Ejércitos de reservistas: cuando la patria te llama (y el Estado responde)

Ejércitos de reservistas: cuando la patria te llama (y el Estado responde)

En los países bálticos, la inclusión de los ciudadanos de a pie forma parte integral de sus sistemas de defensa. Los recursos y esfuerzos puestos en ello están muy lejos de los que se dedican aquí

Foto: Miembros de la Guardia Nacional de Letonia asisten a un desfile del Día de la Independencia en Riga, el 18 de noviembre de 2016. (Reuters)
Miembros de la Guardia Nacional de Letonia asisten a un desfile del Día de la Independencia en Riga, el 18 de noviembre de 2016. (Reuters)

Desde que los estados bálticos recuperaron su independencia en 1991, han dedicado notables recursos a mantener su independencia y tratar de mantenerse a salvo de acciones rusas que pudieran desestabilizar sus democracias. Una de las vías para canalizar este esfuerzo ha sido la activación y posterior despliegue del cuerpo de reservistas, un elemento fundamental en sus fuerzas armadas. El deseo manifiesto de la ciudadanía de Estonia, Letonia y Lituania de formar parte de este cuerpo ha tenido buena acogida por parte de los respectivos gobiernos, conscientes de que sus ejércitos profesionales no presentan las condiciones suficientes para mantener sus fronteras a salvo. Una necesidad aún más urgente en el contexto actual, en el que el envenenamiento del exespía ruso Skrypal en suelo británico ha terminado de envenenar las ya deterioradas relaciones diplomáticas entre Rusia y Occidente.

Si bien formar parte de una estructura de seguridad como la OTAN (los tres países son miembros desde 2004) es visto como una garantía definitiva para su seguridad, este apoyo adicional sirve para crear sinergias que fortalecen el vínculo entre ciudadanía y ejército. Mientras, en España, la situación de los reservistas no satisface a estos, que reclaman una mayor integración en el ejército y el cambio de un modelo que, entienden, no está funcionando.

La Guardia Nacional letona se estableció en agosto del 1991 como una organización voluntaria de defensa militar. Sus raíces se remontan a la organización Aizsargi, anterior a la Segunda Guerra Mundial y su origen etimológico significa proteger o guardar. En 1919, un año después de alcanzar la independencia de Rusia, el gobierno provisional formó este grupo para ayudar a unas autoridades incapaces de asegurar la defensa del país, estableciéndose como un servicio obligatorio para los varones entre 19 y 60 años. En los años 40 del siglo pasado, poco antes de pasar a formar parte de la esfera de la URSS, llegaron a sumar hasta 68.000 efectivos. Su absorción por el régimen soviético supuso su disolución y que el 80 por ciento de sus miembros fueran deportados a Siberia.

En la actualidad suman alrededor de 11.000 efectivos y participan con frecuencia en ejercicios militares de las fuerzas armadas. Desde el gobierno letón se repiten las llamadas a la población civil para que ingresen en el cuerpo de reservistas, independientemente de contar o no con preparación militar previa, poniendo énfasis en el rol que tienen en dentro de un modelo integral de defensa nacional y en el que la resiliencia de la ciudadanía es uno de los pilares fundamentales.

El reservista Andris Berzins (cedida)
El reservista Andris Berzins (cedida)

El pasado mes de julio conocí a Andris Berzins en Le Trompete, uno de los bares de moda de Riga. Me lo presentó un conocido común que había estudiado con él un MBA en la universidad de Stanford. Andris, alto, fuerte, a punto de cumplir los 50, dirige una empresa que gestiona start-ups en la capital letona. Hablamos distendidamente sobre qué opinaba de la realidad del país y cómo interpretaba la relación con Rusia. Según íbamos pasando revista a distintos temas salió su condición de reservista, momento en el cual pidió trasladar la conversación al off the record. Para elaborar este artículo volví a contactar con él para conocer sus impresiones, para lo cual necesité el permiso del propio Ministerio de Defensa letón, quien accedió una vez evaluada mi propuesta, que incluía presentar mis trabajos previos y mi currículo. Estas cautelas ponen de manifiesto lo sensible que es esta situación.

Vía correo electrónico, Berzins expone los motivos que le llevaron a compatibilizar su vida profesional con ser miembro de la Guardia Nacional. “Me uní cuando leí sobre los ejercicios [militares] que Rusia estaba llevando a cabo en los bálticos, decidí que no podría quedarme de brazos cruzados pensando en que otro podía defender mi país y yo no estar listo para hacer lo mismo”. Esta idea desemboca en una reflexión, compartida por varias de las personas que entrevisté durante mi estancia en la zona: “Si queremos que la OTAN defienda nuestro territorio, España incluida [el ejército español tiene desplegados más de 300 efectivos en la base letona de Adazi dentro de la misión de la OTAN Presencia Avanzada Reforzada], nosotros tenemos que estar igual de preparados”. Sin ninguna preparación militar previa, se unió a un cuerpo en el que encontró profesionales de todos los campos: emprendedores como él, comerciales, cocineros, dependientes…

Estonia, de la necesidad virtud

La reelección de Vladímir Putin como presidente de la Federación de Rusia para los próximos seis años presenta un escenario en el que se aplica la máxima de “cambiar todo para que nadie cambie”. Putin continuará con una política exterior expansiva en la que se abren nuevos frentes. En este marco, Putin refuerza su liderazgo al presentarse ante la opinión pública rusa como un presidente en guerra, situación que pone en alerta a los sistemas de seguridad occidentales.

Estonia, que hace frontera con Letonia y Rusia (con la que comparte dos pasos fronterizos), cuenta con una población que no llega al millón y medio de habitantes. Esta circunstancia se ve reflejada en sus fuerzas armadas, con muchos menos efectivos que el resto de los países de su entorno. De ahí que busquen entre sus limitados recursos todos los medios a su alcance para la defensa de sus fronteras y la disuasión ante un posible ataque militar en cualquiera de sus formas.

Soldados estonios disparan un mortero durante los ejercicios Hedgehog 2015 de la OTAN en la zona de entrenamiento de Tapa, Estonia, en mayo de 2015. (Reuters)
Soldados estonios disparan un mortero durante los ejercicios Hedgehog 2015 de la OTAN en la zona de entrenamiento de Tapa, Estonia, en mayo de 2015. (Reuters)

Sus propias circunstancias han obligado a mirar al reservista con especial atención. El pasado mes de enero el Senado acogió una jornada sobre el papel de los reservistas ante los nuevos desafíos estratégicos de la OTAN, organizada por la Asociación Atlántica y la Federación de Organizaciones de Reservistas de España (FORE). En ella intervinieron representantes de los reservistas estadounidenses, franceses, alemanes y estonios. Andre Lilleleht, presidente de la asociación de Estonia, presentó su modelo, uno de los más desarrollados entre los países miembro de la Alianza Atlántica.

El sistema de las fuerzas armadas de Estonia es mixto, y en él se incluyen profesionales (que suponen la base de éstas), conscriptos y reservistas. La existencia de un servicio militar obligatorio, debate que está cogiendo fuerza en los países europeos y que ha supuesto que alguno de ellos, como Suecia, lo haya recuperado, está presente en un país que no se cuestiona su existencia. Con una duración de entre ocho a once meses, supone el entrenamiento de 3.200 soldados al año en el que reciben una instrucción militar básica. Lilleleht explica que todos estos hombres y mujeres, un 10 por ciento del total de efectivos, aunque su presencia va en aumento, pasan automáticamente a la reserva una vez finalizan sus prácticas obligatorias, teniendo que volver a realizar prácticas obligatorias cada cinco años.

El cuerpo de reservistas interviene y participa en muchos de los ejercicios militares que llevan a cabo las fuerzas armadas. Como cualquier unidad que actúa para defender los intereses del país, prestan especial atención a las cuestiones cibernéticas y la guerra electrónica, tanto como medidas defensivas como disuasorias ante las posibles injerencias de Rusia. Cuestionado acerca de un posible ataque ruso, Lilleleth repite la misma reflexión que se escucha en los países vecinos de Rusia: “Sabemos que la probabilidad es muy alta, ellos necesitan este tipo de agresiones para mantener su orden social. La pregunta no es si se está intentando, sino cuándo lo hará, tratando así de ampliar su esfera de influencia.”

Las cifras que facilita el gobierno estonio indican que en el 2017 el ejército contaba con 3.000 militares, 3.100 soldados en el servicio militar obligatorio y hasta 18.000 reservistas; las previsiones para el año 2022 prevén que la presencia de los reservistas irá en aumento dentro de una progresión que será de 4.000 soldados profesionales, 3.600 efectivos en el servicio militar obligatorio y hasta 21.000 reservistas. El noventa por ciento de los efectivos del cuerpo de reservistas no han servido como profesionales en el ejército, proviniendo de distintos ámbitos profesionales.

La relación de un ciudadano o ciudadana con el cuerpo de reservistas se puede prolongar hasta los sesenta años, aunque la actividad va menguando según se avanza en edad. A los 36 años entran en la primera de las dos etapas adicionales, que cubren desde esa edad hasta los 46, donde entran en el último ciclo en el que la intensidad y la frecuencia se van diluyendo si el reservista así lo desea. Una cita de Winston Churchill, “Un reservista es un ciudadano por partida doble”, es la divisa de este cuerpo.

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy conversa con varios militares españoles en la base militar de Adazi, en Letonia, el 18 de julio de 2017. (EFE)
El presidente del Gobierno Mariano Rajoy conversa con varios militares españoles en la base militar de Adazi, en Letonia, el 18 de julio de 2017. (EFE)

La desconexión española

En la anteriormente citada jornada se pudo comprobar la brecha que existe entre los distintos modelos de reserva en los países miembro de la OTAN. El caso español fue expuesto por Luis Placencia, alférez reservista voluntario y presidente de FORE. En su intervención marcó las tres funciones básicas que tiene asignadas los reservistas españoles: la difusión de la cultura de defensa, la aportación de conocimientos de la vida civil y ser un complemento de las capacidades generales de las Fuerzas Armadas en caso de conflicto y movilización.

La figura reservista se creó en 2003 cuando el gobierno, presidido entonces por José María Aznar, decidió poner fin al servicio militar, la mili. El propósito fue disponer de un cuerpo especializado en distintas disciplinas y que supusiera un coste bajo, mucho menor que contar con esos profesionales de manera permanente en nómina. La oferta incluye plazas el Ejército de Tierra, del Aire, la Armada y cuerpos comunes (jurídico, intervención, sanidad y música) en las categorías de oficiales, suboficial y personal de tropa y marinería. La convocatoria de plazas ha sufrido una fuerte mengua desde la primera, en 2003. Las cifras demuestran que si el proyecto comenzó con fuerza (llegando a ofertar durante tres años seguidos más de 3.800 plazas anuales, las cuales no se cubrieron por no haber candidatos con los perfiles correspondientes), a partir de 2010 apenas se han convocado un centenar de puestos por año; en 2015 y 2016 hubo un repunte hasta las 150 plazas, pero el año pasado se redujo de nuevo.

Evolución de las plazas de reservistas
Evolución de las plazas de reservistas

FORE identifica dos principales motivos para esta caída: la crisis económica, que afectó a todo el empleo público, y el “abandono del objetivo de cumplir la función de crear un complemento a las fuerzas profesionales y centrándose en la formación de especialistas en número reducido”. A este último punto se suma el abandono de muchos reservistas, desmotivados por no poder realizar sus funciones ya que en el Ministerio no les activan, cómo se define cada vez que son llamados a integrarse en una unidad. Desde la federación se apunta la necesidad de contar con el complemento que ellos pueden ofrecer en un entorno de seguridad disruptivo como en el que nos encontramos, con la aparición de amenazas no convencionales. Preguntado su presidente acerca de cómo se encuentran las relaciones con el Ministerio, indica que “actualmente la comunicación es a través de la Subdirección General de Reclutamiento y es buena, el problema de estos años era que en una reorganización el área de reservistas desapareció sin que hubiera un interlocutor que tuviera asignada las competencias de apoyo y gestión de los reservistas voluntarios”.

Relacionado con este tema, el pasado mes de diciembre se aprobó en el Senado una moción que instaba al Gobierno a impulsar la reserva militar de España y potenciar su gran labor de apoyo a las Fuerzas Armadas. Con ella se busca impulsar cuatro aspectos fundamentales: mayor capacidad de activación o mayor flexibilidad en la activación de las unidades en las que se encuadran estos reservistas (incluyendo una actividad no retributiva en misiones como difundir nuestra cultura de defensa); hacer más compatible la actividad profesional con sus procesos de activación; avanzar en su formación con la perspectiva de un modelo de carrera e imprimir un “impulso normativo, doctrinal y operativo” para homologarlas con sus pares y fortalecer la comunicación con la OTAN.

Cabe destacar que los reservistas han de gestionar su vida profesional con esta otra faceta sin muchas ayudas. “A día de hoy, a falta del desarrollo normativo y de acuerdos para el apoyo de los empleadores, cada uno debe gestionar sus propias activaciones a nivel laboral salvo en el caso de los funcionarios, siendo frecuente aprovechar los días de vacaciones”, señala Placencia.

Para dejar claro la importancia que debería tener el reservismo en España, la reflexión del actual SEGENPOL, el Almirante Martínez Núñez, quien no tuvo reparos en reconocer que el actual modelo español está “aún en preescolar […], el reservismo en España es todavía más importante que en otros países europeos”.

*Ricardo Lenoir-Grand Pons es analista de política, seguridad y defensa especializado en el espacio post-soviético y editor del blog Claves Geopolíticas.

Tribuna Internacional

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