Arranca la era post-Merkel: urge contener la hemorragia por el flanco derecho

La tarea urgente es recuperar a los que se han decantado por la ultraderecha. La democracia cristiana sigue atascada en el 25% del voto. El nuevo líder debe definir qué es “un conservadurismo moderno”

Foto: La canciller alemana Angela Merkel durante su intervención en el congreso de su partido en Hamburgo. (Reuters)
La canciller alemana Angela Merkel durante su intervención en el congreso de su partido en Hamburgo. (Reuters)

El nuevo mariscal de campo, la nueva presidenta o presidente de la democracia cristiana alemana mirará el plan de batalla (político), la disposición de sus tropas, y tendrá que ordenar inmediatamente: ¡Hay que contener la hemorragia por el flanco derecho! ¡Es urgente! La CDU- CSU, presidida por Merkel, contaba hace tres años con el respaldo del 40% del electorado, pero ese voto ha bajado hoy hasta el 25%. Merkel no se ha ido; la presidenta del partido, que ha estado en el cargo 18 años, ha sido expulsada por los votantes con el retroceso histórico en las generales del año pasado y las dos debacles consecutivas para los suyos en las regionales de Hesse y de Baviera, los clavos que han comenzado a cerrar su féretro político.

“Mi salida de la presidencia va a ser una cesura en la vida política alemana”, dijo tras anunciar su renuncia al cargo y a volver a presentarse a las elecciones. El nuevo o la nueva dirigente de los democristianos, que saldrá del Congreso de este viernes en Hamburgo, tendrá que definir, nada menos, qué es “un conservadurismo moderno”.

La tarea urgente para la CDU- CSU es recuperar a los que se han decantado por la ultraderechista Alternativa para Alemania, formación que, por otra parte, también ha recogido votos de otras formaciones. La llegada masiva de refugiados en el verano de 2015 ha sido clave en el descenso de los democristianos y el ascenso de AfD. Merkel, muy serena siempre, dijo hace tres años: “lo conseguiremos”, conseguiremos superar esta avalancha. Es cierto que el más de un millón de refugiados fue integrado sin grandes problemas, pero también que se cortó el flujo, gracias a los acuerdos con Turquía. Sin embargo se mantuvo y se mantiene el mar de fondo. Hay que definir que se hace de cara al futuro.

Porque en las elecciones europeas de mayo, las formaciones tradicionales van a sufrir la caída de rayos truenos y centellas, no solo en Alemania, sino en muchos lugares nuestra geografía, hoy común. Según las encuestas, la democracia cristiana sigue atascada actualmente en el 25% de los votos. Subirán los verdes, hoy el gran partido de centro, hasta el 20%, con respaldo sobre todo en el Oeste, la antigua República Federal. Subirá la ultraderecha hasta el 15%, sobre todo en el Este, la antigua República Democrática, y la histórica socialdemocracia, perdida y sin rumbo, quedará hundida miserablemente como el cuarto partido. Esto obligará u obligaría al SPD a romper la actual Gran Coalición que se mantiene con alfileres. Sería muy difícil formar una nueva coalición, por lo que, de seguir así las cosas sería el final del fin de la era Merkel.

A la canciller no le ha dado tiempo a formar a la que ella considera su sucesora y que es la favorita a la presidencia de la democracia cristiana, Annegret Kramp-Karrenbauer, que tiene 56 años de edad. AKK, como se la llama en Alemania, porque el nombre es complicado incluso para ellos, era presidenta del gobierno regional del Sarre que, junto a la ciudad-Estado de Bremen son los dos más pequeños de la República Federal. Merkel la llevó a Berlín y consiguió que fuera respaldada como secretaria general de la formación con el 99% de los votos. Pero eran otros tiempos, Merkel mandaba entonces.

AKK es una figura muy serena, como una segunda Merkel, pero muy difícil de definir. No tiene experiencia en la política federal, ni en la europea, y menos en la internacional. Católica y conservadora, es contraria al matrimonio homosexual. Levantó una polvareda cuando dijo que si se autorizaba, mañana podrían casarse los hermanos, e incluso humanos y animales. Por otra parte, su marido, ingeniero de minas, abandonó el trabajo para cuidar a los tres hijos de la pareja, de modo que ella pudiera seguir con su carrera política.

Asegura que tiene una cosa clara en un tema clave. “Tenemos que recuperar la confianza de los ciudadanos, porque somos el partido de la seguridad interior” dice, y añade que una crisis de refugiados como la de 20015 no se puede volver a repetir. ¿Cómo se hace? Ese es el problema.

Annegret Kramp-Karrenbauer durante una conferencia en Leipzig, el 1 de diciembre de 2018. (EFE)
Annegret Kramp-Karrenbauer durante una conferencia en Leipzig, el 1 de diciembre de 2018. (EFE)

Como segundo en las preferencias de los militantes democristianos está Friedrich Merz, de 63 años, un tipo muy enérgico pero al que Merkel le ganó la partida hace 11 años cuando tuvo que dimitir como jefe del grupo parlamentario. Se dedicó entonces a la economía y le ha ido muy bien. Ocupó puestos de consejero en grandes empresas y fondos de inversión y se hizo millonario, pero dice que es de clase media, lo que provoca sonrisas. Tiene dos aviones privados y un problema: llegar a un mitin e intentar convencer a los votantes de que el Gran Capital no es el culpable de la crisis.

Merz es el único que ha agitado algo las aguas al sugerir que habría que anular el derecho de asilo en Alemania para los que huyen de las guerras, la única Constitución del mundo que lo recoge, y que nació porque muchos países tuvieron que acoger a los que huían de Hitler. Pero la propuesta recibió un rechazo general.

El último de la lista, con el apoyo de pocos militantes, está el actual ministro de Sanidad, Jens Spahn, el más joven, 38 años, conservar, homosexual y casado. Es el rey de la pista de baile, comentan algunos.

Merz tiene dos aviones privados y un problema: llegar a un mitin e intentar convencer a los votantes de que el Gran Capital no es el culpable de la crisis

Los tres candidatos han recorrido el país de Norte a Sur y de Este a Oeste, pero los analistas concluyen que no tienen un perfil claro, que todo son vagas promesas, y que no han entrado de lleno en los temas difíciles. Sin embargo, la nueva dirección de la democracia cristiana alemana tiene que ponerse manos a la obra urgentemente, repetimos, porque en primavera se anuncian serias tormentas en toda Europa. Y hay una diferencia abismal entre los viejos partidos alemanes, los que se hunden, y los nuevos, los que suben.

Como en otras latitudes, habría que añadir, y no vamos a señalar porque todos sabemos de qué hablamos, los viejos partidos están enfrascados en sus ejecutivas, sus conspiraciones internas, conferencias, comidas y corruptelas varias, hablando de personas, no de ideas o de acercarse a los ciudadanos. En Alemania, Los Verdes y la AfD, los que suben, están en la calle, hablando con los ciudadanos. Mientras los grandes no comprendan que los viejos tiempos han cambiado, seguirán con sus caídas.

Tribuna Internacional

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