El despertar de Chile

Confiemos en que los anuncios realizados por Piñera sobre cambio social y de redistribución de la carga tributaria, sean el inicio de una agenda que permita a los chilenos volver a la convivencia

Foto: Ciudadanos acuden a un concierto por “El derecho de vivir en paz” en contra del Gobierno. (EFE)
Ciudadanos acuden a un concierto por “El derecho de vivir en paz” en contra del Gobierno. (EFE)
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Hace apenas unos días el presidente Sebastián Piñera declaraba al Financial Times que "Chile es un oasis dentro de la región", comparándolo con la convulsionada realidad de nuestros países vecinos. Nada hacía presagiar entonces que el alza de la tarifa del ferrocarril metropolitano (que es dictada por un panel de expertos de acuerdo a la ley), en sólo 30 pesos ¡si, tan sólo 30 pesos! (el equivalente a 0.037 euros), iba a ser la gota que rebalsó el vaso y diera origen a los días más difíciles que ha vivido el país desde el retorno a la democracia en 1990, tras los 17 años de dictadura encabezada por Augusto Pinochet.

En efecto, lo que partió como una evasión masiva ante el reajuste de la tarifa en el metro, derivó en violencia, quemas de estaciones -cuyas pérdidas son evaluadas en más de 300 millones de dólares- barricadas, saqueos, pillaje, actos vandálicos y muertes. El Gobierno leyó mal el conflicto y se limitó a criminalizar los hechos, decretando estado de emergencia, sacando a los militares a la calle y posteriormente imponiendo el toque de queda en Santiago y en las más importantes ciudades del país. El presidente llegó a decir que "Chile está en guerra". Tuvo que aclarar que se refería a una guerra contra la delincuencia y el pillaje, luego disculparse y reconocer que había sido muy duro en sus palabras.

Más allá de la violencia -que ha recibido una condena casi unánime desde todos los sectores de la sociedad chilena con excepción de la extrema izquierda- la protesta ciudadana ha sido generalizada de norte a sur. La gente ha salido a las calles a manifestar pacíficamente su descontento por la desigualdad imperante. "Chile despertó", "no más abusos" y "la gente ya se cansó", son algunos de los carteles que se pueden leer en algunas de las manifestaciones casi festivas que se han vivido hasta en los sectores más acomodados de Santiago, con cacerolazos incluidos.

Es muy difícil explicar por qué un país como Chile (que ha vivido en los últimos 30 años el ciclo más virtuoso de su vida republicana, erradicando en buena parte la pobreza, incorporando a miles de estudiantes por primera vez a la educación superior y universitaria, y un larguísimo etcétera de logros y buenos índices económicos y de mejora de la vida de las personas), puede estar sumido hoy en una situación de anormalidad e incertidumbre total.

Esto sólo se explica por la irritación y el cabreo de la gente ante la desigualdad y los abusos de una élite desprestigiada, unidos a un gobierno carente de coraje y conducción política y una oposición que -por primera vez desde el retorno a la democracia- no ha sido capaz de unirse y no tiene liderazgo conocido.

Es muy difícil explicar por qué un país como Chile puede estar sumido hoy en una situación de anormalidad e incertidumbre total

Confiemos en que los anuncios realizados por el presidente Piñera en materia de cambio social y de redistribución de la carga tributaria, entre otros, sean el inicio de una agenda que permita a los chilenos volver a una convivencia armoniosa y a una vida normal, y esperemos que este despertar de Chile, sea el comienzo de una vida mejor para todos nuestros compatriotas.

*Francisco Aylwin O. es presidente de Llorente y Cuenca Chile.

Tribuna Internacional
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