Las tres falacias del independentismo catalán explicadas a los hongkoneses

La columnista Mar Llera, ante las comparaciones entre las protestas honkonesas y las reivindicaciones secesionistas publica un artículo traducido al chino en el diario hongkonés

Foto: Unos hongkoneses con carteles en apoyo al independentismo catalán. (EFE)
Unos hongkoneses con carteles en apoyo al independentismo catalán. (EFE)

La columnista de El Confidencial Mar Llera, también directora de Estudios de Asia Oriental (grupo Compolíticas), profesora de la Universidad de Sevilla y activista de Amnistía Internacional ha seguido con detenimiento las protestas prodemocracia en Hong Kong. Ante las crecientes comparaciones entre las protestas de los hongkoneses y las reivindicaciones secesionistas de los independentistas catalanes, Llera ha publicado un artículo, traducido al chino, en el diario hongkonés Ming Pao. En la columna, trata de explicar al público hongkonés lo que considera "tres falacias" del independentismo catalán. El texto reza:

"Como ciudadana española nacida en Cataluña y como activista comprometida con los derechos humanos y la democracia en Hong Kong, siento el deber ético de desmontar tres falacias fundamentales sobre la problemática catalana que en esta era de la posverdad alimentan equívocas comparaciones con la excolonia británica.

Queridos hongkoneses. Me dirijo a vosotros porque desde vuestro alzamiento pacífico en la Movilización de los Paraguas he visitado vuestra ciudad en numerosas ocasiones, interesándome por vuestros problemas y uniéndome a vuestras marchas por la democracia hasta llegar a sentirme parte de vuestro pueblo. Cuando me informé sobre la propuesta de Ley de Extradición reaccioné con indignación: vuestro sufrimiento es el mío y vuestra esperanza también.

Por eso, cuando he visto que algunos habéis alzado la bandera de mi tierra natal, Cataluña, tergiversando su significado, no he podido contener las lágrimas. Ese gesto me obliga a escribiros estas líneas, porque debéis saber que quienes hoy defienden la estelada catalana quemando nuestras calles y aterrorizando a nuestros hijos, ni aman de verdad nuestra tierra, ni aman la causa hongkonesa. Simplemente os instrumentalizan. Pretenden utilizar vuestra lucha en su beneficio, capitalizar para sus propios intereses la abnegación del pueblo hongkonés. Y cuando menos lo esperéis, os daréis cuenta de que las cancillerías occidentales ya no os escuchan como antes, porque sin saberlo os estáis acercando a quienes pretenden destruir la democracia con la que vosotros soñáis. Muchos de los que instigan el separatismo en Cataluña son fascistas encubiertos. Y debéis ser capaces de reconocerlos como tales.

Voto ilegal

1 - No se ha condenado a nadie por el mero hecho de votar.

Contra lo que afirman muchos comentaristas internacionales, poco o nada informados, la sentencia sobre el 'procés' catalán del pasado 14 de octubre no condena a nadie por el mero hecho de votar. Votar en sí mismo no es un delito, claro que no. Lo que es delito es utilizar el poder que otorga la Constitución Democrática del Estado español a la Comunidad Autónoma Catalana para "inducir, sostener, dirigir y llevar a cabo un levantamiento público y tumultuario" contra esa Constitución, que es lo que han hecho los condenados.

En el referéndum catalán de autodeterminación de 2017 participaron una multitud de votantes a los que, por supuesto, nadie ha imputado. Los afectados por la sentencia son únicamente nueve personas, seis de las cuales han sido declaradas culpables de sedición y/o malversación de caudales públicos. No se trata de ciudadanos de a pie, sino de cargos públicos, miembros del gobierno catalán que utilizaron su autoridad para rebelarse contra una autoridad superior, lo cual constituye claramente un delito de prevaricación.

Captura del artículo, publicado en el diario hongkonés Ming Pao
Captura del artículo, publicado en el diario hongkonés Ming Pao

Para llevar a cabo el referéndum estos representantes políticos violaron no sólo la Constitución española, sino además su propio Estatuto catalán de autonomía y el Reglamento de la cámara catalana, silenciaron a la oposición parlamentaria, desoyeron a más de la mitad de la población, no separatista, y se sirvieron de los impuestos de todos los ciudadanos para sus particulares intereses políticos, cometiendo delitos de malversación. Además desobedecieron a las autoridades judiciales competentes –tanto españolas como catalanas-, y engañaron a la sociedad, haciéndole creer que el resultado del referéndum tenía valor jurídico. Finalmente, proclamaron Cataluña como un nuevo Estado independiente, en un esperpéntico gesto a medio camino entre la teatralidad y el amago de golpe de Estado.

Cataluña posee ya la autodeterminación que Hong Kong reclama. En este sentido, la diferencia entre ambas protestas no puede ser mayor. A pesar de constituir un nodo vital en el sistema económico-financiero global, la metrópolis asiática carece de elecciones democráticas por sufragio universal, de ahí la falta de representatividad de sus instituciones. En Hong Kong las protestas se enfrentan a un sistema político y económico crecientemente influenciado por el autoritarismo chino que, sin respetar ni el pacto constitucional (Basic Law), ni sus compromisos internacionales (Tratado Sino-Británico), multiplica sus gestos de desprecio a la fórmula "Un país, dos sistemas" vigente desde 1997. Además, el ejercicio de los derechos y libertades fundamentales (expresión, manifestación, asociación, participación política) se ve cada día más vulnerado por las crecientes injerencias de Pekín, como denunció en su momento la campaña de Amnistía Internacional a favor del colectivo Umbrella Nine. Por contraste, respecto a los líderes del “procés” catalán, Amnistía Internacional ha declarado que sus actos "posiblemente constituyeron delito en virtud de la legislación española" y que "no estaban protegidos ni por el derecho a la libertad de expresión, ni por ningún otro derecho humano establecido en el derecho internacional".

Totalitarismo

2 - El independentismo radical catalán se autoproclama democrático, pero tiene rasgos totalitarios.

España no condena la ideología separatista, de hecho quienes hoy gobiernan Cataluña promueven esa causa y no han sido por ello apartados del poder. La legislación de un país democrático-liberal como España les permite hacerlo, siempre y cuando luchen por sus objetivos respetando las normas y procedimientos establecidos en nuestro Estado de Derecho. Si el independentismo fuera capaz de lograr el apoyo de al menos dos tercios de los diputados catalanes podría proponer a las Cortes Generales una reforma de los artículos 1.2 y 2 de la Constitución, que reconociera el derecho de autodeterminación de las comunidades autónomas. Tal reforma debería ser aprobada en un plebiscito donde participara el conjunto de la ciudadanía española, que según la Constitución es el sujeto político de la democracia, en quien reside la soberanía nacional.

La gente enciende antorchas en la víspera de la Diada de Cataluña en 2014. (Reuters)
La gente enciende antorchas en la víspera de la Diada de Cataluña en 2014. (Reuters)

Pero las fuerzas separatistas han sido incapaces de concitar el acuerdo necesario para sacar adelante su proyecto por medios legales, y han tratado de alcanzar sus objetivos de un modo antidemocrático e ilegítimo, imponiendo su voluntad a quienes no piensan como ellos. Hay que tener en cuenta que según el barómetro de la Generalitat, el 51.6% de los catalanes no comparten la ideología independentista. Su vida cotidiana está marcada por el acoso xenófobo de los independentistas, que deteriora gravemente la convivencia y cercena las libertades democráticas.

Violencia en las calles

3 - Quienes están cometiendo abusos no son las fuerzas de seguridad, sino los radicales violentos.

Desde que se dio a conocer la sentencia del 'procés' catalán el pasado 14 de octubre, Cataluña ha vivido una ola de violencia callejera que ningún partido democrático se atreve a defender abiertamente, porque es evidente que quiebra los fundamentos mismos de nuestra convivencia en libertad. Quienes están cometiendo abusos contra los catalanes no son las fuerzas de seguridad, sino los enmascarados que ejercen una violencia anónima e indiscriminada que afecta a todos, incluidos los ciudadanos independentistas, y que al carecer de justificación ética propicia conductas delictivas como el saqueo y el pillaje.

En un escenario como el catalán, donde se ha puesto en riesgo la libertad y la seguridad de la gente, es necesaria la actuación contundente de las fuerzas de seguridad para proteger a todos los ciudadanos, tanto constitucionalistas como separatistas. Por otra parte, sobra decir que en España las fuerzas de seguridad están sometidas a vigilancia y escrutinio por parte de los poderes democráticos del Estado, los medios de comunicación y las organizaciones sociales. En caso de haberse producido algún exceso, se pondrán en marcha los mecanismos previstos para depurar responsabilidades. Así lo ha pedido, de modo explícito, el mismo presidente catalán. Pero de momento, que sepamos, la policía catalana ni ha contratado a matones, ni ha arrojado gases lacrimógenos caducados en estaciones cerradas.

Por tanto, frente a lo que sostiene una porción de la opinión pública internacional en esta época de la post-verdad, equiparar las movilizaciones en Hong Kong y en Cataluña es una conclusión de escaso fundamento, que perjudica a la causa democrática en ambos extremos del planeta.

Ni España es China, ni Cataluña es Hong Kong".

Tribuna Internacional
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