Cómo una ciudad alemana de película frenó a la ultraderecha

En Alemania se temía la llegada de un primer alcalde radical a una gran ciudad germana, Görlitz. Pero el trasvase a votos a Los Verdes dio la victoria a la democracia cristiana

Foto: Una imagen de archivo de Görlitz. (EFE)
Una imagen de archivo de Görlitz. (EFE)

Görlitz es una hermosa ciudad, con 4.000 edificios monumentales del Gótico tardío, Renacimiento y Barroco. Es el casco histórico más conservado del país. Los otros, recordemos, fueron arrasados por los bombarderos aliados en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, Görlitz es bastante desconocida, pero no para la industria del cine.

Está perdida en el extremo oriental de Sajonia, territorio de la antigua RDA, a orillas del río Neisse, hoy frontera con Polonia. Antes de la última guerra ocupaba las dos orillas. Pero el padrecito Stalin, experto en rehacer mapas, de mover masas y otras lindezas, desplazó a Polonia hacia el oeste, se quedó con la parte oriental y al oeste, la Silesia alemana pasó a ser polaca. La parte derecha del río se llama, desde entonces, Zgorzelec.

Görlitz quedó intacta porque estaba muy lejos para ser bombardeada por los Lancaster, como sucedió con la más occidental Dresde, y los soviéticos entraron mucho más al norte, en flecha, camino de Berlín. Lo que les interesaba era la cancillería y el búnker de Hitler, no ocupar territorio.

Cuando ibas a la ciudad tras la caída del Muro, te encontrabas un espacio monumental, impresionante por dos motivos: por su belleza y por el estado de deterioro; todos los edificios, de un profundo y triste gris, estaban llenos de grietas y desconchados. Se podían ver letreros del periodo anterior a la guerra y tiendas de la época comunista, con escuetos y poco atractivos reclamos: Verduras, Peluquería o Panadería. No había marcas. Todo era del Estado. Tras la unificación, los edificios recibieron una mano de pintura, aquí y en toda la antigua República Democrática. Todo era fachada, como se dice, porque muchos interiores estaban y siguen estando vacíos. En realidad, los únicos vencedores de la unificación alemana fueron los fabricantes de pintura.

Y Görlitz recuperó su antiguo esplendor, al menos en apariencia. Tan bonita quedó la ciudad que se ha convertido en escenario de películas de época, compitiendo con la cercana y mágica Praga. Se han rodado tantas que la llaman Görliwood. Por aquí han pasado los Malditos bastardos, el Gran Hotel Budapest y muchas otras.

La Alemania vacía

Pero la unificación, en realidad absorción o deglución de la RDA por la RFA, provocó una conmoción en el Este alemán. Cerraron prácticamente todas las viejas industrias estatales, los gloriosos Kombinat, porque no podían hacer frente a la competencia occidental. Görlitz era una potente ciudad industrial y su población tuvo que irse en masa, como del resto de la vieja RDA. Hoy tiene apenas 50.000 habitantes, la mitad que hace medio siglo. El territorio de la antigua RDA tiene hoy la misma población que hace cien años. Es parte de la Alemania vacía, que también existe.

El fondo oriental del viejo reino de Sajonia, las fronteras con Polonia y con la República checa son las regiones donde más votos obtiene la radical Alternativa para Alemania. Tras la unificación, el voto de protesta contra el cierre de las fábricas, el desempleo y el olvido, iba al PDS, sucesor del Partido Comunista del Este alemán, el SED, hoy integrado en La Izquierda, Die Linke. Pero hoy ese voto, con el fondo de la llegada masiva de inmigrantes en 2015, ha girado hacia la ultraderecha. Los sondeos señalan que en las próximas elecciones del 1de septiembre en el Estado federado de Sajonia, la AfD será el partido más votado, como en el vecino Brandenburgo, donde también irán a las urnas.

En la primera vuelta de las municipales de Görlitz quedó en primer lugar el candidato de la ultraderecha, el comisario de policía Sebastian Wippel, pero no consiguió la mayoría absoluta. En la segunda vuelta, el 16 de junio, el candidato radical fue superado por el de la democracia cristiana, Octavian Ursu, un trompetista de origen rumano.

¿Qué ha sucedido?, simplemente, que en la segunda vuelta, en el desempate entre dos candidatos, los votantes de los Verdes y de la Izquierda han dado su apoyo al democristiano bajo la consigna: antes un moderado de centro derecha que un ultra. Además, mucha gente del cine, directores y actores que trabajaron en la ciudad, firmaron un manifiesto contra la ultraderecha, para que sus calles no se convirtieran en un escenario de odio y enemistad. De todas maneras, la AfD recibió muchos votos, el 45 %, frente al 55% de la alianza “antifa”.

La sucesora de Angela Merkel en la presidencia de la democracia cristiana, Annegret Kramp-Karrenbauer, posible candidata (cada día que pasa, menos) a la cancillería, ha vuelto a equivocarse esta vez, y son varias… Decía AKK que había sido una victoria de la CDU, pero los comentaristas han señalado que no, que era una victoria de una alianza contra la ultraderecha, que no es lo mismo. La dirigente alemana ha tenido que admitir que, efectivamente, se había equivocado.

También es cierto que casi la mitad de los votantes se quedaron en casa, a pesar de que se entendía que estas elecciones eran muy importantes porque podrían sentar un peligroso precedente: un radical por primera vez al frente de un Ayuntamiento de una gran ciudad alemana. Pero en esta Europa de nuestras preocupaciones, en todas las latitudes, no lo olvidemos, el partido mayoritario es el de abstención.

Las elecciones regionales de septiembre son a una vuelta, cada partido saca sus votos. La Alternativa para Alemania puede ser la primera fuerza y con lo que salga hay que forjar una alianza, que se presenta muy difícil.

El todavía primer partido alemán, la democracia cristiana de Angela Merkel, los Verdes, primer partido a nivel nacional según las encuestas y el antiguo y antes potente SPD, que se hundirá en estas elecciones, tienen apenas dos meses para afinar sus propuestas y evitar la ascensión de la ultraderecha.

Son apenas ocho semanas y en verano. Muy poco tiempo.

Daniel Peral* fue corresponsal de Televisión Española en Alemania

Tribuna Internacional
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