Ursula von der Leyen, la presidenta europea que no emociona en Alemania

La elección de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea ha levantado críticas en su país natal

Foto: Von der Leyen en el Parlamento Europeo. (Reuters)
Von der Leyen en el Parlamento Europeo. (Reuters)

Bill Clinton decía aquello de “es la economía, estúpido”. Aquí se trata del procedimiento para elegir a la presidenta de la Comisión, no de la persona.

Ursula von der Leyen es más apreciada fuera que dentro de Alemania. En Francia ven con muy buenos ojos a una madre de siete hijos que ha hecho una importante carrera política. En Italia, el país donde la “mamma” es sagrada, más de lo mismo. También ha recibido elogios por parte de los duros de Visegrado, Polonia y Hungría, en donde se siguen muy de cerca las noticias de la vecina potencia.

Pero dentro de Alemania, von der Leyen no ha dejado una buena estela, a pesar de ser muy mediática. Era la única ministra que ha estado en todos los gobiernos de Angela Merkel, primero en Familia y después en Trabajo, para terminar en Defensa. Ha sido la primera mujer en ocupar este cargo. Es el departamento más difícil del país, en el que han caído un ministro tras otro, pero la Bundeswehr sigue anticuada, salpicada de escándalos y es poco atractiva para los jóvenes voluntarios.

Las críticas no son contra von der Leyen, son contra el procedimiento para elegirla

Sin embargo, las críticas alemanas no van contra la persona, van contra el procedimiento. Habíamos quedado, así nos lo decían los políticos, que las elecciones al Parlamento Europeo eran muy importantes, que se votaba indirectamente al presidente de la Comisión, a los cabeza de lista, los "spitzenkandidaten" de las grandes formaciones, socialdemócratas y democristianos. Pero von der Leyen no ha sido votada por el pueblo europeo. Su sombre salió, no se sabe bien de dónde, ante el atasco con los "spitzen", Timmermans, socialdemócrata belga, y Weber, conservador democristiano bávaro, muy poco conocidos en sus propios países y no digamos en el resto de la Unión. Así funciona nuestro sistema. Esto es un escándalo, escribe el prestigioso semanario Die Zeit. O una tomadura de pelo, que diríamos en castellano.

Ursula von der Leyen viene de la élite alemana. Nació en Bruselas porque su padre, Ernst Albrecht, era funcionario en la capital europea. Los Albrecht son una histórica saga del Electorado de Hannover, en la Baja Sajonia, donde Manfred llegó a ser primer ministro. Amenazada la familia por la Facción de Ejército Rojo, Ursula se refugió en Londres para estudiar Economía bajo el nombre de Rose Ladson, una tatarabuela estadounidense de otra rica familia, ésta tratante de esclavos. El apellido von de Leyen viene de su marido, de otra millonaria y noble estirpe, con el que vivió varios años en California.

Doctorada en Medicina, puede dirigirse al Parlamento Europeo en cualquiera de los idiomas que domina, francés inglés o alemán. Pero ha vencido por solo nueve votos y con el apoyo de los antieuropeos húngaros y polacos. Los polacos, se cuenta, por una llamada personal de la canciller Merkel. Habrá que ver qué candidatos a comisarios envían estos países o la Italia de Salvini y qué responde la presidenta de la Comisión.

Los eurodiputados verdes y socialdemócratas alemanes no se han dejado embargar por la pasión nacionalista y han votado en contra

Sí, los alemanes conocen bien a von der Leyen. Los eurodiputados verdes y socialdemócratas alemanes no se han dejado embargar por la pasión nacionalista y han votado en contra, en parte por el procedimiento para su elección, en parte porque sus propuestas son muy vagas. La presidenta electa ha hablado de completar la Unión bancaria, combatir el cambio climático con un impuesto sobre emisiones, un procedimiento más democrático para el Parlamento, acabar con la catástrofe de los refugiados en el Mediterráneo. Son muchas cosas, "una tarea hercúlea" comenta Die Zeit.

Von der Leyen tomará posesión de su cargo a primeros de noviembre, en plena tormenta tras el Brexit que debe aplicarse el 1 de octubre, si se mantienen los plazos. El problema es que sin el apoyo de los liberales y socialdemócratas británicos, perdería la mayoría en el Parlamento. Se ha encogido de hombros cuando se le ha preguntado si tras el Brexit habría que repetir la votación.

Más vale que le vaya bien, por la cuenta que nos tiene a todos.

Daniel Peral* es periodista y fue corresponsal de TVE en Berlín y Nueva York

Tribuna Internacional
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