No, no es casualidad: la comida segura en la Unión Europea tiene un coste

La seguridad alimentaria también es fundamental para el éxito del sector alimentario y del mercado de exportación de la Unión Europea. Sin embargo, no debemos ser

Foto: Puesto de manzanas en Varsovia. (EFE)
Puesto de manzanas en Varsovia. (EFE)

Hoy celebramos por primera vez el Día Mundial de la Seguridad Alimentaria. No es poca cosa: a partir de ahora, todos los 7 de junio se hará hincapié en el papel crucial que desempeña la seguridad alimentaria en nuestra vida cotidiana, algo de lo que no siempre somos conscientes, y su importancia para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

En Europa asumimos en gran medida que nuestra comida es segura. Una encuesta del Eurobarómetro que publica este viernes la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) constata que la seguridad no es la principal preocupación de cuatro de cada cinco ciudadanos cuando compran alimentos. Deberíamos celebrarlo. Se han realizado enormes avances y se han acordado normas, estándares y prácticas de higiene importantes que hacen que la gran mayoría de los europeos tengan confianza en los alimentos que pasan por sus platos.

La seguridad alimentaria también es fundamental para el éxito del sector alimentario y del mercado de exportación de la UE. La demanda de alimentos producidos en la UE no solo se debe a nuestras antiguas tradiciones, aunque estas sean factores importantes. Comerciamos alimentos a nivel mundial porque son seguros, como reconocen nuestros socios comerciales.

Efectos de la comida contaminada

Sin embargo, no debemos ser complacientes. La ONU estima que 420.000 personas mueren cada año por ingerir comida contaminada, tanto en los países desarrollados como en desarrollo. Y aún más sufren los cerca de 600 millones de casos que se dan cada año de enfermedades transmitidas por la comida en todo el mundo. Son, además, las comunidades vulnerables, particularmente en áreas afectadas por los conflictos, la pobreza y el hambre, las que se ven afectadas de manera desproporcionada, al igual que los bebés, las mujeres y los ancianos.

En paralelo, surgen nuevos riesgos que amenazan nuestros sistemas alimentarios y exigen una respuesta: resistencia a los antibióticos; contaminantes ambientales tales como los micro y nano plásticos; o nuevas cepas de enfermedades animales, incluida la gripe aviar y la peste porcina africana. Sin una acción eficaz y coordinada, la resistencia a los antibióticos por sí sola podría tener consecuencias drásticas a la hora de tratar en el futuro las enfermedades que sufrimos, así como en los costes de la atención médica.

Reconocer la importancia de la seguridad alimentaria con un día dedicado es un paso importante en la dirección correcta. Señala el compromiso, asumido por los gobiernos de todo el mundo de priorizar y concienciar sobre la seguridad alimentaria. Sin embargo, para que este compromiso dé frutos y poder abordar los desafíos citados, hay dos cambios clave que creo necesarios.

Primero, se debe poner más énfasis a nivel político en la cooperación internacional. En un mundo cada vez más interconectado, no tiene sentido abordar los problemas mundiales de seguridad alimentaria con políticas continentales, nacionales o incluso regionales. Estaremos en una mejor posición para responder rápidamente a las crisis alimentarias transfronterizas y a los riesgos emergentes si nos centramos en eliminar barreras, para compartir conocimiento, datos y experiencia.

Nuestro recorrido en la EFSA demuestra que esto funciona. Un ejemplo es el trabajo que llevamos a cabo junto a nuestra agencia hermana, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), elaboramos evaluaciones rápidas de los brotes de enfermedades transmitidas por alimentos que afectan a varios países. Esta labor conjunta puede ayudar a salvar vidas y evitar sufrimiento.

En segundo lugar, la ciencia debe estar en el centro de la política de seguridad alimentaria, con una financiación adecuada. En Europa, se ha demostrado el éxito de la estricta separación entre la evaluación de riesgos, realizada por organizaciones científicas como la EFSA, y la gestión de riesgos por parte de los responsables políticos europeos y nacionales.

Esta división garantiza que las decisiones políticas se basen principalmente en modelos racionales para comprender la complejidad del riesgo y el entorno en el que vivimos. Esto no deja de tener un coste, también debido a que la complejidad de la ciencia está aumentando al compás de la innovación y las nuevas tecnologías. Insto a los gobiernos y a los responsables de coordinar la financiación de la investigación a aumentar la inversión en ciencias de la seguridad alimentaria.

Si damos la prioridad política que merece la seguridad alimentaria, podemos confiar en nuestra capacidad de abordar los riesgos más acuciantes relacionados con la alimentación: riesgos que amenazan a nuestra salud y a nuestro medio ambiente. Y en este proceso contribuiremos en gran medida a la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas.

Bernhard Url*, director ejecutivo de EFSA

Tribuna Internacional
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