Pekín ofrece ayuda sanitaria a España contra el coronavirus virus pero, ¿a qué precio?

Con esta ofensiva diplomática e informativa, China trata de ser aceptada por la comunidad internacional como un socio fiable y comprometido. Así encontrará menor resistencia

Foto: Una fábrica de mascarillas en Taiwán. (EFE)
Una fábrica de mascarillas en Taiwán. (EFE)

China está comenzando a implicarse en la lucha contra el coronavirus a nivel internacional y ha anunciado el envío de material sanitario con destino a Europa: casi dos millones de mascarillas y 100.000 reactivos. Italia acaba de recibir treinta toneladas de ayuda, además de la visita de un grupo de expertos chinos que le brindará asistencia técnica. La siguiente parada del convoy ha sido España.

Esta “diplomacia humanitaria” por parte del gigante asiático no podía ser más oportuna. Llega en un momento de crisis de liderazgo internacional debido al giro proteccionista de Trump, que cierra sus fronteras para evitar contagios, y al desfondamiento de la Unión Europea, que parece más preocupada por la vertiente económica de la pandemia que por su impacto sobre las personas.

Recientemente, la Organización Mundial de la Salud ha publicado un sobre la exitosa gestión de la enfermedad en China. Aun con matices, la opinión pública piensa que las autoridades chinas han tenido el coraje de tomarse en serio el desafío, desplegando fuertes medidas preventivas sin detenerse a considerar su impopularidad y priorizando la salud de la población por encima del impacto económico. Además, se valora muy positivamente la capacidad china para construir nuevas infraestructuras con admirable celeridad y aprovechar el potencial de las tecnologías digitales para controlar la expansión del virus.

De este modo, Pekín está capitalizando la crisis que ella misma ha desencadenado y expandido por el planeta de un modo tan admirable como merecedor de sospecha. No se debe olvidar que el país ha combatido la enfermedad con mano de hierro y con un discurso político conjugado en imperativo. Su ciudadanía ha tenido que someterse a directrices draconianas sin posibilidad de réplica, ni en las instituciones políticas, ni en los medios de comunicación o las redes sociales. Y la censura no sólo ha silenciado las voces críticas, sino que se ha cobrado vidas tanto en los estadios iniciales de la pandemia como a lo largo de su desarrollo.

Desconocemos la cantidad de personas desahuciadas a las que se ha dejado morir sin asistencia médica, aquellas que han sido confinadas sin apenas recursos para la subsistencia, las que han sido incineradas de manera precipitada, sin las comprobaciones necesarias. Pero nos llega el eco de numerosos gritos silenciosos y silenciados al respecto. Guangwha Tang, un conocido educador taiwanés, me ha advertido: “En Taiwán no creemos la información sobre el coronavirus que proviene de China o de sus esbirros en la Organización Mundial de la Salud”.

Ayuda, ¿a qué precio?

China nos va a ayudar, pero ¿a qué precio? ¿Alguien se lo está preguntando? El primero es la verdad. El aparato de propaganda china está tratando de difuminar su responsabilidad en esta pandemia a través de sospechas y contra-narrativas. Los círculos oficiales del régimen –entre ellos, Zhao Lijian, portavoz del ministerio de exterior- culpan ahora al ejército estadounidense de haber exportado la enfermedad a Wuhan. Ante ello, la reacción de la Casa Blanca exigió la comparecencia del embajador chino, Cui Tiankai, para que dé explicaciones.

Con esta ofensiva diplomática e informativa, China trata de preparar a la opinión pública para ser aceptada por la comunidad internacional como un socio fiable y comprometido. Sobre tal premisa, su proyecto neoimperialista encontrará menor resistencia. Recordemos que Italia, primer estado europeo en recibir asistencia china, está gobernada por una coalición entre el centro-izquierda y el movimiento Cinco Estrellas, que en 2019 facilitó la incorporación del país a la controvertida Ruta de la Seda.

“Lo que está en juego, además, es la batalla por la hegemonía en el sector tecnológico 5G. Huawei aspira a convertirse en el principal beneficiario de esta diplomacia asistencial que China trata de desplegar en Europa y que pretende lograr cesiones significativas por parte del Gobierno de España” –ha manifestado Shiany Pérez-Cheng, investigadora del Institute for Statecraft de Londres.

Con la colaboración de la gente

No cabe duda de que la situación es grave y que necesitamos ayuda. Pero ¿es sólo Pekín quien nos la puede proporcionar? A 130 kilómetros de las costas chinas, Taiwán, un país injustamente marginado por la comunidad internacional, “ha superado la gesta del gigante asiático con métodos participativos y democráticos”. Así lo ha subrayado Audrey Tang, Ministra Digital, en unas declaraciones para El Confidencial que completan el reciente de J. Wang y su equipo sobre el tema.

En 2019, Taiwán recibió casi tres millones de turistas procedentes de China. 850.000 taiwaneses residen en el continente y alrededor de 400.000 desarrollan allí su trabajo. Antes de la crisis cada día decenas de vuelos surcaban el estrecho que separa las dos orillas. Sin embargo, el número de casos de coronavirus en la isla de Formosa, que los expertos pronosticaban el segundo mayor del mundo, se limita a medio centenar. Y esto se ha logrado sin enclaustrar a la población en ciudades-fantasma y sin asfixiar su iniciativa. Al contrario, “contando activamente con la colaboración de la gente” –ha enfatizado Tang.

Una escuela en Taipei (Taiwan). EFE
Una escuela en Taipei (Taiwan). EFE

En Taiwán, las autoridades políticas han desempeñado el protagonismo que les corresponde, con la Presidencia del Gobierno y el Ministerio de Sanidad coordinando los esfuerzos de los ministerios de Transporte, Economía, Trabajo, Educación y Protección Ambiental para hacer frente a la crisis. Todo ello dirigido desde el Centro de Mando Sanitario, del que depende unificar la gestión en situaciones de desastre y garantizar una comunicación directa entre las autoridades centrales, regionales y locales.

En cuanto a la participación ciudadana, Taiwán puede enorgullecerse de contar con un Ministerio de Democracia Digital del que ya hemos hablado en este medio. Su responsable, Audrey Tang, ha diseñado una plataforma online destinada al mapeo y distribución de los recursos para combatir la enfermedad. En ella se han volcado más de un centenar de apps creadas por organizaciones civiles y empresas privadas que procesan la información sobre la crisis en tiempo real, posibilitando –entre otras cosas- conocer el número de mascarillas disponibles en cada farmacia taiwanesa.

Desde los inicios del brote, Taiwán ha sometido a cuarentena a todas las personas procedentes de zonas de riesgo y las ha monitorizado telefónicamente, asegurándose de que permanecen recluidas en sus hogares. Además, ha aprovechado el potencial de los big data con propósitos analíticos. A partir del 27 de enero, la Administración Nacional de Seguridad Sanitaria y la Agencia Nacional de Inmigración integran los historiales de viaje de la ciudadanía con su información sanitaria. Por otra parte, se ha implementado un sistema de auto-registro digital y declaración jurada para garantizar la cuarentena de viajeros en riesgo.

Chaiyi City (Taiwan). (EFE)
Chaiyi City (Taiwan). (EFE)

Todos los que atraviesan las fronteras en uno u otro sentido están obligados a rellenar un cuestionario online que se cruza con diversas bases de datos. Simultáneamente, se ha procedido de manera proactiva a la identificación de quienes padecen síntomas respiratorios severos, sobre la base de la información archivada en el sistema de salud. Incluso aquellos que en su momento superaron el test de la gripe, han sido analizados para comprobar si padecen coronavirus. Y se ha puesto a disposición del público un número de teléfono gratuito con el objetivo de reportar síntomas. Este número, una vez saturado por la cantidad de llamadas, ha encontrado réplica en nuevas líneas creadas por las administraciones locales.

"Esto va a estallar"

En España quien desee informarse sobre el coronavirus, los protocolos y las recomendaciones sanitarias, lo primero que advierte es que los buscadores priorizan a los medios de comunicación sobre la web del Ministerio de Sanidad. No en vano, pues suelen ofrecer información más actualizada. Además, Sanidad ofrece un elenco de documentos poco o nada versátil. Mucho pdf, pero ningún mapeo interactivo. A partir de ahí, cada versión de los documentos de referencia mutila una parte significativa de la fuente, de modo que al final no nos aclaramos. Es lo que sucede, por ejemplo, con el falso dilema de las mascarillas.

Por una parte, el Ministerio cree “que la transmisión de la infección se produce habitualmente por gotas (producidas al toser, estornudar o hablar) y por contacto con material contaminado por ellas con mucosas (oral, ocular y nasal, fundamentalmente)”. Se trata de una conclusión avalada por la Organización Mundial de la Salud. De ahí que en Taiwán todo el mundo utilice mascarillas para protegerse. Ante el incremento de la demanda, su gobierno ha contratado a 15 empresas para desarrollar en menos de un mes 60 líneas de producción, con el propósito de fabricar 10 millones de mascarillas diarias.

Entretanto, las farmacias de nuestro país continúan desabastecidas y los españoles nos consolamos con el mantra: “¡Qué importa, si total las mascarillas no sirven para nada! Sólo es preciso utilizarlas cuando se está infectado”. ¿Pero no habíamos quedado en que hay enfermos asintomáticos y que el periodo de incubación –no exento de posibilidad de contagio- puede extenderse hasta tres semanas?

“Esto va a estallar. Hay que replantear los protocolos” –nos advertía la investigadora Shiany Pérez-Cheng, refiriéndose a España, hace unas semanas días.

Ahora sus palabras parecen proféticas. Tanta calma nos ha comenzado a poner nerviosos.

*Mar Llera es profesora titular del Departamento de Periodismo de la Universidad de Sevilla

Tribuna Internacional
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