El mundo según Bernie Sanders

Sanders habrá construido una izquierda alternativa en el seno del Partido Demócrata. Esta insurgencia es un fenómeno común al resto del mundo industrializado

Foto: El candidato a la nominación demócrata Bernie Sanders durante un acto de campaña en Seattle, Washington (Reuters).
El candidato a la nominación demócrata Bernie Sanders durante un acto de campaña en Seattle, Washington (Reuters).

New Hampshire, 7 de febrero. Recorremos las colinas nevadas del sur del estado predicando el evangelio según Bernie Sanders. Una propuesta blasfema: socialismo democrático en el país de Ronald Reagan. La humorista Sarah Silverman define la “revolución política” del senador por Vermont -sanidad universal, universidades públicas gratuitas, reforma financiera para romper los grandes bancos- como un gigantesco “que os jodan” a los poderes fácticos en Estados Unidos. A juzgar por la reacción de los susodichos, es un resumen acertado.

A estas alturas, los vecinos están saturados de información pre-electoral. Nos limitamos a comprobar que los simpatizantes de Sanders saben cómo y dónde votar en las primarias del estado, las primeras en un proceso que termina en julio, con la nominación presidencial del Partido Demócrata. Faltan 48 horas para que el senador por Vermont arrase, obteniendo un 60% del voto. Su rival, Hillary Clinton, quedará 22 puntos detrás.

En teoría, esto no debiera haber ocurrido. Cuando Clinton anunció su candidatura, en abril de 2015, la prensa asumió su triunfo como un hecho inevitable. Cuando Sanders anunció la suya, un mes después, las encuestas le daban un 12% de intención de voto frente al 60% de su rival. La idea de que, a estas alturas de 2016, Clinton seguiría peleando contra un septuagenario malhumorado, recién llegado al partido y socialista para colmo de males, era inconcebible. Aunque Clinton termine por imponerse en las primarias, Sanders habrá construido una izquierda alternativa en el seno del Partido Demócrata. Esta insurgencia no es un hecho aislado, sino un fenómeno común al resto del mundo industrializado, con paralelismos obvios en Reino Unido y España.

Un fantasma recorre el Atlántico

2011 es, simbólicamente, el año cero de la “revolución política” en ambas orillas del Atlántico. Aunque 'Occupy Wall Street' nunca adquirió la centralidad del 15-M, Sanders ha heredado su eslogan más famoso, haciendo de la lucha contra el 1% el eje fundamental de su campaña. Una batalla que Clinton, cercana a Wall Street, no está en condiciones de librar. Las excusas con que justifica haber cobrado 675.000 dólares en tres charlas para Goldman Sachs recuerdan a las que ofrecen los políticos españoles por figurar en los consejos del Ibex 35. En ningún momento resultan convincentes.

Ocurre, además, que Sanders está genuinamente indignado. Le sobran motivos. En Estados Unidos, como en España, los índices de crecimiento y la calle cuentan historias diferentes. La precarización y la desigualdad causan estragos, y la impunidad de Wall Street está presente en la memoria del electorado. New Hampshire, con sus colinas pintorescas y su imagen de aparente prosperidad, se encuentra en el epicentro de una epidemia de consumo de opiáceos, que ha disparado los índices de mortalidad de la América blanca. En este contexto, el discurso encendido de Sanders genera más simpatía que el perfil tecnocrático de Clinton. Y no solo entre demócratas. En New Hampshire, más de un republicano nos sugirió que votaría a Sanders si el multimillonario Donald Trump se hace con la nominación del partido conservador. Paradójicamente, también hay votantes que se debaten entre Sanders y Trump como castigo al 'establishment' de Washington.

El movimiento que impulsa a Sanders es clave para entender su estrategia. Se trata, en primer lugar, de un movimiento joven. Los votantes de menos de 30 años prefieren a Sanders frente a Clinton por márgenes abrumadores. También es un colectivo movilizado, como muestran las decenas de miles de asistentes que abarrotan los mítines de Sanders. Esto último es esencial. Ante un Congreso controlado por el Partido Republicano, el acto reflejo de Clinton, insider consumada, será pactar y tener la fiesta en paz. La propuesta de Sanders, outsider patológico, es que millones de manifestantes rompan el inmovilismo de la oposición. Su campaña pretende, precisamente, definir a “la gente” como el instrumento de cambio en EEUU. Se trata de una diferencia clave con la campaña de Barack Obama en 2008. El actual presidente generaba entusiasmo en torno a su persona, mientras que Sanders lo hace en torno el movimiento que le impulsa.

La financiación de su campaña refleja esta filosofía. En vez de recaudar donaciones de millonarios, empresas y fundaciones, como hace Clinton, Sanders se financia a través de micro donaciones. Y lo está haciendo con mucho éxito. En el mes de febrero, el senador recaudó 42 millones de dólares: una cifra sin precedentes, que le permite gastar más que su rival y, al mismo tiempo, presumir de que solo se debe a sus votantes.

Un simpatizante de Bernie Sanders durante un acto en Washington Square Park, en Nueva York (Efe).
Un simpatizante de Bernie Sanders durante un acto en Washington Square Park, en Nueva York (Efe).

¿El fin de la tercera vía?

Como Podemos en España y Jeremy Corby en Reino Unido, el éxito de Sanders refleja, en última instancia, el fracaso de la “tercera vía” de Bill Clinton y Tony Blair. Desde los años 90, la socialdemocracia en Europa y EEUU ha abrazado, con escasos reparos, el capitalismo desregulado. Cuando la izquierda no ha sido capaz de reinventarse, este viaje a ninguna parte ha entregado el monopolio de la protesta a la extrema derecha. En EEUU, el fracaso de aquello que Tony Judt llamó “oportunismo con rostro humano”, y que tan bien representó el matrimonio Clinton, encuentra respuestas simultáneas en el socialismo de Sanders y la xenofobia de Trump. Y a diferencia de Clinton, Sanders puede canalizar la indignación que recorre EEUU hacia un proyecto emancipador en vez de un racismo autodestructivo.

A pesar de las similitudes, Sanders y su movimiento seguirán una trayectoria diferente a la de Podemos o el laborismo de Corbyn. El sistema bipartidista en EEUU ofrece poca flexibilidad para candidaturas alternativas. Clinton mantiene, gracias al voto afroamericano en los estados del sur, una ventaja considerable en número de delegados. Si Clinton termina por imponerse en las primarias, es posible que Sanders apoye su candidatura de cara a las elecciones presidenciales.

Independientemente de lo que ocurra en los próximos meses, Sanders ya ha enmarcado las primarias en torno a problemas urgentes, como la desigualdad y la influencia de Wall Street. Su potencial está en el futuro: no tanto el suyo como el de los millones de estadounidenses a los que ha inspirado y movilizado. De ahora en adelante, los partidarios de la tercera vía en el Partido Demócrata tendrán que convivir con más políticos como Sanders. A juzgar por la dureza con la que el 'establishment' demócrata los trata, la convivencia no será fácil

*Jorge Tamames, Secretaría de Internacional de Podemos.

Tribuna Internacional
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