revisionista y el inicio de la “Segunda Guerra Fría”, este año el encuentro nos sirvió para que EEUU y Rusia firmaran un documento de alto en fuego en Siria. No es menos cierto que este acuerdo ha permitido que la ayuda humanitaria llegue a algunas zonas, aunque hay que decir que se trata de un documento que poco o nada va aportar a la paz en Siria.

¿Por qué el documento no va a traer la paz a Siria?

1. Se trata de un acuerdo de alto el fuego, no de paz, que ha sido negociado por Washington y Moscú sin contar con las partes en conflicto y, por lo tanto, sin tener en cuenta los problemas reales de Siria. En el caso de Obama el acuerdo está más pensado en clave doméstica que en clave internacional ya que las críticas a su papel en Siria en plenas primarias están siendo muy duras. Por ello, ni Turquía, ni Irán, ni el Estado Islámico, ni el Frente Al-Nusra, ni otros grupos rebeldes han sido consultados sobre el alto el fuego, por lo que no es de esperar que lo vayan a respetar.

El alto el fuego y potencial acuerdo de paz necesitará de fuerzas internacionales sobre el terreno que no sean ni los Spetsnaz rusos ni los Guardines de la Revolución iraníes

2. El documento nace con un vicio en el consentimiento, ya que Rusia se guarda el derecho de seguir bombardeando -sin resolución del Consejo de Seguridad- a aquellos grupos que sean considerados como terroristas. Evidentemente todo aquel que combata al presidente Al Assad es considerado, por Moscú y Damasco, como terrorista y por lo tanto, no existiría obligación de no atacarlo. Además, a corto plazo Rusia está siendo el gran beneficiado de la Guerra de Siria, ya que por un lado está mejorando su posición internacional, y por el otro está generando un problema de seguridad a Turquía y a Europa con el flujo de refugiados, que se ha incrementado exponencialmente desde el inicio de la campaña aérea rusa. Por lo tanto, Moscú no tiene ningún incentivo para cesar las hostilidades, ya que por el momento le reporta más beneficio que perjuicio. Otra cosa será a largo plazo cuando Siria se convierta en otro Afganistán o en otro Vietnam.

3. Es muy cuestionable que se pueda alcanzar algún acuerdo de paz con algunos grupos como el Frente Al Nusra o el Estado Islámico. Estas dos organizaciones pueden ser catalogadas como Nuevo Terrorismo, y por ello, usan la violencia como un fin en sí mismo y no como un medio para lograr objetivos. Más allá de delirios faraónicos del Califa Ibrahim,que busca la creación de un califato, tanto el Frente Al Nusra como el Estado Islámico apuestan por una situación apocalíptica que en nada es compatible con ningún alto el fuego o posterior proceso de paz. Junto a estos grupos existen otros actores cuyos objetivos tampoco son compatibles con un alto el fuego. Este pueden ser el caso de Irán que busca, ante todo y sobre todo, garantizar sus vías de suministro a Hezbollah en el Líbano. En esta misma línea encontramos a Turquía, cuya prioridad es acabar con el sueño kurdo de “Rojava”.

¿Qué se podría hacer para que la paz llegara?

1. Para intentar que la paz pueda funcionar lo primero que tenemos que pensar es en una aproximación comprensiva que no sólo se centre en el territorio sirio. Así debería comenzar a hablarse, a igual que se hizo en Afganistán con el concepto AFPAK, de una aproximación IRASIR, o lo que es lo mismo una misma estrategia conjunta para Siria e Irak, ya que se trata de realidades completivas que sufren los mismos problemas y donde juegan los mismos actores. De nada vale combatir al Estado Islámico en Irak si en Siria no se hace lo mismo. Por lo tanto, la aproximación debe ser conjunta y la estrategia común.

2. Parece claro que cualquier proceso de paz debe pasar por la salida del gobierno, y probablemente de Siria, de Bashar Al Asad. Junto a esto debemos pensar que el sucesor debe ser una persona de cierto consenso, o lo que es lo mismo, que sea aceptable tanto para Moscú como para Washington. Por el momento, tan solo contamos con una convocatoria de elecciones parlamentarias para abril que, tal y como está la situación en Siria, de poco va a valer y desde luego no nos va aportar nuevos líderes que puedan llevar a cabo esta función.

3. El alto el fuego y potencial acuerdo de paz necesitará de fuerzas internacionales sobre el terreno que no sean ni los Spetsnaz rusos ni los Guardines de la Revolución iraníes. En primer lugar, haría falta que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una misión de 'peace-enforcement' (mantenimiento de la paz) y después enviara tropas sobre el terreno que derrotaran al Estado Islámico y al Frente al Nusra. Por el momento, solo los saudíes han mostrado su disposición a participar lo que, desde luego, no garantiza la viabilidad de la misión. Además es previsible que está opción cuente con el veto ruso y probablemente con la desaprobación al menos de China. Algunos estados Occidentales que actualmente forman parte del Consejo de Seguridad tampoco parecen muy animados a acometer iniciativas de este tipo, sobre todo después del acuerdo con Irán.

Para concluir, podemos afirmar que el documento firmado entre Lavrov y Kerry carece de valor y parece muerto incluso antes de su entrada en vigor (27 de febrero) Lamentablemente la Guerra en Siria va para largo.

*El profesor Alberto Priego es director del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas. Ha trabajado en varias universidades y 'think tanks' como la East West, la UCM o la University of London (SOAS).

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